Edgardo Carosella: una esperanza en el terreno de los transplantes
Científico de renombre, director del Servicio de Hemato-inmunología del Hospital Saint-Louis de París, este médico e investigador argentino hizo importantes descubrimientos a nivel molecular, aplicables tanto a evitar el rechazo de órganos como al tratamiento del cáncer. Acaba de recibir la medalla Blaise Pascal 2009
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PARIS
Quizás el más desatinado de todos los descubrimientos científicos del médico argentino Edgardo Carosella haya sido aportar la explicación biológica del complejo de Edipo o -para decirlo de manera brutal- la prueba fehaciente de que las madres nunca, jamás, se sacan a sus hijos de encima.
Esa hazaña no fue naturalmente la que, en 35 años de carrera, le valió cuatro condecoraciones, seis distinciones académicas y siete premios científicos internacionales. El último de ellos le acaba de ser otorgado por la Academia Europea de Ciencias: la medalla Blaise Pascal 2009 para la ciencia y la tecnología en medicina.
Tampoco es por eso que Carosella integra el comité de redacción de 11 publicaciones especializadas, 42 grupos de expertos y consejos científicos, y cuatro sociétés savantes .
Nacido en Buenos Aires hace 58 años, actual director de investigación en la Comisión de Energía Atómica de Francia y jefe del Servicio de Investigaciones en Hemato-inmunología del Hospital Saint-Louis de París, Edgardo Carosella apenas si consagró una ínfima parte de sus 253 publicaciones a esa cuestión. Su descubrimiento, por lo demás, no ha sido objeto de ninguna de las 22 patentes que registró.
Y sin embargo, ese es probablemente el episodio científico que más consigue emocionar a ese ferviente católico, casado con una inglesa y padre de dos hijas.
Como sucede en estos casos, la aventura que concluyó con ese inesperado descubrimiento comenzó con la manía de mirar a través de un microscopio.
Después de comenzar su carrera científica en el Instituto de Investigación Hematológica de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires, Carosella se instaló en Francia en 1976, invitado por el célebre científico francés Jean Bernard. Allí se incorporó al equipo del profesor Jean Dausset -Premio Nobel de Medicina en 1980- para estudiar el papel de la molécula HLA en la inmunidad celular y el trasplante alogénico.
Durante años, Carosella y su equipo disecaron (literalmente) a la lupa las capacidades protectoras de las moléculas HLA-A, B, C y D. Pero el gran descubrimiento se produjo cuando dieron un paso más en el abecedario y estudiaron la molécula HLA-G.
"En 1991, con mi equipo del Hospital Saint-Louis, demostramos que la molécula HLA-G, que aparece pocos días después que un espermatozoide fecunda el óvulo, es un importante inhibidor de la respuesta inmunitaria alogenética", precisó a LA NACION en su espartana oficina de ese complejo hospitalario ubicado en el Décimo distrito de la capital francesa.
En otras palabras, la molécula HLA-G impide a las células inmunitarias de la madre destruir los tejidos fetales. Esa molécula es la responsable de la tolerancia feto-maternal que permite la implantación del huevo fecundado en el útero, sin que lo destruyan las células "asesinas" maternas. "Esto quiere decir que, junto a los ya conocidos antígenos de identidad y de defensa de las molécula HLA anteriores, demostramos que también existen antígenos de tolerancia, gracias a la HLA-G", explica.
Pero Carosella también comprobó que la HLA-G permite a las células fetales placentarias introducirse en la sangre de la madre e incluso infiltrarse en sus tejidos.
"Más tarde descubrimos que esas células fetales persisten en el tejido de la madre 27 años después del embarazo. En otras palabras, desde el punto de vista biológico, un hijo no separa prácticamente jamás de su madre", resume.
Este descubrimiento? -¿cómo llamarlo? ¿psicoanalítico-biológico?- probablemente no revolucione la historia de la humanidad. (¿Acaso alguna madre esperó la aparición de la molécula HLA-G para saber lo difícil que es separarse de sus vástagos?) Su importancia fundamental se manifiesta en otras áreas. Por ejemplo en los trasplantes. Gracias a Carosella, ahora se sabe que activar la expresión de la proteína HLA-G en los órganos injertados reduce considerablemente los casos de rechazo.
La proteína HLA-G no sólo tiene virtudes. También posee la temible capacidad de ayudar a las células cancerosas a desarrollarse.
"Me dije, si la molécula se expresa para evitar el rechazo del embarazo y los trasplantes, también debe manifestarse en el caso de un cáncer, evitando el rechazo de las células cancerosas y permitiendo que el tumor se disemine", explica. Y así fue.
