Debates pendientes a cincuenta años del golpe
A medio siglo del golpe de estado que marcó a la Argentina, y tras reflexionar sobre lo vivido, llego a una conclusión pesimista: como sociedad, aprendimos poco o nada de la tragedia vivida. Al revisar comentarios en las redes, estudios académicos, artículos periodísticos, cartas de lectores y películas, videos y documentales, advierto que -salvo excepciones- persisten algunos vacíos críticos en el análisis, incluso de fuentes serias. Muchos de estos silencios, ya sea por desconocimiento o por intencionales omisiones estratégicas, han conducido a conclusiones incompletas y sesgadas. Veamos algunos temas ausentes en el debate público:
● La destrucción de las vías legales para combatir la guerrilla que implicó la disolución de la Cámara Federal en lo Penal que, al momento de su clausura, llevaba juicios orales y públicos contra terroristas y con cientos de condenados y procesados. El informe Nunca Más menciona las diferencias entre cómo se enfrentó el terrorismo en Italia y en la Argentina, pero omite la responsabilidad de quienes ordenaron su disolución y decretaron la amnistía de 1973.
● No se habla de la amnistía decretada en 1973 que liberó a cientos de guerrilleros (y a muchos presos comunes) que no fue una decisión de un grupo aislado, sino del Congreso de la Nación, respaldada por todos los partidos con expresiones laudatorias hacia los terroristas agresores registradas en los diarios de sesiones.
● No se habla de Perón y de su enorme responsabilidad en lo ocurrido, primero alentando la violencia y luego al iniciar la represión ilegal, con la Triple A. Nada se dice sobre la masacre de Ezeiza de 1973, que enfrentó a la derecha con la izquierda peronista y produjo una cantidad de muertes nunca aclarada y sin ningún condenado.
● No se habla de la demencial estrategia de la guerrilla para enloquecer a las FFAA y llevarlas a derrocar al gobierno constitucional, con un plan que implicaba matar a un militar por semana (llegando hasta asesinar a un oficial naval jubilado mientras hacía sus compras). Quiero recordar que internacionalmente no se reconocía su “lucha” contra un gobierno constitucional peronista: eran terroristas jaqueando a un gobierno democrático.
● No se habla de la responsabilidad internacional de Cuba y de Khadafy en el apoyo a los terroristas, por un lado, ni tampoco, por el otro, de Francia en las prácticas de la contrainsurgencia, con la Misión Militar Francesa que entrenó a las FFAA en base a su experiencia en Argelia.
● No se habla de los mentores intelectuales de la violencia, de quienes envenenaron mentes jóvenes con inquietudes sociales y los incitaron a la lucha armada.
● No se habla de la actitud de los políticos frente al terrorismo y a la represión ilegal, no se profundiza su responsabilidad en la disolución de la Cámara Federal en lo Penal y en el dictado de la ley de Amnistía, ni tampoco en su actitud posterior frente al gobierno militar.
● No se habla del sedimento que dejó la violencia armada en maestros y en las aulas para reivindicar su acción y concentrar la responsabilidad en las FFAA.
● No se habla de las indemnizaciones y del negocio de la Memoria, que se estructuró para indemnizar económicamente a los terroristas, que en muchos casos generaba la necesidad que tenían de cambiar las condiciones en que murieron (suicidios, enfrentamientos armados), para convertirlos en víctimas y acceder a compensaciones.
● No se habla del germen y los fundamentos de la decisión de reprimir por izquierda, por un lado, de quienes clausuraron la posibilidad de una represión legal ni sobre cuándo se profundiza, comienza, se estructura y justifica la represión ilegal durante el gobierno constitucional de Perón, con el somatén que ordena el líder. Tampoco nadie recuerda la denuncia de las FFAA sobre la acción de la Triple A (documentada en una carpeta que Videla entregó a Isabel Perón); poco se dice del consejo de militares de Chile de ocultar la represión en momentos en que su país sufría un boicot internacional-por combatir a terrorismo en forma pública -no se descargaban los barcos en los puertos del mundo-.
