Desarrollo económico y derrame
Todos los países del mundo tratan de obtener inversiones porque de esa manera el país crecerá más y habrá más riqueza
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Todos los países del mundo tratan de obtener inversiones en su territorio ya sea de empresas, fondos u organismos internacionales de crédito, como el Banco Mundial, BID y muchas otras fuentes. ¿Por qué? Porque de esa manera el país crecerá más y habrá más riqueza. Ya desde la primera parte del siglo XVIII, y aún antes, se viene estudiando el tema del desarrollo económico, la necesidad de inversiones para generarlo y los beneficios del mismo sobre la calidad de vida de la población o sea, el derrame económico-social, y se sabe que este último puede llevar cierto tiempo, que no ocurre en el cortísimo plazo pero que es seguro que se va a concretar. En realidad los dos conceptos, desarrollo económico y derrame económico-social, son lo mismo aunque en el largo plazo.
En el caso de nuestro país, el crecimiento económico promedio ha sido de 2,3 % anual tomando varias décadas, lo que con un aumento de la población de alrededor de 1,8 % anual tomando también las mismas décadas, no nos deja nada perceptible para el derrame económico per cápita. Para que haya derrame, tiene que lograrse un crecimiento económico significativo y continuo por muchos años. Para ello, la inversión tiene que superar el 25 % del PIB en forma continuada por dos décadas al menos, pero la misma alcanza solo al 18% considerando esos lapsos.
Muchos dirigentes cortoplacistas niegan el derrame considerándolo un cuento para entretener a los pobres con promesas falsas y, también, que los que creen en el derrame podrían ser hasta "ingenuos". Pobre Adam Smith, si viera que hoy se niega el crecimiento económico como "Causa de la Riqueza de la Naciones". Negar las bondades del crecimiento económico es algo muy fuerte, que hasta ahora muy pocos se habían atrevido a proponer pues al negar el "derrame" la pregunta que surge es para que vamos a crecer, para que unos pocos se hagan más ricos, no valdría la pena. Por lo tanto, el que niega el derrame, niega las ventajas del crecimiento económico.
Muchos dirigentes cortoplacistas niegan el derrame considerándolo un cuento para entretener a los pobres con promesas falsas y, también, que los que creen en el derrame podrían ser hasta "ingenuos".
Los que niegan el derrame o las bondades del crecimiento económico, que son inseparables ¿quisieran volver a 1800?, sin vacunas, sin hospitales suficientes, con una esperanza de vida al nacer de 36 años en 1820 en Europa Occidental cuando hoy es de 80 años, con hambrunas en muchas regiones, sin teléfono, sin electricidad, sin aviones, sin celulares, sin Internet, sin cines, sin TV, sin mails, sin Facebook, sin Twitter, con una mortalidad infantil en el primer año de vida de 190 niños por mil nacidos vivos en 1815 en Francia o EE.UU., sin escuelas, sin universidades al alcance de muchos, sin vacaciones, sin leyes laborales?
El país que más ha crecido en los últimos 40 años, China, invirtió mucho en bienes de capital, infraestructura y organización de empresas o management y es el país que más ejemplifica el derrame del crecimiento económico. Falta aún en China mucho más desarrollo, pero su nivel de PIB ya superó al de Japón en tamaño y en pocos años más va superar al de EE.UU., convirtiéndose en el país más grande del mundo, con una clase media pujante.
El país que más ha crecido en los últimos 40 años, China, invirtió mucho en bienes de capital, infraestructura y organización de empresas o management y es el país que más ejemplifica el derrame del crecimiento económico.
Aprendamos lo bueno del desarrollo chino y apliquémoslo aquí. El legado de Mao, con la desorganización productiva que implicó, hoy está desacreditado en el país asiático, aunque aún goza de seguidores en muchos países occidentales, pero no allá, por más que sus fotos e imágenes se mantengan en las plazas del país. Es mejor seguir la norma de uno de los máximos dirigentes de ese país, posterior a Mao, que dijo al preguntársele sobre las ideologías: "No importa que el gato sea blanco o negro, sino que cace ratones".
En los últimos 100 años en la Argentina hemos estado discutiendo si el gato debe ser negro o blanco y no si cazaba ratones y nos hemos perdido en discusiones de corto plazo, irrelevantes para el desarrollo económico. Por lo tanto, la pobreza viene aumentando y ya alcanzó un nivel estructural del 29 % de la población, llegando a picos aún mayores en algunos años. Hemos retrocedido mucho y necesitamos ser más prácticos. No podemos seguir insistiendo siempre con lo mismo, con lo que no da resultados. "Argentinos a las cosas" como nos recomendó Ortega y Gasset, basta de pelearnos por si es mejor el gato negro que el blanco y fomentemos la inversión fija y el empleo formal, únicas recetas que dan resultado en el largo plazo. No más palabras políticas de corto plazo basadas en la hipocresía para ganar una elección. Esas prácticas nos condujeron al fracaso por mucho tiempo, del que no podemos volver desde hace varias décadas por qué ahora, de tanto repetir falsedades, ya creemos en lo que no nos conviene. Es hora de romper el maleficio.
La inversión fija y la educación en dosis muy fuertes llevan al crecimiento económico y éste al derrame sobre toda la población. Retomar estos simples principios puede cambiar el rumbo de nuestro país y revertir tantos años de decadencia.








