Defensa de especies en peligro
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LONDRES (The Economist).- LA Tierra aloja decenas de millones de especies animales, pero en su gran mayoría son pequeños insectos reptantes con innumerables patas. Cuando se ven amenazados, a los ecologistas les resulta difícil suscitar entre el público un vivo sentimiento de compasión. No sucede lo mismo con esos animales grandes, mimosos y encantadores conocidos como "la megafauna carismática". La gente se desvivirá por proteger su especie, su hábitat y los otros animales menos atractivos (pero igualmente importantes) que conviven con ellos.
Sin duda, una de las especies más carismáticas de esa megafauna es el orangután rojizo peludo de Indonesia, único gran mono antropoide de Asia. Sin embargo, tal condición parece ayudarlo menos de lo que cabría suponer. Según la Sociedad Zoológica de Londres, en la última década su número se ha reducido a la mitad: quedan apenas 25.000. Su mayor amenaza es la tala ilegal, que destruye sus hábitats.
Para la Agencia de Investigación Ambiental (sigla inglesa: EIA), un grupo que desde hace dos años investiga la explotación forestal ilícita, el problema radica en la turbulencia política de Indonesia. Debido al vacío de poder, dicha actividad (que ya sobrepasa la producción lícita) puede introducir grandes operaciones comerciales en áreas supuestamente protegidas. Sólo hay siete áreas con poblaciones de orangutanes superiores a los mil individuos. En cinco de ellas, incluidas tres reservas, se practica la tala comercial.
Futuro sombrío
El régimen de Suharto, caracterizado por su corrupción y nepotismo, ejercía un control centralizado sobre la explotación forestal lícita e ilícita. Ahora, ambas actividades están en manos de magnates madereros regionales que fomentan la ilegalidad local. La EIA vislumbra un futuro sombrío para el orangután si esa gente no es llevada ante la Justicia. Por su parte, Carel van Schaik, de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, acaba de publicar en Oryx un estudio en el que prevé su extinción (en estado salvaje) para dentro de diez años.
Desde el punto de vista de los madereros ilegales, el mayor atractivo de Tanjung Puting y otros parques nacionales es el ramin, un árbol de madera dura de gran valor decorativo. Las cuadrillas de leñadores clandestinos reciben de uno a dos dólares por cada metro cúbico de su madera pero, una vez procesada y tallada, puede alcanzar los mil dólares por metro cúbico. Luego, se exporta a Europa (sobre todo a Italia), Estados Unidos, Japón y China. Como ya se ha talado la mayoría del ramin existente en áreas de explotación permitida, la única fuente que queda son las áreas protegidas.
La EIA lleva quince años investigando y denunciando la comercialización de especies en peligro, la provisión de sustancias químicas prohibidas, la tala clandestina y otros crímenes contra el medio ambiente. Su mayor arma es denunciar a los principales culpables, pero en Indonesia tanto los aserraderos clandestinos como los personajes que operan entre bambalinas ya son archiconocidos. El secretario general del Departamento de Silvicultura ha publicado los nombres de 18 barones madereros regionales que dirigen las operaciones de tala en Indonesia. Hasta ahora, han arrestado a tres.
Inacción lamentable
Aun así, en una reunión de la Sociedad Zoológica, Julian Newman, investigador de la EIA, se mostró pesimista respecto del futuro del parque Tanjung Puting. El hombre señalado por la EIA como el barón maderero de la región es Abdul Rasyid, un político acaudalado. Investigadores de la EIA y miembros del grupo local Telepak se hicieron pasar por compradores de madera; de este modo, recopilaron y publicaron información sobre su empresa, Tanjung Lingga. Han atraído la atención del presidente indonesio, Abdurrahman Wahid, y de organismos tales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional sobre la difícil situación del parque, pero nada se ha hecho hasta ahora.
De ser correctas las afirmaciones de la EIA, tal inacción es lamentable mas nada tiene de sorprendente. Indonesia es un país desgarrado por problemas políticos y económicos y un sistema jurídico disfuncional. Por tanto, el destino del orangután -que en octubre fue declarado oficialmente "especie en peligro"- tiene una prioridad ominosamente baja.





