
Diálogo semanal con los lectores
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"He observado recientemente cantidad de quejas por los errores y «horrores» que se deslizan por las páginas de los periódicos -escribe Ricardo M. Forno-. Si bien es necesario reconocer la existencia de esos errores, acá deseo reivindicar la labor de los sufridos periodistas.
"Es asombroso que en páginas y más páginas del diario sólo aparezcan unos pocos errores, cuando muchas veces los artículos provienen de hechos ocurridos escasas horas antes. Y tales artículos no sólo no contienen errores ortográficos ni sintácticos, sino que explican las noticias claramente y con una puntuación impecable. No siempre las obras literarias, incluso las de autores más o menos famosos, alcanzan esa calidad.
"No soy profesor de castellano (aunque he publicado un par de libros), pero, si lo fuera, no vacilaría en recomendar a mis hipotéticos alumnos la lectura de los buenos periódicos para mejorar las habilidades idiomáticas", concluye el lector."
Las cosas, por su nombre
Desde Tigre, provincia de Buenos Aires, escribe Guillermo Bellotti:
"La lectura de Jorge Luis Borges me obliga a consultar el diccionario. Y de los comentarios del periodista García Oliveri, de sus comentarios sobre el castellano neutro y las conclusiones del Congreso de la Lengua, la lectura del diccionario como si fuera un libro, página por página, es una costumbre que he reforzado en estos días. ¡Ochenta mil vocablos, doce mil verbos y lo poco que usamos de ellos!
"En el poema «El Golem», Borges describe un sujeto al que dio vida un rabí, y del que dice entre otras cosas: «...o estúpido y sonriente se ahuecaba / en cóncavas zalemas orientales...». Los diccionarios describen la zalema como la típica reverencia oriental en señal de sumisión. No es la reverencia cortesana europea, dieciochesca y monárquica: es de costumbre islámica y, por conexiones espirituales y religiosas, también se la puede considerar una genuflexión de culto asiático. Borges se las adjudica a un rabí, del que las copia su tragicómico remedo de hombre, de manera que también podrían haberla usado en sus rituales religiosos los judíos.
"Las compañías dobladoras y subtituladoras de películas deberían recurrir a gente ilustrada para llevar a cabo el trabajo encomendado. El castellano, neutro o ácido, lisa y llanamente, brotará siempre limpio y comprensible de mentes nutridas por los diccionarios.
"Otro ejemplo de la falta de lectura del diccionario. Hace unos días se remató un mueble, en Inglaterra creo, en 36 millones de dólares. El mundo del arte, conmocionado, comentó el hecho en numerosos artículos, en este y otros otros diarios. Sesudos críticos de arte gastaron renglones y renglones tratando de describir que la obra tenía numerosas incrustaciones de oro, plata, piedras preciosas, conchas marinas, maderas de otros colores y otros materiales de valor, pero a nadie oí hablar de taracea , que es precisamente la palabra que describe con exactitud ese maravilloso arte de las incrustaciones en madera.
"El diccionario no es una lectura recomendable para la playa o las plazas, a riesgo de ser observado como un bicho raro, pero es imprescindible para saber cómo se llama cada cosa por su nombre."
Medias hermanas
El día 15 se publicó una noticia sobre el fallecido príncipe Bernardo de Holanda, en la que se hablaba de dos hijas extramatrimoniales, "medio hermanas" de la reina Beatriz. Al día siguiente la expresión fue corregida en la fe de erratas, donde se aclaró que debe decirse "medias hermanas". "Me asaltó una enorme confusión -escribe la profesora Delia Malamud-. ¿No es medio un adverbio invariable? ¿No era correcta la redacción original?" A Ángel Ziadi, en cambio, no lo asaltó ninguna confusión: "Considero equivocada la corrección -dice- por cuanto medio , como adverbio de modo, es invariable en género y número".
Es cierto que los adverbios son invariables en género y número, pero, en la expresión "medio hermano", medio no es adverbio sino adjetivo, ya que funciona como atributo del sustantivo hermano y concuerda con él en género y número. Debe decirse "medio hermano", "media hermana", "medios hermanos" y "medias hermanas". Por si cabe alguna duda, así lo indica, en la entrada correspondiente, el Diccionario de la Real Academia Española.
Cargos que no existen
Desde Luján, escribe el doctor Jorge J. Cortabarría, abogado:
"El día 10, LA NACION publicó una nota de opinión del doctor Jorge Taiana, a quien se presentó como «vicecanciller de la Nación». A los pocos días, un periodista de la redacción llamó al economista Orlando Ferreres «ex viceministro de Economía». Pero tales cargos no existen ni existieron en la Argentina, ni por nombre ni por función. Taiana es secretario de Relaciones Exteriores y Ferreres fue secretario de Programación Económica."
En efecto, los secretarios no son viceministros porque no pueden reemplazar a los ministros. El prefijo vice -, viz -, vi - ( vicepresidente , vizconde , virrey ) significa "en vez de" o "que hace las veces de". En ausencia del presidente, ejerce la presidencia el vicepresidente, con todas las atribuciones del presidente, pero en ausencia de un ministro, debe reemplazarlo otro ministro, aunque no sea de su área, y no puede ocupar su lugar un secretario, aunque pertenezca a su ministerio. Los prefijos vice - y sub - tienen significados muy diferentes, pero suelen confundirse y, como un secretario es una especie de "subministro" porque sigue al ministro en orden de jerarquía, se ha puesto de moda llamar "viceministros" a ciertos secretarios (no a todos, sino a uno por ministerio, como si efectivamente pudiera reemplazar al ministro). Lamentablemente, son los propios funcionarios los que han impuesto este error y, cuando se designa a los secretarios de una cartera, se anuncia cuál de ellos va a ser el "viceministro".
Lucila Castro recibe las opiniones, quejas, sugerencias y correcciones de los lectores por fax en el 4319-1969 y por correo electrónico en la dirección dialogos@lanacion.com.ar.





