
Delitos transnacionales
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EN días próximos tendrá lugar en Viena el 10º Congreso de las Naciones Unidas referente a la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente. En esta ocasión la problemática por considerar se ha centrado en el lema "La delincuencia y la Justicia frente a los retos del siglo XXI".
Participarán de esta reunión especialistas en distintas áreas vinculadas con el tema, que la comunidad mundial considera de vital importancia. En un ámbito económico-social dimensionado globalmente, la expansión de los medios tecnológicos aplicados al transporte y las comunicaciones ha servido no sólo para mejorar las condiciones generales de la vida humana y de la actividad social, en la medida en que ha reducido tiempo y espacio, sino que ha dado ocasión, al mismo tiempo, para que aumente la capacidad operativa y la eficacia de quienes se dedican a violar la ley y a perpetrar acciones criminales. Los llamados delitos transnacionales -causados por organizaciones que extienden sus tentáculos más allá de las fronteras nacionales- constituyen un severo desafío para pueblos y gobiernos en la hora actual.
Esta modalidad de asedio a la sociedad emerge tanto en los países ricos como en los pobres, ya sea por medio del tráfico de estupefacientes y psicotrópicos como de la trata de mujeres y niños sometidos a explotación sexual, del comercio clandestino de materiales humanos, del lavado o blanqueo de réditos ilegales, del contrabando de armas y municiones, y de actos delictivos cometidos contra la red informática.
Estos actos ilegales son perpetrados generalmente al abrigo de una tecnología que permite superar las antiguas limitaciones de tiempo y distancia; para su ejecución se utilizan ingentes cantidades de dinero, que instrumentan en gran escala el soborno corruptor de funcionarios públicos y privados, los crímenes al estilo mafioso y las frecuentes formas de extorsión moral que se emplean para silenciar o acallar conciencias.
En este cuadro sombrío, la sociedad tradicional ha ido perdiendo, progresivamente, sus defensas legales. Leyes y códigos se han mostrado insuficientes, en muchos casos, para afrontar las amenazas actuales. La justicia penal requiere nuevas respuestas adecuadas a situaciones antes desconocidas. La prevención y la operatoria de los organismos de seguridad y el funcionamiento del sistema jurídico necesitan en este tiempo ajustar sus estructuras a las cambiantes modalidades de una delincuencia poderosa, hábil para servirse de las innovadoras tecnologías en uso y creativa en la elaboración de ardides para burlar la ley.
A la vez, los aportes y cambios que se propongan con el fin de evitar los daños y perjuicios que se infligen en el tramado social, económico y moral tienen que perfeccionarse, consolidando el compromiso básico de no lesionar los principios de la justicia y la eticidad.
El objetivo central así enunciado reclama la cooperación amplia, ágil y eficiente de la comunidad internacional. Como en otras áreas de la vida actual, es poco lo que un país aislado puede lograr. Los problemas comunes tienen que tratarse con criterios y recursos compartidos. Los delitos transnacionales reclaman una acción también transnacional. De ahí la expectativa con que se aguarda la reunión de Viena, de la cual debería emerger un sistema de prevención y represión de las nuevas modalidades delictivas basado en la cooperación mancomunada y solidaria del más amplio espectro posible de gobiernos y países.





