
Drogas y rock & roll
Por Mex Urtizberea Para LA NACION
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Es cierto que quizá prohibiendo las fiestas raves y su música electrónica podría evitarse que nuestros jóvenes consumieran pastillas de éxtasis.
Claro que esta medida no acabaría con el resto de las drogas por lo que sería necesario también prohibir el reggae para evitar el consumo de marihuana.
Pero entonces, nuestros jóvenes podrían volcarse a otras drogas, de modo que sería imprescindible prohibir el rock para evitar el consumo de cocaína.
Por supuesto que con esto no se terminaría de erradicar la drogadicción, así que haría falta prohibir, además, el punk rock para evitar el consumo de heroína.
Evidentemente, esta lucha contra el flagelo de la droga sería en vano si no se prohíbe, asimismo, la cumbia villera, para acabar con el consumo de pasta base (alias “paco”).
Aún seguiría existiendo la problemática de la drogadicción de no prohibirse, también, el hip hop para evitar el consumo de crack.
Debería tenerse presente que nuestros jóvenes no estarían fuera de peligro de no prohibirse, además, la música dark, a fin de evitar el consumo de los cócteles de psicofármacos.
De paso, entonces, prohibir a los Beatles y acabar de esta forma con el consumo de LSD.
Ya que estamos, prohibir también a los Doors, y así evitar el consumo de hongos alucinógenos.
Y como además se ha detectado la existencia de cocaína en el tango, y de heroína en el jazz, parece no quedar más remedio que prohibir directamente la música.
De prohibirse la música se acabaría con el consumo de drogas en general y nuestros jóvenes se verían salvados de dicho mal.
Pero aún quedaría un riesgo: se ha comprobado que en verano es cuando más se consumen drogas; estación del año que resulta ser el escenario para todos los vicios. De manera tal que, para preservar la salud de nuestra juventud, habría que prohibir el verano, entero, de punta a punta, sin dejar un solo día librado a la tentación.
Sin verano y sin música, sólo restaría, para acabar con el consumo, seguir machacando con las tan bien pensadas campañas de prevención de la drogadicción. Como aquella protagonizada por Fleco y Male, dos dibujitos animados que, con la autoridad y la sabiduría de dos dibujitos animados, les decían por la pantalla del televisor a los adolescentes (los que atraviesan la complicada edad de querer dejar de ser tratados como niños pues comprenden que están ingresando al mundo adulto, y los angustia y rebela no compartir aún el código de dicho mundo) que no se droguen. Y el simpático Dr. Mirolli que intentaba, con falsedad tan bien disimulada, convertirse en el compinche de los que atraviesan la edad de atacar la hipocresía del mundo adulto. O aquel Sol sin drogas, que terminó siendo más bien un “drogas sin sol”, pero sólo por un error operativo. O la inolvidable campaña Los ganadores no usamos drogas, escrito en inglés, en remeras de top models y conductores televisivos que se paseaban por Punta del Este, y que, seguramente, hicieron recapacitar a los adolescentes acerca del sinsentido de la transgresión.





