Dilema Social: 4 grandes desafíos de las redes sociales

Juan Ortiz Freuler
Juan Ortiz Freuler PARA LA NACION
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15 de octubre de 2020  • 21:52

El Dilema Social no es un documental más sobre Internet. Escena tras escena, pone sobre el debate público la idea de que las redes sociales son adictivas. Testimonios de ex empleados y especialistas parecen devela las técnicas y mecanismos que nos empujan a permanecer conectados sin poder hacer mucho al respecto.

Sin embargo, esta no es la única cara de plataformas como Facebook, Twitter, TikTok o Instagram. La web -y en particular las redes sociales -han sido espacios donde las personas se unieron para reclamar por sociedades más justas. Egipto, Madrid, Nueva York y hasta Túnez son sólo algunos ejemplos de lugares donde movimientos que surgieron de manera online promovieron transformaciones sociales históricas.

Señalar a las redes sociales únicamente como espacios de adicción sería clickbait. Las cosas son un poco más complicadas. Conceptualizar los distintos problemas que atraviesan las redes sociales como dimensiones separadas puede ayudar a diseñar estrategias específicas para trazar políticas y acciones que tiendan a neutralizar o mitigar los aspectos más problemáticos para proteger los aspectos valiosos que nos ofrecen estas herramientas. En este sentido, los problemas que enfrentan Facebook, Twitter, TikTok o Instagram están relacionados con 4 áreas temáticas centrales:

  • Visibilidad de problemas sociales - tensiones y contradicciones: las redes sociales a menudo reflejan problemas de exclusión y la desigualdad. A medida que la penetración de Internet crece y grupos sistemáticamente excluidos se conectan a la red, ciertas tensiones y contradicciones que son ignoradas por los medios tradicionales pronto adquieren visibilidad. En muchos casos las redes sociales están derrumbando esas barrera física y abriendo ventanas a la vida de quienes son excluidos, ignorados y silenciados, aun cuando viven a kilómetros de los barrios pudientes. Por lo tanto, hay un conjunto de problemas sociales que no son creados por las redes sociales, sino que se vuelven (más) visibles para la sociedad gracias a las redes.

La desigualdad, en todas sus formas, requiere de acciones por parte del Estado dirigidas a asegurar un trato igualitario, y una distribución justa de los beneficios de ser un miembro de la sociedad. Este desafío va mucho más allá de lo que podemos lograr quienes trabajamos en políticas de tecnología. Requiere de cambios radicales en las políticas y procesos que determinan el acceso a cargos de poder en espacios públicos y privados, las políticas impositivas y el gasto público, entre otras áreas. Este no es problema que generan las redes sociales, y por lo tanto es improbable que las políticas digitales, de manera directa, lo vayan a solucionar.

  • Cuantificación de los problemas sociales: las redes, además de visibilizar ciertas dinámicas, están impulsando la creación de grandes bases de datos sobre nuestras sociedades. Estas bases de datos permitieron una explosión de investigaciones cuantitativas que a menudo terminan siendo mal encuadradas por comunicadores. Tomemos por ejemplo, la cantidad de noticias falsas y rumores que circulan en una sociedad. De manera regular se publican notas periodísticas con números que asustan:"el post que incluye la falsedad "x" fue compartido por más de un millón de personas en Facebook". El volumen en términos absolutos refleja sin dudas la existencia de un problema. Sin embargo, este tipo de estudios suelen ser incapaces de proporcionar una línea de base que muestre la medida en que los problemas identificados son causados o empeorados por las redes sociales y no simplemente problemas pre-existentes que se trasladan al espacio digital. Es decir, de pronto todos esos intercambios de información que antes sucedían sin dejar rastro en un bar o al lado de la máquina de café, ahora quedan registrados en tweets, posts de Facebook y los podemos cuantificar. No hay bases de datos comparables de la época anterior a la web. Es así que las redes sociales nos permiten cuantificar algo para lo cual antes no existían métricas.

De pronto todos esos intercambios de información que antes sucedían sin dejar rastro en un bar o al lado de la máquina de café, ahora quedan registrados en tweets, posts de Facebook y los podemos cuantificar

A veces pareciera que se intenta matar al mensajero que cuantifica los problemas que enfrentamos como sociedad. El abordaje incompleto de estas problemáticas a su vez hace que las plataformas digitales limiten la cantidad de información que ponen a disposición de investigadores independientes. Aquellos que tienen acceso a datos clave, y aquellos de nosotros que somos formadores de opinión, necesitamos hacer un esfuerzo para enmarcar nuestros hallazgos apropiadamente.

A su vez, en un mundo donde los datos juegan un papel cada vez más relevante, los gobiernos necesitan asegurarse de que sus pueblos adquieran cierta competencia en el análisis de datos. No se trata sólo de asegurar que las generaciones futuras estén preparadas para los trabajos del futuro, se trata de que estén capacitadas para participar eficazmente en los debates democráticos del presente.

