
Del Homo sapiens al homo zapping
Por Gustavo Martínez Pandiani Para LA NACION
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En estos días pueden escucharse y leerse opiniones coincidentemente preocupadas, cuando no aterradas, por los efectos nocivos que cierto tipo de televisión está causando en el corazón y en las almas de la sociedad argentina, en particular en sus niños, adolescentes y jóvenes.
Los más destructivos antivalores de toda sociedad que pretende tener un futuro compartido inundan las pantallas de TV sin remordimiento ni límites de horarios o audiencias. La cultura del trabajo es reemplazada por el ocio intrascendente de un Gran Hermano , la solidaridad deja su lugar a la discriminación y el esnobismo de rebelde estilo, y la esperanza de justicia fracasa ante el éxito de los impunes en las implacables e indomables cortes mediáticas.
Verdad a medias
Cierto es que en nuestro país venimos conviviendo con la televisión desde hace más de medio siglo. En estos cincuenta años hemos disfrutado y sufrido una significativa variedad de contenidos, formatos y calañas de programas y propuestas. Algunos de ellos tuvieron una función educativa; otros pocos, formativa; muchos otros, informativa, y muchos más, de entretenimiento.
El paradigma televisivo sostiene que el resultado de este proceso ha sido la constitución de una oferta diversa, dinámica y plural que invita a cada televidente a aplicar su propio criterio y, en consecuencia, a elegir sus propios programas y canales. La propuesta televisiva asegura, con notable cinismo, que cada telespectador es un ser pensante, con individualidad y conciencia, un Homo sapiens que ejerce su poder de decisión en el momento de determinar si permanece o no frente a la caja policromática de ilusiones.
Más aún, el pretendido discurso democrático de la TV plantea que la supuesta opción que concede la titularidad del control remoto es hoy la máxima expresión de la libertad del individuo. En realidad, eso es, por lo menos, una verdad a medias. Los numerosos y sofisticados mecanismos de influencia en la opinión pública y de manipulación del consumo masivo ponen en seria duda la contundencia de la fiesta del poder remoto.
En efecto, el supuesto Homo sapiens de la televisión actual se asemeja más a un homo zapping , para el cual el ejercicio intelectual de discernir está al alcance de la mano... ¡Y ése es el problema! Pues el verdadero saber es el que se busca en la curiosidad del intelecto y no el que se encuentra en la comodidad del living .
Aporte al naufragio social
El poder que otorga la existencia de un acotado abanico de alternativas televisivas es, cuando menos, limitado. Mucho más cuando se trata de televidentes de escasas edad y experiencia que, justamente, están en una etapa de su crecimiento en la que incorporan una delicada variedad de valores, pautas de conducta y estándares de comportamiento personal y social que determinarán, sin retorno, la clase de ciudadanos, padres, hijos, hermanos, esposos, empresarios y jefes que serán.
Es posible que no se pueda reclamar a toda la televisión que cumpla con responsabilidad una función social edificante y comprometida. Es probable que la televisión ni siquiera esté diseñada para ello. Es evidente que, de seguir con la presente tendencia, la televisión habrá realizado un aporte muy significativo al proceso de naufragio social en que se encuentra sumido nuestro país.




