
Diarios
"No queremos que los gobernadores se enteren por los diarios de lo que estamos haciendo."
(Del presidente De la Rua, en declaraciones formuladas a La Nación acerca de ciertos malentendidos a que dio lugar la reunión que mantuvo con losl gobernadores el miércoles, a su juicio "buena, cordial y sumamente positiva".)
Un particular puede albergar la ilusión -o cultivar el desconsuelo, según el cariz de su personalísima cosmovisión- de que nunca aparecerá en los diarios, si, en efecto, consigue no participar jamás en nada extraño, extraordinario, exótico, excesivo o extemporáneo, circunstancia en la que algo incidirá su voluntad, pero mucho más la suerte.
¡Un particular puede hacer, o desear, tantas cosas, todas ellas terminantemente vedadas a las personalidades públicas! Esto, al parecer, lo está comenzando a entender el doctor De la Rúa, en trance conmovedor que recuerda un poco la historia de la princesa que quería vivir. Comprendemos y respetamos ese sentimiento, pero si los gobernadores no se enteran por los diarios de lo que se entera todo el mundo, ¿no quedarían un poco escasos de conocimientos...? Por otra parte, tendrían que jugar a ser cieguitos y no doblar el cuello cuando pasan delante de un quiosco ni pestañear ante una pantalla de televisión.
Debido a sus funciones se les recomienda saber algo: al estarles prohibidos los diarios, contratarían espías de antifaz para que los lean y les eleven informes en clave. Por ejemplo: "buena, cordial y sumamente positiva" podría traducirse por "pidieron queso y les dieron hueso"; tras un breve carraspeo, el respectivo gobernador quedaría convenientemente informado.
Ahora, con decodificador y todo, entender lo que quiso expresar el señor Presidente no resulta fácil. Acaso haya querido significar que las noticias importantes quiere darlas personalmente, pero también podría ser que le moleste ser adivinado en sus intenciones: si es lo primero, quedaría corroborada su fama de hombre sincero; si es lo segundo, la culpa sería del periodismo.