  • El diseño de las redes sociales actuales: dentro de este grupo figuran problemas que pueden generar daños a los usuarios en general (ej. la adicción); que afectan particularmente a determinados grupos minoritarios o sistemáticamente excluidos (ej. el acoso online); la generación de incentivos perversos (ej. los modelos de ingresos basados en clics que incentivan el clickbait y los titulares sensacionalistas). La mayor parte de la atención pública se ha centrado en esta área. El enfoque estrecho lleva a que no se discutan las razones por las cuales se producen estos problemas.

También es importante subrayar que las plataformas digitales a menudo restan importancia tanto al impacto de sus propias decisiones como a su capacidad para hacer frente a los daños que generan. Para reducir el impacto de este grupo de problemas es necesario establecer una estructura de gobernanza que sea independiente y responda a la comunidad a la que sirve. Una que pueda garantizar que quienes son imprudentes rindan cuentas y que los miembros de la comunidad en línea no sean tratados como bienes productivos que hay que ordeñar, sino como seres humanos cuyos derechos merecen respeto.

Sucede que lo que llamamos la web está hoy mediado por un pequeño conjunto de empresas que gobiernan sobre lo que en algún momento fue tierra común. Antes de determinar qué cambios de fondo hacen falta, necesitamos con urgencia normas que pongan esta información a disposición del público, para que podamos tener ese debate.

¿Cómo conseguir esta información cuando estas empresas privadas se apoyan en normas como la propiedad intelectual y acuerdos de confidencialidad con sus empleados para controlar cuánto se sabe sobre el impacto que están teniendo sus tecnologías? Esto nos lleva al cuarto y último problema.

  • Magnificación de los problemas sociales por la centralización: las redes sociales se construyeron utilizando la tecnología abierta de la web, un sistema descentralizado. En la web no había un agente central con capacidad para decidir quién podía decir qué, o qué información podía o debía circular. Y era aceptable que las cosas salieran mal. De hecho, lanzar un producto rápidamente, identificar los problemas basados en la experiencia de usuarios de vanguardia, e iterar, se convirtió en el mantra entre los programadores y empresarios 2.0.

En un sistema descentralizado los problemas son típicamente locales y pueden ser neutralizados con relativa rapidez. Por lo tanto, en general, estábamos satisfechos con aquel espíritu. La experimentación y la innovación avanzaban dentro de un marco que aseguraba que el riesgo que representaban para la sociedad fueran aceptablemente bajos.

El contexto cambió. En los últimos 5 años Google y Facebook han pasado de manejar menos del 50% del tráfico a los principales sitios de contenido web, a 75% en la actualidad. A ese proceso a menudo se le llama centralización: un pequeño grupo de actores actúa como mediador tanto entre los millares de usuarios, como entre estos usuarios y los proveedores de contenido, como los medios de comunicación tradicionales. Y debido a este cambio de paradigma vemos cada vez más que cuando se presenta una falla en uno de estos sistemas centrales (por error o negligencia) puede llevar a consecuencias generalizadas y catastróficas.

Para atender este problema hace falta que los organismos, entes e instituciones que deben velar por la competencia hagan uso de las herramientas que les fueron dadas. Este tipo de acciones no solo reduciría la extensión de los impactos negativos que se genera ante errores y negligencias por parte de estas empresas, sino que generaría un espacio digital más propicio para la innovación, y un grupo de ejecutivos más dispuestos a cooperar con nuestros representantes políticos.

De estos cuatro grupos de problemas, quienes trabajamos en políticas digitales debemos enfocarnos en los últimos dos. Nuestra primera tarea es identificar -dentro de estos dos últimos grupos- aquellos problemas que estamos bien posicionados para solucionar, establecer procesos para definir prioridades de un modo participativo e inclusivo, y desde allí comenzar a gestar las redes y alianzas que faciliten la efectividad y amplíen la legitimidad de la agenda acordada.

Como puntapié inicial, es necesario garantizar una mayor competencia en el espacio online. Es una manera de facilitar grandes cambios sin necesariamente afectar las reglas sustantivas por las que se viene rigiendo la web hace décadas.

Asegurar la competencia, a su vez, llevará a (re) balancear la relación de poder entre los estados y estas empresas, generando un marco más propicio para las conversaciones subsiguientes, incluyendo cómo asegurar que se libere la información necesaria para tener un debate robusto acerca de cómo funcionan estas redes y qué tipo de reglas deberían guiar su desarrollo. El objetivo final: que la tecnología funcione en beneficio de nuestras sociedades.

Juan Ortiz Freuler (@Juanof9) es afiliado al Berkman Klein Center for Internet and Society de la Universidad de Harvard y miembro de la red Tierra Común

Las ilustraciones son de Juliana Castro (@juliacastrov), Diseñadora Senior de Access Now y la fundadora de Cita Press

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