
Eduardo Costa, el empresario que quiere terminar con la era kirchnerista en Santa Cruz
Diputado radical, intenta por tercera vez este año llegar a la gobernación santacruceña, apoyado en la crisis de liderazgo del oficialismo local
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RÍO GALLEGOS.- El domingo 10 de septiembre de 2006 por la tarde, Eduardo Costa recorría con su familia las góndolas de un supermercado cuando un comentario escuchado al pasar le cambió la vida: "Se está quemando el Hipertehuelche".
El empresario corrió hasta el lugar: las llamas de varios metros lo envolvían todo. El camión de bomberos se quedó sin agua y una cadena humana, a baldes, trataba de frenar lo inevitable. En horas, no quedaba nada de la casa central de la cadena de hipermercados que la familia Costa fundó en la Patagonia.
Los empleados lloraban, Costa también lloró esa noche. A sus íntimos les contaría después cómo la emoción por la ayuda solidaria y espontánea de la gente le dieron el impulso para meterse de lleno en la política. Pasaron nueve años. Hoy Eduardo Costa cumple su segundo mandato de diputado nacional, e intenta, por tercera vez, llegar a la gobernación santacruceña.
En 24 años de liderazgo kirchnerista en la provincia, es la primera vez que una figura de la oposición política está cerca de dar un batacazo como resultado de su propio crecimiento político, cultivado desde 2007, y también por la falta de liderazgos claros en el oficialismo que conforman el Frente para la Victoria y el Partido Justicialista. En efecto, la muerte de Néstor Kirchner trajo aparejada en Santa Cruz una crisis política que al día de hoy no se ha superado en el oficialismo provincial, disperso entre el kirchnerismo identificado con Cristina y los peronistas ortodoxos que comulgan con el gobernador Daniel Peralta.
Una nueva derrota en las manos de Costa en las legislativas de 2013 encendió la alerta en la Casa Rosada. "No podemos perder la provincia en manos de Costa", ordenó la jefa de Estado a Peralta. Inmediatamente reimplantaron la ampliación de la ley de lemas para que el PJ y el FPV puedan sumar votos entre sí pese a las diferencias y frenar a Costa.
Hoy Costa, con 53 años, un título de contador y otro de licenciado en administración de la Universidad de Belgrano, con estudios de posgrado en gerenciamiento estratégico, hijo de una familia tradicional, es el símbolo del ascenso social a través del trabajo y la educación.
Campaña profesional
Nada en él parece librado al azar; incluso su candidatura fue meditada durante mucho tiempo. Alto, delgado, ojos celestes, cuida su imagen por gusto y ahora por política. No fuma, se levanta a las 6.30 de la mañana, corre 5 kilómetros casi todos los días y estudia tres horas: el mismo ahínco que puso en consolidar su esquema de negocios hoy lo tiene dedicado a su candidatura a gobernador.
Le gusta recordar que tiene un origen humilde: "Me dicen que nací en cuna de oro, y eso no es cierto", afirma Costa respondiendo a sus detractores. Su padre, Carlos Costa, nació en Puerto Deseado. Allí era telegrafista del tren, pero conoció a Marta Suárez y decidió radicarse en Río Gallegos, donde ella fue empleada de maestranza de la Cámara de Diputados, y él durante un tiempo trabajó como estibador en el puerto antes de animarse a abrir una modesta ferretería. Con los años, el local crecería y podría costear los estudios en universidades privadas de sus hijos Eduardo y Horacio.
Cuando Eduardo regresó a la ciudad con el título de contador, empezó a trabajar en el corralón de la ferretería que ya había crecido, atendió al público y siguió su aprendizaje de campo. En los 90 compraron la fábrica de ladrillos El Tehuelche y dieron el gran salto: de los 80 empleados iniciales hoy tienen 2000 empleados en toda la Patagonia.
Fue su madre quien lo llevó al radicalismo, donde ella militó desde los albores de la democracia. La primera interna radical que disputó como candidato fue en el año 2007. Hasta ese momento su participación en el partido era como aportante de campañas. La aparición de su figura sacudió el tablero político del FVS y también de la oposición.
Costa hizo una campaña que tuvo mucho de marketing político, y recorrió miles de kilómetros uniendo cada pueblo de Santa Cruz. Esa campaña nunca se detuvo desde entonces. En octubre de 2007, pese a los revueltos meses de la crisis social que produjo la renuncia de un gobernador y los fuertes hechos de violencia, a Costa no le alcanzó para ganarle a Daniel Peralta, el hombre por el cual había apostado el presidente Néstor Kirchner poniendo a su disposición el aparato político.
La concertación opositora también estaba integrada por el ARI, presidido por Mariana Zuvic, la esposa de Costa, con quien tiene dos hijos, Carlos y Felicitas. Zuvic, en consonancia con Elisa Carrió, encabezó denuncias contra el Gobierno y en especial contra el empresario kirchnerista Lázaro Báez, quien suele ganar la mayoría de las licitaciones de la obra pública provincial.
Desde 2007, Costa no ha dejado de crecer. Se retiró poco a poco de sus negocios, y se dedicó a formarse como futuro gobernador. Él asegura que no es un recién llegado a la política, que siempre estuvo en la actividad gremial vinculada al mundo empresarial; de hecho, fue presidente de la Cámara de Comercio de Río Gallegos y de la federación provincial. Allí conoció a Kirchner. "Hay cosas que se han hecho bien y que se deben continuar", afirma al referirse al kirchnerismo, pero no deja de ser un crítico de las últimas dos décadas en Santa Cruz. "El peor legado que ha dejado Kirchner es el odio entre la gente", dice.
Es metódico y planificador. Anota cada una de las actividades en un cuaderno tamaño oficio de espiral que lleva a todas partes, junto a una cartuchera con fibrones de colores, lápiz y goma. Todos sus libros tienen anotaciones detalladas. Guarda todos sus cuadernos. No tiene una figura política con la que se referencie, insiste en que su esquema es ir tomando las buenas prácticas políticas y adaptarlas. En 2011, días antes de las elecciones, convocó a votar a Cristina como presidenta a través de una carta pública, asegurando que era lo mejor para la provincia. Hoy, enfrentado a ella, cultiva vínculos con Mauricio Macri y Sergio Massa.
En 2009, tuvo su espaldarazo político: le ganó al kirchnerismo las elecciones por la diputación nacional. Desde que asumió como diputado, su figura siguió creciendo y fue también víctima de escraches con pintadas e insultos en su local partidario y en alguno de sus comercios.
Costa explica que el marketing viral es la estrategia que encontró para enfrentar a la cerrazón de los medios en la provincia: se preocupa por actualizar su presencia en las redes sociales y en usarlas para su estrategia política. A su alrededor gira un grupo de asesores que lo acompañan desde 2007, atienden su actividad legislativa, su imagen, las encuestas, su aparición en los medios. La relación directa con el posible elector la atiende en directo, por teléfonos o en reuniones que todas las semanas organiza en la casa de vecinos. Él cree que ganar esta vez es posible.





