
El adiós del irresistible inspector Morse
Por Susana Pereyra Iraola Para La Nación
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Vive solo, se enamora de algunas mujeres con las que se cruza en su actividad profesional, y lo manifiesta con su particular reserva viril; es un gran bebedor de cerveza, que elige con criterio de conocedor; no llegó a graduarse en Oxford en humanidades justamente por un problema amoroso; ama la ópera y es un experto en compositores clásicos; conduce un Jaguar; cita con naturalidad autores literarios de diferentes épocas y las Escrituras, a veces en latín; individualista a ultranza, detesta asociarse a clubes de cualquier tipo, aunque los frecuenta cuando su trabajo se lo exige; trata a las mujeres, aun en situaciones límite, con ternura y cortesía. Es policía.
Lo que resulta irresistible en el inspector Morse es su inteligencia, su comportamiento variable entre el análisis, la observación, la perplejidad, la impotencia, el mal humor ante un jefe que le hace la vida imposible, los errores en los que se empecina, su relación profesional y de camaradería con su asistente el sargento Lewis, poco intelectual y de vida familiar opuesta a la suya, pero cuyo empeño, respeto, sagacidad y sentido común se complementan a la perfección con las virtudes de su jefe. Inspector Morse ha deleitado a televidentes que trascienden los aficionados al género policial por la complejidad social y psicológica que presenta cada capítulo, la extraordinaria capacidad del director para elegir actores y lograr actuaciones que no parecen tales, que develan los planos más secretos en la vida de una familia económicamente poderosa, una comunidad de clérigos, académicos que compiten por una cátedra, mujeres jóvenes que comparten una casa de estudiantes, vendedores y clientas de una concesionaria de automóviles.
"¿Por qué tiene que ser siempre el amor, el sexo y el dinero lo que uno encuentra en el origen de todos los casos?", masculla Morse en una escena. De eso se trata: el inspector descifra homicidios en una de las ciudades de más alto nivel intelectual del mundo, Oxford, y en cada caso le resulta muy arduo desenredar los hilos que tejen las conductas y sentimientos humanos, lo que se ve y lo que se oculta.
Punto final
Maestros en la narración policial, los ingleses se superan a sí mismos en esta serie cuyos personajes fueron creados por Colin Dexter y en la que ahora trabajan guionistas y revisadores de primera línea con un equipo de talentosos especialistas. Por el canal Film & Arts la serie atrae a muchísimos televidentes a los que no les gustará saber que el autor ha decidido poner fin a la vida de Morse, según informa un cable de Reuters. Esto habría ocurrido durante el capítulo difundido hace pocos días en Inglaterra, en momentos en que la serie cuenta con 750 millones de espectadores en cincuenta países. "Prefiero concluir mientras el programa es un éxito -declaró Dexter a Reuters- y no volverme repetitivo. Además, Morse es un hombre que no se cuida, bebe demasiado y padece diabetes; por otra parte, morirnos es algo que nos pasará a todos alguna vez. ¿Por qué no a él?" Autor de catorce novelas que tienen al detective Morse por protagonista, el autor considera que a los setenta años, después de haber completado treinta y tres capítulos de la serie, no se siente con la energía ni la capacidad para encerrarse en su casa y seguir escribiendo.
Dejar de ver al actor John Thaw en la pantalla resultará tan penoso como perder contacto con el talento y el agudo sentido de lo contemporáneo del escritor que dio vida al personaje. Morse es un hombre de clase media, educado, que únicamente siente ecos de lo divino "en algunos momentos, escuchando alguna música", y manifiesta poca paciencia con los los hornos de microondas y los grupos que ejercen alguna forma abusiva de poder o de disimulada injusticia sobre otros seres humanos. Tolerante con la vida familiar y burguesa de su colaborador (el actor es Kevin Whateley), intolerante con las hipocresías que se ocultan detrás de algunos prestigios sociales o académicos; amante discreto del arte y respetuoso del talento; terco, duro y eficaz cuando hay que serlo; irónico con mesura, implacable sin excesos, su arma principal para rastrear una historia personal, un secreto, una pasión, traición o ambición, lo que sea que conduce a personas absolutamente normales al crimen, es la inteligencia, en la que se concentran todos sus aprendizajes.
El inspector Morse debe de ser uno de los hombres más íntegros, humanamente creíbles y morales (sus historias lo son) que se hayan visto en un programa de cable durante el año.
"Me apenó el final. Por momentos no sabía dónde terminaba Morse y dónde empezaba yo -confesó John Thaw-. Una de las cosas que más me gustaban de él era su falibilidad: se convencía de una pista y se empeñaba tozudamente en seguirla." Sus admiradores le creemos: es difícil separar al actor del personaje. El inspector Morse es irresistible e irreemplazable. Ojalá Film & Arts todavía cuente con muchos capítulos para difundir.
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