
El amigo americano
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Juan Carlos Ortiz Almonacid aún no soñaba con la presidencia de Carlos Menem cuando conoció al hombre que lo llevaría a servir al reverendo Sun Myung Moon.
Según relató a La Nación , había conseguido entrar en la reunión anual de la Asociación de Editores de Periódicos de la Argentina (ADEPA), en el hotel Cataratas de Misiones, en septiembre de 1978, para denunciar la persecución de su modesta publicación, La Nueva Democracia.
En el almuerzo, dijo, quedó solo en una punta de la mesa. Un pelirrojo que fumaba en pipa le preguntó si podía comer con él.
Jerry Scott -se presentó-, jefe de prensa de la embajada norteamericana. Ortiz Almonacid descubrió con sorpresa que Scott conocía su biografía política.
"Usted actuó en el enjuiciamiento a (entonces presidente Héctor) Cámpora en Madrid", le dijo. Sí, contestó; fue cuando se acusó a Cámpora de haber permitido el acceso de la guerrilla al gobierno. También había logrado en 1975 que la Corte Suprema vedara al Partido Auténtico, impulsado por los Montoneros, el uso de símbolos peronistas en las elecciones misioneras.
En suma, era confiable para la embajada. Scott le explicó: "Estamos armando un banco de datos de dirigentes justicialistas". "Ya tenían contactos con sindicalistas, que aprovechaban la relación para blanquearse de algún modo en esa época de persecución", justificó Ortiz Almonacid ante La Nación .
"El me pidió datos e informes, que le di e iba chequeando con otros que tenía", contó. Scott -según precisó la oficina de prensa de la embajada a este diario- fue "asistente del agregado de prensa" hasta 1982, cuando estalló la Guerra de Malvinas.
Merced a su cooperación informativa, Ortiz Almonacid pasó a ser contacto de la embajada y luego, a raíz de encuentros realizados en Buenos Aires por la Cámara de Comercio Argentino-Norteamericana, de dirigentes políticos demócratas y republicanos.
El 7 de diciembre de 1984, un juez de Tucumán, Eduardo Bicharra, allanó la sede de la iglesia moonie en esa ciudad y detuvo a cinco personas por presunta corrupción de menores.
"Cuando surge esto, me llamaron de la embajada -contó Ortiz Almonacid-. La autoridad de la iglesia aquí era un norteamericano, Thomas Rutherford Field, y ellos querían que los defendiera.
"Para la embajada, evidentemente, esto era un caso político y yo tenía experiencia en esa materia, ya que había ganado dos recursos ante la Corte Suprema" (el segundo fue para proteger la libre circulación de la prensa, por su periódico).
Los moonies "contaban con un enorme poder político y económico en los Estados Unidos -acotó-. Tenían periódicos, influencia con los Reagan" (Ronald Reagan era, desde 1980, presidente norteamericano). No había otra explicación para que la embajada se interesara por la gente de Moon, que en diciembre de 1984 estaba preso en Connecticut por evasión de impuestos.
Intrigas
Para Ortiz Almonacid, había un componente político en el caso argentino: el ex dirigente nacionalista, luego animador televisivo, Guillermo Patricio Kelly, "se les tiraba en contra en combinación con el gobierno radical", acusó, aunque no explicó por qué.
¿Quizá porque tres semanas antes Moon había recibido un doctorado honoris causa del rector de la Universidad Católica de La Plata, Nicolás Argentato, un desarrollista que podría haber llegado a ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires si Herminio Iglesias hubiese ganado las elecciones de octubre de 1983?
Argentato fue desautorizado por la Iglesia Católica, pero argumentó que Moon había donado 120.000 dólares para la carrera de comunicación cuatro años antes. Algunos medios especularon que la derecha peronista podría reordenarse detrás de los designios (o el dinero) de Moon.
