
David Plouffe, la apuesta de Obama para evitar la derrota
Especialista en encuestas y estrategias electorales, fue clave en la exitosa campaña de 2008. Ahora, con todos los sondeos en contra, el mandatario lo convocó para tratar de detener su caída, evitar un triunfo republicano y tomar impulso para un segundo mandato Silvia Pisani Corresponsal en EE.UU.
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WASHINGTON
Quienes trabajan con él dicen que "preferiría que le clavaran un lápiz en un ojo antes que posar para una foto". David Plouffe ama el segundo y el tercer plano, pero conoce como pocos el primero. Y, como jefe de campaña, se especializa en llevar a otros, certeramente, hacia allí. Hacia la cúspide.
Eso fue lo que hizo con Barack Obama en la memorable campaña electoral de 2008, de la que fue jefe y arquitecto. El fascinante recorrido por el que un negro llegó por primera vez a la Casa Blanca, derrotando, en el camino, a contendientes mucho más avezados: primero, a Hillary Clinton en las internas del Partido Demócrata; luego, al republicano John McCain -y a sus infinitos recursos- en la carrera decisiva por la Presidencia.
En su máximo momento de gloria -aquella noche de noviembre en la que se proclamó vencedor-, Obama le rindió todo el reconocimiento. Con los brazos en alto, lo definió como "el héroe no debidamente reconocido, que ha construido la mejor campaña en la historia de los Estados Unidos de América". Sonrojado, Plouffe apenas si soportaba el lente de la cámara de televisión en el rostro.
Esa noche chocaron manos, se abrazaron y dividieron caminos. Agotado, el estratega regresó a su casa. A disfrutar de las mieles del éxito, a escribir un libro. Se llama The Audacity to Win ("La Audacia de ganar") y, por cierto, es recomendable para quien se interese en campañas políticas o en procesos de liderazgo. Y se dedicó también a esperar el nacimiento de su segundo hijo: una damita que, como gesto de cortesía, esperó y llegó al mundo apenas 48 horas después de la memorable noche electoral.
Obama, en tanto, empezó la dolorosa transformación de candidato en presidente. Conoció el dolor y la frustración del orador brillante que tropieza con la impericia de gobernante. Conoció el fastidio del mismo electorado que lo había adorado y que, con el paso de las semanas y de la mala economía, le dio la espalda. Conoció la desmoralizadora sangría de las encuestas negativas que no tocan fondo.
Hasta que lo peor sucedió justo un año después de haber llegado a la Casa Blanca. En enero último, Obama sufrió el más sorprendente golpazo, uno que le hizo ver que el suelo se abría a sus pies. Fue cuando un ignoto republicano de Massachussets -Scott Brown- le arrebató las elecciones senatoriales poco menos que en el patio de su casa. El sagrado distrito demócrata de la costa Este, la tierra de los Kennedy, había pasado a manos republicanas.
Una humillación tan pero tan grande que sirvió para ocultar otra aún peor. Y es que los demócratas apenas tomaron conciencia de que podían perder pocos días antes de que el desastre cayera sobre sus cabezas. Ahora se sabe que esa noche en vela en la Casa Blanca, Obama dio una orden: "Llamen a David Plouffe. Lo quiero de regreso".
El mago de los números, el hombre que interpreta las encuestas como ningún otro, volvió al lado de Obama y entró en la Casa Blanca para asumir lo que hoy parece una epopeya. Esto es, enfrentar las elecciones de noviembre y dar vuelta los pronósticos que auguran que, en ellas, los demócratas perderán el control del Congreso; que Obama quedará preso de los republicanos y que éstos empezarán a cobrar vuelo hacia las próximas presidenciales. Con los ojos fijos en la ambición de enterrar un segundo mandato del presidente que se desinfla como un globo.
¿Podrá? ¿O es demasiado para este enigmático estratega de 43 años, nacido y criado en el vecino Delaware, en cuya universidad se graduó en Ciencias Políticas; para este talento raro, alérgico a las entrevistas y reconocido por su serenidad y capacidad de concentración y análisis, sobre todo, cuando la tormenta arrecia? El no quiso dar la respuesta; sin sorprender, prefirió no aceptar el pedido de entrevista de LA NACION. Quienes trabajan con él, sin embargo, se deshacen en loas. Su mentor y socio en el sector privado, el asesor presidencial David Axelrod, pondera su capacidad para "comprender de un modo muy preciso, muy agudo, el comportamiento del proceso electoral en el país".
Sus colegas en la consultora AKPD Message and Media -la firma en la que trabajó con Axelrod, donde el lema es "el cambio nunca es fácil, pero vale la pena"- ponderan, en tanto, la visión de quien puede trabajar "con un plan A, un plan B y un plan C al mismo tiempo". Y el ingenio y el buen humor con que hace de la necesidad, virtud.
