
Dos cruceros para Japón
Por Juan José Cresto Para LA NACION
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El 3 de febrero de 1998 celebramos el primer centenario de amistad argentino-nipona y en febrero de 2004 recordamos la guerra ruso-japonesa, en la que intervinieron decisivamente dos cruceros-acorazados, el Moreno y el Rivadavia, vendidos a Japón por nuestro país. El artículo primero del tratado decía: "Habrá sólida y perpetua paz y amistad entre la República Argentina y el Japón y sus respectivos ciudadanos y súbditos". El presidente Frondizi firmó un segundo tratado que, prácticamente, reitera este artículo, como firme determinación de las dos naciones.
Entre 1890, cuando el canciller Bismarck se retira de la vida activa, y 1913, poco antes de la Primera Guerra Mundial, Europa y el mundo industrial vivieron lo que se dio en llamar "la paz armada". Una loca carrera armamentista amenazaba las economías y las conciencias de millones de ciudadanos, mientras se alentaban nacionalismos revanchistas y se iban delineando las futuras alianzas. Francia no perdonaba al imperio alemán por la anexión de sus regiones de Alsacia y Lorena y, por todos los medios, logró hacer un acuerdo con el débil e irresoluto zar de Rusia, Nicolás II.
La política japonesa consistía en buscar aliados confiables para expandirse en Manchuria y en China continental. Había dos tendencias: mientras que el Partido Jesukai, al que pertenecía el marqués Ito, buscaba una alianza con Rusia, que en esos días construía el ferrocarril transmanchuriano, el Partido Progresista, al que pertenecía el marqués Katsura, se oponía a ella y pretendía asociarse con Gran Bretaña, ya que rechazaba toda pretensión rusa sobre Manchuria. Esto se logró a través de un tratado, en 1901, por el que se establecía que en cualquier guerra de una de las partes contra cualquier nación, la otra se mantendría neutral, con lo que consiguieron evitar el apoyo inglés a los rusos. Rusia protestó y, pese a que había evacuado Manchuria, la reocupó en octubre de 1903, con general indignación europea y con el reclamo airado de Japón. La guerra era un hecho y Japón comenzaba a armarse rápidamente, lo que creó, además, una conciencia popular reivindicativa y patriótica. Los japoneses querían ir a la guerra y servir al Mikado.
De Chile a Yokohama
En tanto, la Argentina y Chile también habían iniciado una rauda carrera armamentista a raíz de las desinteligencias en la delineación de las complicadas fronteras comunes, constituidas por una de las cadenas montañosas más extensas del mundo. En 1881 se había firmado un tratado de límites, que fijaba lineamientos generales, pero se tropezaba en la demarcación del terreno para la implantación de los hitos. En 1893 se firmó otro protocolo complementario, que impedía a la Argentina tener costas en el Pacífico y a Chile tenerlas en el Atlántico. En 1896 se resolvió someter al arbitraje de la Corona británica las diferencias que los peritos de ambas partes sugirieran. Al término de la presidencia de José Evaristo Uriburu, la Armada argentina se había reorganizado, se habían comprado navíos de importancia, pero aún no igualaba el poder de fuego de la armada chilena, ni de su ejército, cuando ascendió al poder el general Roca, que ejercería su segundo período presidencial. Fue ministro de Relaciones Exteriores Amancio Alcorta y, a su muerte, Luis María Drago. Ellos harían honor al cargo asignado. El ministro de Marina fue el comodoro Martín Rivadavia, a quien se le debe no solamente la construcción de nuevos navíos, sino la incorporación de la marinería al servicio militar y la organización de la escuadra, con la colaboración de figuras como Guerrico, Domecq, Barilari y otros. Roca, a su vez, inició una apertura diplomática al mundo, y en 1898 se entablaron relaciones con un país geográficamente lejano, pues está en las antípodas, pero, en aquel entonces, simplemente ignoto: Japón. Con él firmó un tratado de amistad similar al que se había logrado con otras naciones.