Sin que concluyera este escándalo, se había desatado el de Tucumán. Tras consultar al PJ local, Ortiz Almonacid presentó un recurso de hábeas corpus y denunció que sus clientes eran extorsionados. La Cámara Penal segunda de San Miguel de Tucumán puso a todos en libertad el 14 de diciembre.
Kelly denunció entonces ante la justicia que los moonies planeaban asesinar al presidente Raúl Alfonsín. Ortiz Almonacid replicó con otra denuncia, en la que pedía que se sometiera a Kelly a un peritaje psiquiátrico.
"Yo sabía que el padre murió en un hospicio", comenta, circunspecto.
Relaciones
"Desde entonces, me mandaron invitaciones -dijo-. Hicieron una reunión en San Pablo, en el Maxou Plaza Hotel, adonde también fueron el hijo de (Alvaro) Alsogaray, Violeta Chamorro, etcétera." Pero no se integró a la iglesia, aseguró, "porque soy católico y sólo me interesaban como clientes".
"Me quedó una gran vinculación con la embajada norteamericana", contó. Cuando testificó por la defensa en el juicio de extradición del ex ministro de Bienestar Social José López Rega, en Miami, los republicanos de Florida, como deferencia, lo rescataron del modesto hotel Delano, en que estaba, y lo instalaron en el Hilton, donde hacían su convención.
Allí, por intermedio de Ernesto Eladio García, un dirigente cubano-americano, conoció a Jeb Bush, hijo del entonces jefe de la CIA, George Bush. Este asumiría como presidente el 20 de enero de 1988; Jeb es hoy gobernador del Estado de Florida.
Carlos Menem ya era candidato justicialista a la presidencia y le pidió que lo conectara con Bush. Pero, de regreso en Miami, Ortiz Almonacid descubrió que, para sus amigos, Menem "era un delincuente subversivo que los militares tuvieron preso", según le dijo García; "tenían agendada" la candidatura del radical Eduardo Angeloz.
Le costó apenas arrancarles una participación en un canal hispano, donde hizo campaña en favor de Menem. Cuando volvió a la Argentina y le mostró el videotape, éste le pidió que le consiguiera una invitación a la asunción de Bush como presidente de los Estados Unidos.
Otra vez en la lucha, Ortiz Almonacid tropezó con una nueva dificultad: era imposible que el Departamento de Estado concediera una invitación a un mero candidato, porque suponía que los Estados Unidos se inclinaban por él.
Gracias a sus gestiones y relaciones, consiguió finalmente que el Partido Republicano extendiera una invitación propia a Menem. Pero éste, finalmente, no viajó y Ortiz Almonacid tuvo que ir en su lugar. "Ahí me confirmaron que Jeb Bush había hablado con el padre. Hicieron una revaluación de toda la situación", explicó.
El sueldo de Bush
A partir de 1989, Menem y Bush proclamarían su "amistad" ante el mundo, entre partidos de tenis y golf, y mutuas visitas a sus respectivas capitales.
En noviembre de 1996, cuando ya no era presidente, Bush volvió a viajar a Buenos Aires para hablar en el lanzamiento del periódico Tiempos del Mundo. Desde su partida de la Casa Blanca, él y su mujer habían pronunciado discursos en Asia y en los Estados Unidos para distintas organizaciones de Moon, a cambio de un sueldo considerable.
La prensa norteamericana ha especulado con que, además de obtener sus propios honorarios, Bush querría que Moon ayudara a financiar la candidatura presidencial de su hijo George Jr. el año próximo.
Menem lo alojó como invitado oficial, pero no asistió a la inauguración por consejo de la Cancillería y presión de la iglesia católica, pese a que había recibido al reverendo Moon un año antes en la residencia de Olivos.
"Me invitaron, pero no fui -aclaró, a su vez, Ortiz Almonacid, quien se haría famoso dos años después al reclamar ante la justicia la posibilidad de que Menem fuera reelegido por segunda vez-, porque estaba de por medio el Presidente."





