
Diálogo semanal con los lectores
Por Octavio Hornos Paz De la Redacción de LA NACION
1 minuto de lectura'
En la conjugación del verbo latino existió un participio pasivo con idea de obligación. Amandus, amanda, amandum (el que debe ser amado, la que debe ser amada, lo que debe ser amado). Esa forma del verbo latino no pasó a la conjugación castellana. Pero algunos de sus descendientes son comunes en nuestra habla. Por ejemplo agenda , las cosas que deben ser hechas, y memorándum , lo que debe recordarse.
Durante un buen lapso se discutió acerca del plural de memorándum. Para unos debía ser memoranda , a la latina; para otros, memorandums , y no faltó quien propusiera una salida racional que consistía en castellanizar el vocablo - memorando -, con lo cual el plural sería con una ese final, a la española.
Esa última solución fue sostenida por el gramático Manuel Seco en su Diccionario de dudas de la lengua española , edición de 1970. La última edición del Diccionario de la Lengua de la Real Academia incluye memorando y memorándum e indica que el plural de ambos es memorandos .
Fulano y compañía
Dice Luis Melnik:
"Me permito acercarle un párrafo sobre fulano. Este texto pertenece a mi nuevo libro (en prensa, Emecé Editores, Diccionario Insólito II ) en el que hay un capítulo con 162 arabismos.
"Fulano de tal: Del árabe fulan , un tal. Expresión que se usa para designar a alguien cuyo nombre no se conoce, persona indeterminada o imaginaria. Cuando se usa con relación a alguien determinado, asume forma despectiva. Parientes de fulano son mengano (del árabe man kan , quien sea, cualquiera), perengano y sus formas femeninas).
"Tienen el mismo valor que fulano, pero siempre van después. Perengano podría descender de perencejo, que se usa con el mismo significado. Lo cierto es que fulano, mengano y perengano son un trío muy famoso de personajes inexistentes a los que se apela cuando no se sabe de quién se está hablando. Y tiene parecido con perico de los palotes."
La química y sus derivados
El doctor Renato Radicella, químico de vocación y profesión, nos dice:
"Admito que los químicos somos responsables de muchas cosas. Me cuesta creer, sin embargo, que seamos causantes del descenso de los niveles de espermatozoides en el hombre contemporáneo, como dice el artículo publicado ayer (3-7-2001) en la página 10 de LA NACION.
"No es la primera vez que LA NACION usa "químicos" en lugar de productos o sustancias químicas, sin tener en cuenta que "químico" (sustantivo) en castellano es "persona que profesa la química o tiene en ella especiales conocimientos". Evidentemente, lo del artículo es una mala traducción del inglés "chemicals", "sustancias obtenidas o usadas en un proceso químico" según el Oxford Dictionary. "
Y el doctor Hugo Ginés de Paco, de Río Cuarto, Córdoba, que es químico desde hace medio siglo, agrega en su mensaje:
"No digo que no lo seamos indirectamente, pues los productos y las sustancias químicas a que se refiere el investigador dinamarqués fueron inventadas y producidas por químicos (esta vez en su correcta acepción), pero no existe lo que erróneamente expresa el párrafo. Creo que además de la evidente contaminación con la lengua inglesa es responsable de este error la necesidad de adecuar títulos a espacios limitados. Pero no debería aceptarse que una equivocación de esta índole aparezca en un lugar tan prominente, creando así en los lectores concepciones erróneas, que terminan por bastardear nuestro idioma."
El uso de ex
El profesor Coriolano Fernández nos escribe:
"En LA NACION del 18 de junio, Sección 2a., página 4, hay un artículo a cuyo pie se lee: "El autor fue ex secretario de Energía". Es un error. Lo correcto es decir que fue secretario, o bien, que es ex secretario".
Wagner en Israel
El doctor Marcos Levin, del kibbutz Matzuvah, Galilea Occidental, Israel, nos envía su opinión sobre el tema.
"Entre los párrafos de la carta del señor. Fernando Miranda (Wagner en Israel, Cartas de lectores, LA NACION, 15-6-2001), el último de ellos encierra una gran verdad: "la música sirve para integrar y entonces contribuye a hacer sagrada la vida en la Tierra".
"La biografía de Richard Wagner no es precisamente la historia de un hombre que apreciaba a los judíos, aun cuando no pudo dejar de contratar a un director judío ni pudo escapar de la impresión que en cierto momento le causó de Gustav Mahler. La música de Wagner escoltó a los que fueron empujados a los crematorios de los campos de concentración nazis, por el solo hecho de ser judíos. Muchos de los sobrevivientes de esa experiencia se resisten hoy a que Wagner campee oficialmente en la vida musical de Israel. Esos mismos sobrevivientes se resisten hasta hoy a viajar en tren, por las mismas razones. Esas son las infames victorias del nazismo: que los judíos detesten a Wagner y se resistan a utilizar el ferrocarril.
"La música de Wagner es impresionante. Los nazis supieron utilizarla. Bruckner no era adecuado, pues su música se eleva a los cielos. Mozart, Beethoven, Brahms y otros no eran, para el gusto de ellos, lo bastante fuertes para arrear a los judíos a los crematorios. Porque en Tristán e Isolda está la muerte de amor, pero en Mozart está la dignidad humana y en Beethoven, el Canto a la alegría .
"Esa es la razón por la cual Mozart, Beethoven, Brahms, Mendelssohn, Bruckner, Ginastera, Paganini y otros son tan difundidos y escuchados en Israel, y Wagner no."





