
Dios y el diablo sobre las tablas
Es un domingo neblinoso en el Gran Buenos Aires. El auto avanza y son iguales las calles, las casas, los perros. Todos flacos. En algún lugar de La Matanza, sin embargo, hay hombres y mujeres que aplauden y cantan. Agradecen al Espíritu Santo emplomaduras de muelas, calcinación de tumores, reparación de hígados, práctica de transfusiones, y hasta la expulsión del HIV del cuerpo.
El pastor Germán está en el auto que avanza por estos barrios, acompañando a LA NACION en una recorrida por templos evangélicos, sobre todo pentecostales, que se desarrollaron con fuerza en los sectores marginales y bajos. El auto avanza así por la calle Crovara, en Ciudad Evita, hacia Isidro Casanova, donde está la iglesia "El Buen Pastor", del coreano Young Hwa Kim, conocido en el barrio como Pablo Kim. En este templo suelen juntarse unas cinco mil personas.
Este pastor -que tiene relaciones en la Municipalidad de La Matanza- no recibirá a LA NACION en el templo. Lo hará otro día, en el café de un hotel de cinco estrellas, antes de viajar a los Estados Unidos. Ahora, un tipo con sonrisa de empleado del mes anota el número telefónico del cronista. Llamará pronto, el pastor Kim.
-Hay una iglesia en Rafael Castillo -dice el pastor Germán-. Son amigos.
* * *
La iglesia es pequeña, con el techo de machimbre. De las paredes cuelgan macetas con flores artificiales.
-¿Amén? -pregunta el pastor Mario López como si necesitara que el público ratifique sus prédicas. Todos los pastores preguntan "¿amén?". Y, siempre, un coro de fieles responde:
-¡AMEEEEN!
Suena una guitarra. Una batería. Panderetas. Una voz que canta: "...al ritmo de David". Es improbable que a David le gustaran estos pasodobles frenéticos. Ahora, el pastor hunde las manos en los bolsillos de su pantalón. Encuentra lo que busca. Revela:
-Tengo un caramelo. ¡Qué bueno, hermano, que necesitamos las dos manos para pelar el caramelo! La iglesia es un cuerpo. Todos somos necesarios.
El pastor llama a un colega, que narra la historia de una taza que sufrió tanto cuando el alfarero la confeccionó... Como sufren los hombres cuando el "sumo alfarero" hace su trabajo. Y entonces cuenta que un hijo suyo murió y agradece a Dios "por la prueba".
-¡Poderoso JESUUUUS! -dice una fiel con voz trémula. Otros aplauden. Un visitante, alguien que no profesa el culto, siente que un bisturí helado se desliza por su columna vertebral.
Llega la hora de la ofrenda.
-Señor -dice el pastor-. Te pido que multipliques al que tiene para dar.
Hoy, un pastor invitado estará a cargo del sermón: Jorge Medina. Medina sabe lo que hay que hacer sobre el escenario. Como un histrión. Apela a chasquidos de lengua, respiraciones sibilantes, contracciones musculares en la cara, voces estentóreas, voces nasales. Así apoya el sermón, construido sobre la base de un variado menú de experiencias y citas bíblicas. Sobre el final, aumenta el volumen de su voz:
-¡Levantamos las manos! ¡Necesito el poder! ¡OOOOH!
Los fieles levantan las manos. Las voces se mezclan. Inundan el espacio de notas disonantes.
-¡Keika, blebebein, blikabedei! -dice el pastor en un idioma que sólo entenderán los espíritus: la glosolalia-. ¡Santa la gloria del Espíritu Santo!
Los fieles se acercan al pastor. El pastor les toca la frente. Algunos se caen de espaldas. Atrás de los que se caen hay unos tipos entrenados para evitar traumatismos de cráneo.
-¡Dios está en este lugar! -es lo último que dice Medina en este relato.
La ceremonia termina. La gente se despide con dos besos. El evangelista Jorge Samaniego cuenta que el Espíritu Santo le emplomó cinco muelas. Y Graciela, que le calcinó dos tumores. Y el pastor Germán:
-Hoy no había endemoniados. Pero a veces se caen porque están poseídos.
- Claro -dice el cronista.
-Es creer o reventar -dice Germán.