Roca superó el diferendo con Chile, al entrevistarse con el presidente Errázuriz en los canales fueguinos, el 15 de febrero de 1899, aunque ese entendimiento personal no pudo detener el recelo entre las dos naciones hermanas ni el armamentismo consiguiente.
El buque-escuela fragata Sarmiento, que había integrado la flota que acompañó a Roca a Punta Arenas, siguió viaje por el Pacífico y visitó Japón, al mando del capitán Onofre Bedbeder. La nave fue recibida en el puerto de Yokohama el 11 de agosto de 1901. Allí permaneció once días. La dotación era de 336 hombres, entre los que había ocho oficiales de la plana mayor, cuarenta cadetes y siete ingenieros. Ellos fueron los primeros argentinos que pisaron suelo japonés. El emperador recibió a la plana mayor y el pueblo japonés recibió cordialmente a nuestros compatriotas.
Buques en venta
El conflicto entre Chile y la Argentina había originado cuantiosas erogaciones para ambos países. En diciembre de 1901, la Argentina sancionó la ley de servicio militar obligatorio. Se incorporaron los buques construidos en la presidencia de Uriburu, se encargó a los astilleros Ansaldo, de Génova, la construcción de dos nuevos cruceros acorazados, el Moreno y el Rivadavia, que se sumarían a los cuatro gemelos: el Garibaldi, vendido por Italia, desprendido de su propia flota, el San Martín, el Belgrano y el Pueyrredón, y se envió al entonces capitán de navío Manuel Domecq García a hacerse cargo de la inspección de los trabajos. Este marino, a quien mucho le debe el país por su profesionalidad, patriotismo y honradez, encontró serias dificultades para adaptar a los nuevos buques su artillería pesada, porque todos los astilleros ya trabajaban para la guerra que se avizoraba en el horizonte.
La carrera armamentista crecía, tanto como la preocupación de los inversionistas británicos, con cuantiosos intereses que defender, ya que la guerra paralizaría sus operaciones, pero en 1902 se firmaron los Pactos de Mayo, que limitaban los armamentos navales y requerían el desarme de los buques en construcción. Dichos pactos fueron varios tratados breves y concretos que tuvieron la virtud de cambiar el panorama en un instante.
A partir de la firma de los pactos se planteó otro problema diferente: ¿qué hacer con los barcos en construcción, prácticamente terminados? La crisis política que esto creó en los dos países fue incómoda. Estanislao S. Zeballos se oponía al desarme, porque nos dejaba en inferioridad respecto de Brasil y hubo un accidentado debate periodístico, lo que demoró la ratificación parlamentaria hasta el 30 de julio de 1903.
Fue Pellegrini, ya enemistado con Roca, quien antepuso su patriotismo a sus sentimientos en el momento decisivo de la discusión. Su palabra rectora arrastró a los dubitativos". ("¡Y, bueno! Si es todo lo que se obtuvo, ¡que sea!", dijo).
¿A quién vender los buques? Rusia los pretendía, pero su enredada burocracia los perdió -y, con ellos, la guerra- por absurdas demoras. La empresa Gibbs and Son fue agente de la Armada argentina. Con el mayor sigilo se vendieron los dos buques aparentemente a Gran Bretaña, pero el destino fue Japón. Se pagaron, el 22 de diciembre de 1903, en conjunto, 1.500.000 libras esterlinas al contado, con lo que la Argentina saldó lo que adeudaba al astillero Ansaldo y embolsó un resto.
Los barcos cambiaron de nombre por "Nisshin" ("Japón Adelante") y "Kasuga" ("Sol de Primavera"). La prensa se preguntaba si los había comprado el gobierno británico, ya que barcos de guerra ingleses acompañaron desde el Mar Rojo a los nuevos buques hasta llegar a destino. Japón rompió relaciones con Rusia el 4 de febrero de 1904. El 16 de ese mes se realizó una revista naval y los barcos vendidos por la Argentina, empavesados, fueron vitoreados por el público. El 11 de abril ya estaban incorporados a la flota imperial, listos para entrar en combate. Actuaron con brillo en toda la guerra. Fue hace cien años.





