
Desarrollo sustentable
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EN años relativamente recientes se incorporó en nuestra realidad social y cultural el concepto de desarrollo sustentable o sostenible. En rigor, ambos términos -aunque usualmente empleados como sinónimos- admiten un pequeño matiz diferencial. Desarrollo sostenible es el que se caracteriza por su aptitud para perdurar en el tiempo. Desarrollo sustentable es el que está dotado de elementos que determinan que no se altere su ser o estado; se lo usa para designar el proceso o sistema que se renueva por sí mismo y, por esa razón, no corre peligro de agotarse.
Un conocido empresario, al presentar las conclusiones del Segundo Taller sobre Responsabilidad Social Corporativa, Mercados y Ecoeficiencia, organizado por el Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible (Ceads), citó esta conocida frase de Albert Einstein: "El mundo que hasta este momento hemos creado como resultado de nuestra forma de pensar tiene problemas que no pueden ser resueltos pensando del mismo modo que pensábamos cuando lo creamos".
Es que de esto se trata: el concepto de desarrollo sustentable nace de una forma de pensamiento complejo, cercano a una noción de armonía o equilibrio entre los múltiples factores -humanos, sociales, políticos, ecológicos- que inciden en un determinado proceso o sistema. La armonización de esos elementos se refleja en diferentes campos: legal, científico, técnico, educacional, del pensamiento, entre otros.
Para preservar el equilibrio entre los distintos factores es necesario incorporar frecuentes cambios en los mecanismos de decisión de los asuntos públicos. Así, por ejemplo, en materia política, la incorporación de mecanismos de participación contribuye a consolidar la democracia, con miras a lograr la sustentabilidad de su desarrollo. En vez de imponer una decisión vertical, no suficientemente consensuada, y por ende poco sostenible en el tiempo, se procura instrumentar una serie de métodos -el libre debate, la audiencia pública, los coloquios entre las partes interesadas- para generar consensos y promover el acuerdo real de las partes comprometidas en cada cuestión. En la medida en que se logra un equilibrio entre sectores que en un principio estaban enfrentados se alcanza un piso de estabilidad que permite formular proyectos viables.
En el ámbito ecológico, esto es particularmente visible. Cuando los esfuerzos se concentran en la conservación de los elementos naturales y de la relación que une a unos con otros, se está trabajando para preservar el planeta para las próximas generaciones, protegiéndolo de los efectos de la desertización, la erosión, la contaminación o la desaparición de especies enteras.
La evaluación del impacto ambiental de un proyecto, realizada mediante el procedimiento ya mencionado de búsqueda de consenso, trabajo conjunto, amplia participación y debate público, permite alcanzar soluciones que se caractericen -precisamente- por ser sustentables,es decir, por su capacidad para regenerarse mediante mecanismos internos y de autogeneración.
No hace falta demasiado esfuerzo para advertir la importancia que los procesos conducidos de acuerdo con esa concepción pueden alcanzar en materias tales como el cuidado del aire, del agua, de la tierra o del bosque. En materia de hidrocarburos, forestación, residuos contaminantes, pesca, ganadería y agricultura, se pueden llegar a obtener resultados decisivos para el futuro de la especie humana.
El compromiso que han asumido las empresas reunidas en el foro mencionado, de basar sus estrategias de negocios sobre políticas que incluyan el balance ambiental y la responsabilidad social, reviste gran importancia y tiene valor de ejemplaridad.
Todo lo que se haga por difundir e incorporar en la educación y en los procesos de decisión mecanismos y procedimientos que contemplen los postulados del desarrollo sustentable será de alto beneficio para la humanidad.