● Se callan las iniquidades en los juicios por la represión, se ignoran las graves violaciones de los DDHH ejecutadas nada menos que por nuestra Justicia, de las transgresiones procesales y del “travestismo legal” en lo que posiblemente sean sus actos más vergonzosos, que comenzó con el pacto entre los Kirchner y la izquierda para anular sentencias de la Corte Suprema que habían aceptado la constitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, llegando al extremo de “revocar” esa sentencia y sustituirla por otra, (con un mismo magistrado que firmó ambas). Y que se los maltrató, humilló, y que llegó hasta impedirles sus tratamientos médicos en el Hospital Militar, y se instauró lo que denominé el “Gulag argentino”para los procesados.
● Finalmente, poco se dice sobre la actitud de la sociedad argentina, que cerró los ojos ante la represión ilegal diciéndose “por algo será” y, décadas después, también los cerramos ante las injusticias de la justicia con los acusados de la represión ilegal, con el mismo patrón de indiferencia: “seguramente se lo merecen”
● Y de la airada reacción de un sector cuando la Corte Suprema aplicó el beneficio del 2x1 a un procesado detenido desde tiempo inmemorial, como si los ‘represores’ carecieran de derechos humanos
● No nos preguntamos por qué el Nunca Más, pese a sus inconsistencias, fue muy poco cuestionado, con excepción de nuestro libro-informe Definitivamente nunca más. La otra cara de la Conadep, de 1985.
● No se habla de la autocensura de la prensa durante los años de plomo. ¿Era por miedo o porque implícitamente reconocían que no había otro camino?
● Tampoco se especula sobre la liviandad de nuestra voluble sociedad que culmina cuando se banaliza el número de desaparecidos, llegando al extremo de dictarse una ley en la Provincia de Buenos Aires que prohíbe discutir que fueran 30.000, como si estuviéramos hablando de andrógenos y no de seres humanos de carne y hueso, con familia, estudios, trayectoria, documentación
● Finalmente tampoco se repara en la enormidad que implica que la tragedia esté siendo aprovechada por un sector con fines políticos y económicos.
Algunos exaltan al informe Nunca Más, considerándolo como “El Contrato Social” de la Argentina. Sin embargo, es un documento incompleto y sesgado, elaborado desde una sola perspectiva, pero que fue rebatido seriamente por nuestro informe.
Respecto a la propia Conadep, quedan preguntas sin responder: ¿por qué el peronismo se negó a integrarla?, ¿por qué no investigó lo ocurrido antes del 24 de marzo de 1976? ¿en qué medida esta limitación incidió en la renuncia del Dr. René Favaloro y por qué se la mantuvo en secreto su texto de 11 páginas? La Comisión tenía dos funciones: averiguar el destino de los desaparecidos -labor que realizó de forma impecable- y producir un informe final. En esta segunda tarea, se excedió notoriamente en sus facultades: su misión era informar, no opinar. Al limitar el período investigado, quedaron fuera del informe las causas que originaron la represión. Por otro lado, la insistencia del Nunca Más en proclamar, erróneamente, que “todas las víctimas de la represión ilegal eran inocentes” inducen a pensar que sus integrantes descreen en el principio fundante de la teoría de los DDHH, es decir que, aun siendo culpables, tenían derechos a un juicio justo.
No hay duda de que lo ocurrido en la Argentina fue una tragedia. Pero, a diferencia de otros pueblos que extrajeron lecciones de sus sufrimientos, aquí solo quedó un país dividido, en contraste con lo sucedido en Sudáfrica y su Comisión de la Verdad - que se convirtió en un modelo que siguieron muchos países-. La memoria selectiva y los silencios cómplices nos condenan a repetir los mismos errores. ¿Cuándo empezaremos a hablar de todo?
Abogado, coautor de Definitivamente nunca más, la otra cara del informe de la Conadep






