
Diminuta copia de jardín
Desde hoy, deja de publicarse en este espacio "Diálogo con los lectores", que durante tantos años llevó adelante con erudición y pasión Lucila Castro: una sección que profundizó el vínculo entre el diario y aquellos a quienes está dirigido. La intención es que el mismo espíritu de intercambio se mantenga con "Línea directa", escrita por Graciela Melgarejo.
Parafraseando a Neruda, vamos ya en el advenimiento de la primavera cuando surge una pregunta. La naturaleza ¿puede ser "autoritaria"? Quizá sea perfecta, imprevisible, muchas veces impuntual (ver si no la tormenta de Santa Rosa), impenetrable, ingeniosa, indomable, caprichosa... Cada uno puede calificarla como quiera, pero un lector de este diario, Javier Maquirriain, en su carta del 05/09 ("Florecer y creatividad") habla de esa regla "casi autoritaria de la naturaleza" que es la llegada de la primavera. La observación es quizás un pretexto para exigir risueñamente a los participantes de la comunidad de las Cartas de Lectores que no incurran en la redundancia de referirse, una vez más, a observaciones "del tipo «floreció un naranjo en Calamuchita»", porque mejor ya lo hizo "el señor Félix Luna hace unos años y tales copias son un verdadero «atentado» contra su creatividad".
Es posible que muchos lectores de este diario no recuerden, o no hayan leído nunca, el interesante intercambio epistolar al cual se refiere el lector, y que se desarrolló entre 1999 y 2006, a partir de una primera carta del escritor Félix Luna, "Mágica floración", que decía así: "Bienhaiga aquel que plantó en la esquina de la avenida Figueroa Alcorta y Mariscal Ramón Castilla ese espléndido lapacho, que a lo largo de octubre saludaba a todos los que pasaban con una roja y pacífica explosión, dando un toque de color y de frescura al paisaje urbano. Quienquiera que sea el que lo puso y lo atendió hasta lograr esa mágica floración merece la gratitud pública".
A lo largo de esos años, fueron muchos los que le respondieron a Luna. Todos coincidían en la magia, pero algunos agregaban información. Por ejemplo, la acuarelista Cristina Coroleu: "El lapacho acaba de abrir sus bellas flores rosas en racimo. Luego, seguirá el profundo rojo del ceibo en la primavera plena. Y en noviembre, la ciudad se convertirá en un espejismo lila con el jacarandá".
Hubo también una carta de la actriz Delia Garcés, "Civilización y barbarie", en la que reflexionaba así: "A ese lapacho lo plantó la civilización. Apenas unas páginas más adelante, [hay] una fotografía de la majestuosa tipa, ya derrumbada, que estaba casi sobre Posadas (Palacio Duhau). Esta tipa fue matada por la barbarie. Civilización y barbarie, ¿hasta cuándo seguirán de la mano en esta patria tan lastimada?".
Hablar o escribir sobre la belleza de la naturaleza hace bien, provoca un agradable sentimiento de felicidad. Los que puedan darse una vuelta por Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla presten atención a los pasos que el lapacho rosado va dando para alcanzar su plenitud. Los que no estén en Buenos Aires, seguramente tendrán a mano "una diminuta copia de jardín" para seguir celebrando la vida y la primavera.
El domingo 06/09, dos comentaristas de lanacion.com , Valterium y Tehuelchen, admiradores habituales de la columna de Hugo Caligaris en la sección Las Palabras, se permitieron disentir de él en un dato. Escribió Caligaris en la columna llamada "Decisión": "Como diría Jean-Paul Sartre, la suerte está echada". Para ambos, la cita estaba equivocada, pues "la suerte está echada" era -escribieron- la traducción al español de Alea iacta est, la frase atribuida a Julio César cuando se decidió a cruzar el río Rubicón con sus tropas, y pronunció esas palabras para indicar que ya no podía volverse atrás.
La suerte puede ser buena o mala, pero casi siempre está echada y en todos los idiomas. Pero esta que se menciona en el artículo le pertenece a Sartre: es el título de una obra de teatro, Les jeux sont faits, que el filósofo francés escribió en 1947 y que aquí la editorial Losada publicó ese mismo año, como La suerte está echada. La obra y el título tuvieron un destino feliz, porque Les jeux sont faits es también un poema de la escritora argentina Olga Orozco, que se puede leer y oír en su voz en Internet. Orozco, que sabía de magia y presagios, escribió en el final del poema: "¿Cuál es en el recuento final, el verdadero, intocable destino? / ¿El que quise y no fue?, ¿el que no quise y fue?".