"En la campaña presidencial de Obama, Plouffe fue tan duramente criticado por los republicanos que hasta le reprocharon, falsamente, haber adoptado de modo ilegal a uno de sus hijos. El contestó que la mejor forma de darle ánimos ante patraña semejante era donar fondos para la campaña", relató uno de ellos a LA NACION. "Y la cosa... ¡funcionó!", añadió.
Todo está muy bien. Pero, ¿qué hará ahora, con las encuestas en baja, el desempleo en alza y la credibilidad por los suelos, para llevar a los demócratas al triunfo? Y cuando hasta Arianna Huffington, la creadora de The Huffington Post , suprema sacerdotisa de la blogosfera obamista, sentencia que "el presidente Obama no se parece en nada al candidato Obama". Y que, tras veinte meses de gestión, sus promesas de cambio "no se sostienen". ¿Cuál es, en última instancia, su receta? Plouffe "tiene el enorme desafío de hacer llegar a los ciudadanos norteamericanos el mensaje de que el "cambio" que Barack impulsó durante la campaña se está transformando en realidad", observó Steve Allison, analista de medios de la Universidad de California.
El estratega guarda silencio. La Casa Blanca, confía. "Es una de las personas más inteligentes que he visto en el mundo político", dijo Robert Gibbs, el vocero del presidente.
Apenas si concedió esbozar unas líneas en The Washington Post . Aseguró allí que la receta pasa, sobre todo, por demostrar "que tenemos las agallas para gobernar". Y en esa línea, subrayar las acciones para la creación de empleo, no aceptar lecciones de los republicanos sobre el disparado gasto público y no abandonar la agenda de cambio. Una afirmación que suena -o, en el peor de los casos, quiere sonar- a que el mago oculta el truco y lo enmascara en generalidades.
Conocer el truco
El dice que se ha visto en peores. En su libro, narra cómo la simple idea de llevar a Obama a la presidencia era una "verdadera audacia". Un reto en el que, reconoció, parecía "imposible" derrotar a Hillary Clinton. Y que sin embargo, el truco estuvo en "entender" cómo funciona el voto en cada uno de los cincuenta estados que componen el país.
Una prueba de ello -recuerda- fue el conmovedor triunfo en Iowa, un estado donde el 95 por ciento de la población es blanca y donde la victoria del primer candidato negro parecía impensable. "Sin embargo, sucedió. Hicimos que sucediera", cuenta Plouffe en su libro. Esa noche -era enero de 2008- Obama recibió un empujón casi definitivo en el camino hacia la Casa Blanca. Una confirmación que celebró con el recordado "Hoy, el cambio ha llegado a los Estados Unidos", de su brillante discurso.
¿Cuál fue el secreto? El estratega "conocía bien" esa tierra compleja para su candidato. La había recorrido de punta a punta en su pasado laboral como asesor del senador demócrata Tom Harkin. Y puso todo su conocimiento, dijo, al servicio de ese hito electoral. Ese día se ganó el respeto y la comprobación de que "todo es posible si se trabaja a conciencia por ello". El resto, dice, es método y constancia.
"Es tan buen administrador que hasta se hizo fama de tacaño", recuerda uno de sus colegas. De hecho, no reembolsaba los taxis, sólo los pasajes de subterráneo y hacía serias recomendaciones para que la gente de su equipo compartiera habitación doble cada vez que paraban en un hotel en campaña.
Plouffe fue uno de los que puso especial énfasis en el votante joven. "Sabemos quiénes son los que no están registrados para votar. Vamos a ir donde viven y los vamos a convencer de que se registren", fue su orden. Hoy, hasta eso tiene en contra: un sorprendente estudio acaba de revelar un récord en el alejamiento de los jóvenes del voto demócrata, según acaba de constatar Pew, una de las más reconocidas consultoras de opinión.
"Desde el punto de vista del marketing electoral, uno de los desafíos más interesantes de esta próxima campaña es que el estratega deberá modificar mucho de su estrategia anterior", comentó Allison. Para empezar, antes vendía a un candidato desconocido. Ahora, tiene que vender a uno conocido y que no ha gustado mucho, sintetizó.
Y una vez más, la lucha electoral en los Estados Unidos vuelve a atrapar.
© LA NACION
Quién es
Nombre y apellido: David Plouffe
Edad: 43 años
Estratega electoral: Nacido en 1967 y criado en Wilmington, Delaware, Plouffe estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Delaware. Tras graduarse se dedicó de lleno a la política y se especializó en estrategias electorales.
Un presidente, un libro: En 2004 se vinculó con Obama, a través de David Axelrod, y se convirtió en su director de campaña en la exitosa carrera de 2008, sobre la que luego escribió el libro The audacity to win . Está casado y tiene dos hijos.






