Deportistas ejemplares
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A estas alturas de los tiempos, el deporte ha dejado de ser tan sólo un simple entretenimiento, una actividad restringida al propósito de mejorar el estado físico o un redituable quehacer profesional. Ahora forma parte de la cultura de los pueblos y ésa es, sin duda, una de las razones por las cuales también se ha convertido en fértil campo de cultivo de positivas actitudes y conductas solidarias.
Muchos deportistas destacados han demostrado de manera tangible y conmovedora que no se resignan a mantenerse bajo la aséptica cobertura de sus victorias y del merecido prestigio que supieron y saben ganarse en los campos de juego. Han comprendido que por famosos que fueren, no están al margen de la realidad de la sociedad que los rodea, edificada sobre la base de alegrías y tristezas. Es una cabal conjunción de aptitudes esencialmente deportivas y plausibles condiciones humanas que marca un acentuado contraste con las de otras figuras de similar nivel, pero que han optado por aislarse dentro de lo más hondo de sus egocéntricas pautas de vida.
Aquéllos, en suma, son deportistas en toda la noble acepción del término; éstos todavía no han logrado pasar de la categoría de meros jugadores. Esta reflexión, ya expuesta en otras oportunidades en esta columna editorial, viene al caso porque bellos gestos recientes han vuelto a poner de relieve la existencia de esa lamentable disparidad.
El futbolista Javier Zanetti, integrante de nuestro seleccionado nacional y capitán del primer equipo de Internazionale, de Italia, país en que reside desde hace varios años, no se ha dejado embriagar por ninguno de esos títulos. Nunca ha olvidado al chiquilín que fue y, por ende, siempre tiene presentes a muchísimos otros niños que, tal como él en su momento, sueñan con triunfar en el deporte más popular del mundo, pero ahora deben sobrellevar inmerecidos apremios. Su fundación PUPI ayuda a la niñez desvalida y en esta oportunidad convocó a numerosas figuras de los ambientes deportivo y artístico a intervenir en una suerte de torneo relámpago de fútbol -"A la cancha con una sonrisa"-, que le permitió obtener recursos para tan benemérita iniciativa.
Casi simultáneamente, la tenista pergaminense Paola Suárez -líder de la clasificación mundial de dobles de damas y decimocuarta en singles- no sólo dio una exhibición en la sede Vicente López del Centro Asturiano. Además, financió la modernización de la superficie de dos de las canchas de esa entidad, en la cual se entrena. Esa mejora permitirá que muchos aficionados tengan a su alcance la posibilidad de jugar sobre pisos de textura similar a la utilizada en importantes centros tenísticos del exterior.
Entretanto, en Córdoba, el tenista David Nalbandian -un top ten - y el piloto Marcos Ligato se midieron en singular desafío, consistente en un match de tenis y una carrera automovilística. Y así reunieron alimentos no perecederos, donados a hospitales de esa provincia.
Más allá del valor intrínseco de tales aportes, lo trascendente es el alto contenido de realismo, humildad, calidez y desprendimiento implícito en las tres contribuciones. Dichos ejemplos -y tantos otros- no son merecedores de caer en saco roto. Por el contrario, deberían hacer escuela, a fin de que nadie en condiciones de ayudar a sus semejantes eluda ese compromiso solidario, del cual debería hacerse responsable el conjunto de la sociedad.