* * *
-Es creer o reventar -ratifica Germán días después. Y repite la historia de Ana Beatriz y el íncubo. Los íncubos son unos demonios lascivos que se dedican a poseer mujeres. Pobre Ana Beatriz. Este íncubo, un tipo lleno de músculos invisibles, aparecía los martes y los jueves y...
Esta vez, Germán le hace unos agregados a la historia: voces graves, ojos desorbitados. Esas cosas. Después comprueba su peinado. Los rulos plastificados por el gel le caen sobre la frente y forman una V. Sigue con su exposición. Demonios. Capítulo dos.
-¿A vos te cabe alguna duda? Los Redonditos de Ricota hicieron un pacto con el Diablo. Tienen un disco que se llama Luzbelito. ¿Y sabés lo que quiere decir Kiss? Esos tipos que se pintaban la cara y pisaban pollitos no se pusieron Kiss por beso. Kiss es una sigla. Te la traduzco: Reyes Internacionales y Servidores de Satanás.
-Claro. K.I.S.S. Me parece que la K va en otra parte...
-Es creer o reventar.
Germán suelta la máxima y se va. Es tarde. El sol debe de estar en las tierra natal del pastor Kim.
* * *
Llamó pronto el pastor Kim. Ahora está en el café del hotel cinco estrellas, envuelto en un silencio de gomaespuma. Las paredes parecen succionar las conversaciones. Kim está con un hombre al que presenta como "un asesor". El asesor dice llamarse Adalberto Dal Lago y ser el coordinador de la Secretaría de la Producción del Municipio de La Matanza.
-Asesoro empresas -dice Dal Lago, que está al lado de Pablo Kim.
Y el reverendo cuenta que llegó a la Argentina en 1983, que en su iglesia hay un comedor comunitario, que asiste a drogadictos, que tiene una radio para difundir el evangelio, que apoya al intendente de La Matanza, Alberto Balestrini, que es amigo del diputado Luis D´Elía, que no promueve esos ritos en los que la gente se cae de espaldas. Pero a veces pasa.
-Mi esposa recibió una dentadura de oro.
Dal Lago escucha. Asiente.
-¿Usted es evangélico?
-No. Apoyo la obra del reverendo.
-¡Ah!
* * *
También hay muchos votantes en los barrios más pobres de Lomas de Zamora. Ahora, LA NACION está en el barrio Itatí. La iglesia se llama Puerta al Cielo. En el fondo está el escenario, de madera. El piso es de cemento. Pero el pastor, Mateo Gómez, es previsor: para que la gente no se enfríe la espalda cuando se cae, colocó una alfombra entre el escenario y las butacas. Parecen las butacas de un cine nuevo. Así de mullidas son.
La ceremonia empezó hace rato. Ya han hablado los individuos más cerriles del conurbano, que hoy sostienen la Biblia con esas manos que conocieron el crimen. Una mujer abundante, que se llama María Elena y a la que el Espíritu Santo le reparó el hígado fermentado por lustros de borracheras, está dando el sermón. La mujer aprieta los puños. Con fuerza. Como si tuviera una serpiente en cada mano.
-¡Vine con un montón de enfermedades por culpa del alcohol! ¡Hoy, con voz de trompeta, predico su palabra!
Lo dijo ella. Continuó, con un Fa que saturó los parlantes:
-¡¿Cuándo dicen amén esta noche?!
-¡AMEEEEN!
-¡Cristo es la vida! A esos que dicen: "Esta loca evangélica", bendita sea mi locura. Acá vino un señor de muletas que ahora da vueltas carnero. Y una señora que ahora puede comer huevos fritos. ¡¡¡CRISTO SANA!!!
La gente se pone de pie. Camina hacia adelante. María Elena y el pastor Gómez tocan frentes de mujeres y hombres y chicos. Se mueven como tentempiés. Hasta que se caen. Lloran. Muchos se entregan a una danza tribal. Atávica. Otros quedan tendidos en el piso. Y así.
Termina la ceremonia. Una mujer con la cabellera gris camina con pasos inseguros, como si sus piernas estuvieran a punto de ser vencidas por el peso de su joroba. La señora sonríe. Y Oscar Orellano, guitarrista y esposo de la evangelista María Elena, cuenta:
-Yo tenía sida. Un día me dicen: "El Señor te sana". Y el Señor me cambió la sangre. Ahora soy Universal.
-¿Y antes?
-Erre hache.
-¿Erre hache qué?
-No sé. Erre hache.




