Diálogo y consenso para definir la línea de sucesión

Eduardo Menem
Eduardo Menem PARA LA NACION
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25 de noviembre de 2015  

Con el triunfo de Mauricio Macri, es probable que vuelva a plantearse en el Senado de la Nación la polémica acerca de a quién le corresponde ocupar el cargo de presidente provisional del Senado: si a un integrante de la mayoría en esa cámara, o sea al actual oficialismo kirchnerista, o a un senador representante del nuevo gobierno.

El tema reviste importancia por cuanto el presidente provisional del Senado ocupa el tercer lugar en la línea sucesoria presidencial y junto con el vicepresidente de la Nación (presidente natural del Senado) son las dos únicas autoridades parlamentarias establecidas por la Constitución.

Se han dado argumentos en favor de una y otra posición. Por un lado, se sostiene que es al bloque mayoritario a l que le corresponde proponer el candidato para el cargo, siguiendo el principio democrático de que debe respetarse la decisión de la mayoría. Por el otro lado, hay quienes afirman que el presidente provisional debe ser del mismo signo político que el titular del Poder Ejecutivo, precisamente por el lugar prominente que ocupa en la línea sucesoria presidencial y la consiguiente posibilidad de desempeñar, aunque sea en forma transitoria, el cargo de vicepresidente o de presidente de la Nación, en caso de ausencia de ambos.

Es ilustrativo recordar los antecedentes existentes desde la restauración de la democracia en 1983. Al asumir el gobierno Raúl Alfonsín, el justicialismo era mayoría en el Senado, por lo que se suscitó una polémica con el radicalismo. Finalmente, como una forma de apoyar la democracia recientemente instalada, el justicialismo accedió a que el cargo fuera ocupado por el senador radical Edison Otero, que fue votado entonces por todos los integrantes del cuerpo.

En 1985, el justicialismo cambió su posición y reclamó el derecho de postular su candidato, por lo que se llegó a una votación que terminó empatada debido a que los senadores de los partidos provinciales respaldaron al candidato radical; tuvo que desempatar el vicepresidente, Víctor Martínez, quien lo hizo a favor de Otero, que continuó en el cargo hasta 1989.

Al asumir el gobierno nacional el Partido Justicialista en 1989, fui designado presidente provisional con apoyo de todas las bancadas, lo que se repitió en forma anual hasta diciembre de 1999, cuando asumió el gobierno de la Alianza, presidido por Fernando de la Rúa. En esa instancia decidí renunciar al cargo, que debía haberse extendido hasta las sesiones preparatorias de febrero de 2000, para dar lugar a que el nuevo gobierno propusiera un presidente provisional de su mismo signo político. Después de las elecciones de 2001 el justicialismo, que seguía siendo mayoría en el Senado, resolvió volver a ocupar el cargo y eligió al senador Ramón Puerta, quien desempeñaría poco después en forma transitoria la presidencia de la Nación debido a la renuncia del presidente De la Rúa y a la anterior vacancia de la vicepresidencia.

Por otra parte, corresponde señalar que desde 1853 hasta la fecha hubo catorce oportunidades en que el presidente provisional del Senado tuvo que desempeñarse como vicepresidente de la Nación, ya sea porque éste asumió en forma definitiva la presidencia por renuncia del jefe del Estado (1861, 1890, 1895 y 1942) o por su muerte (1906, 1914 y 1974). También se produjo esta situación por renuncia del vicepresidente (1858, 1991 y 2001) o por su muerte (1868, 1919, 1928 y 1952).

Estos antecedentes permiten dar una idea de la importancia del cargo. Es de esperar que el tema sea resuelto mediante el diálogo y el consenso, teniendo en cuenta los altos intereses de nuestra nación.

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