Pero los científicos tienen por suerte la capacidad de estar siempre convencidos de que no hay mal que por bien no venga. -Carosella está lejos de ser una excepción.
"En el caso del cáncer -explica-, también tenemos la posibilidad de bloquear la expresión de esa proteína para permitir a los soldados del organismo, es decir a las células inmunológicas, que ataquen correctamente las células cancerosas y las maten.
-¿Y entonces por qué la gente continúa muriendo de cáncer?
-Porque en medicina, como en amor, nunca se puede decir "siempre" y tampoco "jamás". Hemos descubierto un mecanismo más. Hace 35 años que trabajo en inmunología y sigo teniendo la impresión de que apenas conocemos 15 o 20 por ciento de la realidad. Sin embargo, nos defendemos bastante bien. Cuando comencé, los tumores de Hodgkin no se curaban, las leucemias tampoco. Hoy es perfectamente posible.
Pero creer que el alud de distinciones y aplausos que recibió Edgardo Carosella una vez que puso al descubierto las virtudes de su famosa molécula terminaría por apaciguarlo sería conocerlo mal.
Empecinado en comprender el mundo que lo rodea, consciente de que lo más inesperado puede ocultarse en cualquier sitio, ese hombre afable y entusiasta no sólo es científico, sino que un día, llevado de la mano de la inmunología, también comenzó a filosofar. Y, como no podía ser de otro modo, en ese terreno también terminó probando cosas nuevas.
"En realidad filósofos e inmunólogos siempre han tenido un punto en común: la reflexión sobre la identidad", señala Carosella.
El sistema inmunitario fue definido en 1949 como "la ciencia del sí mismo (el idéntico) y el otro". En 1953, cuando demostró la existencia del sistema HLA (por Human Leukocyte Antigen ), cuyos poliformismos consiguen que cada hombre sea diferente de otro, el profesor Dusset pudo afirmar que "cada individuo es único".
Gracias a hombres como Dusset o Carosella ahora es posible afirmar que filósofos, humanistas y teólogos tenían razón.
"La biología contemporánea demuestra aquellos mecanismos que permiten que cada uno de nosotros sea único. Esos mecanismos son genéticos, fenotípicos, es decir desde el punto de vista de los caracteres físicos, y ontogenéticos, me refiero a los procesos mediante los cuales el organismo se construye en el tiempo", afirma.
-Sin embargo la genética establece que, a pesar de ser únicos, somos también muy parecidos?
-Así es. El estudio completo del genoma humano permitió saber que los individuos son genéticamente parecidos en 99 por ciento. Esto significa que, de los 3200 millones de unidades de base que componen el ADN, sólo 3,2 millones divergen entre dos personas. Es a la vez mucho y muy poco. El error reside justamente en considerar que nuestra identidad es totalmente biológica y genética. En realidad, la unicidad humana no se encuentra sólo en la biología.
Para Carosella, la verdadera identidad y unicidad del hombre consisten en su libertad y en la universalidad de la razón. "La biología no nos impide ser libres. No nos priva de nuestra posibilidad de elegir. Si fuéramos 100 por ciento idénticos, no tendríamos ninguna libertad. Si fuéramos 100 por ciento diferentes, todo nos separaría", asegura.
-Mientras que...
-Mientras que siendo muy parecidos, y al mismo tiempo capaces de expresar nuestras diferencias, tenemos la posibilidad de diferenciarnos y de acercarnos.
Después de años de reflexión, Carosella está seguro de que la identidad del ser humano no es inmutable ni construida de antemano, sino producto de una historia. Esa construcción es parcialmente una autoconstrucción. "Construirse -concluye- es también aceptarse en tanto que un ser cambiante: aceptar cambiar, crecer, envejecer y finalmente morir."
Sus teorías parecen confirmarse hasta en el terreno psicoanalítico-inmunológico. Después de todo, hasta las células fetales de los hijos terminan un día por desaparecer de los tejidos de la madre.
Quién es
Nombre y apellido:
Edgardo Carosella
Edad:
58 años
De Barrio Norte a París
Estudió en la Universidad del Salvador y trabajó en el Conicet y en la Academia Nacional de Medicina. Nacido en Barrio Norte, reside en Francia desde 1976. Está casado y tiene dos hijas.
Nominado al Premio Nobel
Recibió numerosas distinciones y fue nominado en 2006 y 2007 para el Premio Nobel de Medicina y Fisiología. Integra diferentes comités científicos y tiene 22 descubrimientos patentados.





