
De banca oficial a banca mixta
Por Fernando Lascano
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El informe del banco norteamericano JP Morgan sobre la continuidad del proceso de reducción del número de entidades bancarias en la Argentina ha vuelto a subrayar el vigor de una tendencia que ya estaba claramente manifestada por las cifras correspondientes aún antes de la crisis financiera provocada por el efecto tequila en 1995.
Y la suerte de la banca oficial navega desde hace largo en las aguas de esa tendencia.
Buena parte de la banca provincial que perteneció a los Estados federales está ya en manos privadas.
La ley que ordena la privatización por licitación del Banco Hipotecario Nacional (BHN) está sancionada y promulgada.
Las autoridades del gobierno metropolitano han hablado nuevamente sobre el proyecto y la necesidad de abrir el capital accionario del Banco de la Ciudad a inversores privados.
Y aunque la retórica preelectoral sea particularmente confusa al respecto, el gobierno de La Plata también tiene en sus planes abrir el capital del Banco de la Provincia de Buenos Aires (Bapro), eje de un conjunto de empresas y proyectos de envergadura.
En suma: la banca oficial que no ha sido liquidada ha sido privatizada; y la que no ha sido privatizada ni está en vías de privatización es ya mixta o puede quedar convertida en poco tiempo en banca de capital mixto.
Está claro: el otrora poderoso y predominante conjunto conformado por la banca de capital estatal ha retrocedido y puede seguir retrocediendo ahora con velocidad parecida al proceso de adquisiciones y fusiones que ha desplazado buena parte del capital financiero local de la actividad bancaria y continúa operando un rápido proceso de concentración en el sector financiero.
Sólo el Banco de la Nación Argentina (BNA), único y último bastión de la banca estatal, permanece hasta ahora silencioso respecto de cualquier proyecto que pueda alterar su estado genuino.
Pero no quiere decir que su titular actual, reservado casi hasta la hosquedad, no haya pensado o esté pensando en algo.
También está claro: los costados políticos del trámite de reconversión de la vieja banca estatal en banca mixta no será fácil, ni mucho menos.
Con particular insistencia
No es la primera vez que el gobierno metropolitano encabezado por Fernando de la Rúa saca a colación el tema de la apertura de capital del Banco de la Ciudad.
La idea ya fue expuesta tiempo atrás, cuando el secretario de Hacienda de la administración local, Adalberto Rodríguez Giavarini, impulsó la designación de Horacio Chiguizola contra viento y marea. Es decir, contra un cúmulo apreciable de opiniones surgidas del radicalismo que hubieran preferido mantener la institución sin mayores cambios y en manos técnicamente no tan exigentes.
Pero lo novedoso, significativo y valioso de este caso es que la apertura del capital del Banco de la Ciudad esté volviendo a ser mencionada por las autoridades metropolitanas en plena campaña electoral.
¿Por qué? Porque esa posición del gobierno metropolitano contrasta también, por ejemplo, con la que desde hace rato están poniendo en evidencia los senadores de la alianza opositora en la Legislatura bonaerense respecto del Banco de la Provincia de Buenos Aires.
El gobernador bonaerense propuso someter a consulta electoral la privatización del Bapro e incluir el resultado de la decisión en el texto constitucional correspondiente.
Duhalde lanzó esa propuesta en plena campaña para poner coto a las afirmaciones de la oposición sobre la liquidación del carácter oficial del banco. Pero la cuestión estaba siendo debatida desde meses antes.
Formulaciones políticas
Los miembros radicales del Senado apoyaban la fórmula de cláusula constitucional confeccionada por el legislador Ezequiel Rizzi: "El Banco de la Provincia de Buenos Aires (Bapro), institución autárquica de derecho público, en su carácter de banco de Estado y agente financiero del gobierno de la provincia, no podrá ser privatizado parcial o totalmente, ni ser concesionada su gerenciación".
"Duhalde dijo que la oposición cambió de idea porque antes impulsó el pronunciamiento popular y ahora no; sus palabras demuestran que sólo usó el tema para la campaña, porque el decreto de convocatoria de las elecciones nada dijo del plebiscito", proclama desde hace un mes el senador Rizzi.
La fórmula ideada para el mismo fin por el diputado oficialista Osvaldo Mércuri ordenaba, a su vez, algo muy diferente: "La Legislatura no podrá disponer de suma alguna de capital del Banco de la Provincia. Tampoco podrá ceder bajo ninguna forma jurídica el control mayoritario de la Institución, el que deberá permanecer siempre dentro de la órbita del Estado provincial".
Restricciones de capital
Los alcances de esa cláusula son mucho más congruentes con las intenciones y necesidades del titular actual del Bapro y candidato a diputado nacional bonaerense, Rodolfo Frigeri.
Aunque no lo ha dicho en público, la opinión técnica de Frigeri es que el Bapro y su grupo ya están requiriendo una inyección importante de capital para mantener su actividad y sus otros negocios en expansión.
Está claro: mientras el desastre del Banco de Crédito Provincial (BCP) ha vuelto a demostrar la fragilidad de la banca de capital local con patrimonios y masa de depósitos escueta, mientras la adquisición del segmento minorista del Deustche Bank por el Banco de Boston subraya aún más la competencia entablada por el capital financiero extranjero por el mercado local, la privatización o apertura del capital de la banca oficial restante está en vías de acelerar aún más el proceso de reconversión del sistema financiero que el efecto tequila promovió de un golpe seco.
No sólo habrá más novedades. Habrá que acostumbrarse más a las novedades.





