
El arte, la crítica y el mercado
Por Fermín Févre Para La Nación
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En mis cuarenta años de ejercicio de la crítica de arte tuve sobradas muestras de que se requería de mí que fuese un legitimador de la creación artística, tanto del pasado como, en particular, del presente. Ahora, la exigencia de este papel ha dejado de ser tal. Hay otros factores de legitimación: el marketing, la publicidad, los lobbies creados en torno a un artista para hacer de su obra objeto de la especulación financiera, y los lugares comunes que deja a su paso el efecto globalizador y su hijo dilecto, el " pensamiento único". Pocos se atreven a disentir, a querer introducir elementos de racionalidad en los análisis, a desmitificar las falsas valoraciones, a opinar con libertad contra la imposición de la corriente hegemónica. En el arte, como en tantos otros aspectos de la realidad, domina el mercado y son muchos los que lo sirven, deliberada o inconscientemente. En ese contexto, la acción legitimadora del crítico ha quedado muy reducida. Su voz, empequeñecida y aislada, solo toma cuerpo cuando se suma a los consensos establecidos hegemónicamente.
De Picasso a Barceló
Ahora creo que el crítico no debe ser un legitimador sino un "deslegitimador" que tenga el coraje de señalar las falsas valoraciones y dar su fundamento de ello. La muestra De Picasso a Barceló , que en estos días se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes, no escapa a esos condicionamientos. Antes bien, es fruto de ellos.
Lo primero que hay que señalar es que es una exposición que comprende un número muy reducido de obras del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (solo 106). Esto es comprensible, ya que se trata de una muestra for export que no incluye ninguna obra verdaderamente importante de las que alberga el Reina Sofía en su sede de Atocha, en Madrid. Las que se han seleccionado son en realidad menores en relación con el rico patrimonio que habituamente exhibe y con el que guarda en su reserva.
Baste decir que se exhiben cuatro estudios de composición realizados por Picasso para el Guernica de 1937 y recordar que el artista realizó nada menos que 43 dibujos y óleos preparatorios antes de su envío a la Feria Internacional de París de ese año y 18 después, cuando la obra ya estaba instalada. En total, 61. Las obras restantes de Picasso incluidas en la muestra no alcanzan a brindar una idea de su genio. Otro tanto ocurre con Salvador Dalí (solo dos obras) y con Joan Miró (seis). En cuanto a las tres pinturas de Juan Gris (de la colección de Telefónica, ya exhibidas en el mismo museo hace quince años), la del medio es marcadamente inferior.
Presencias y ausencias
La exposición deja mucho que desear en cuanto a la calidad y la representatividad de las obras elegidas. Eduardo Chillida, uno de los más grandes escultores de la segunda mitad del siglo XX, está escasamente representado. Lo mismo podría decirse de Antoni Tápies, de Manolo Valdés o de Manolo Millares (presente con una obra de nuestro propio museo, ex colección Di Tella).
Puede discutirse, también, el corte tajante que da inicio cronológico a la muestra con Picasso. La historia del arte es un conjunto de procesos diversos no unidireccionales que responden más bien a situaciones graduales. ¿Por qué no están Hermenegildo Anglada Camarasa, Julio Romero de Torres o Joaquín Sorolla en la muestra, cuando sí los vemos en las salas del Reina Sofía?
Entre los más recientes no se justifica la ausencia del escultor Pablo Serrano, y de los artistas actuales no se ha incluido a figuras que no se pueden obviar, como el pintor Cristóbal Toral o el escultor Agustín Ibarrola (ambos, en su momento conocidos y apreciados en Buenos Aires).
Si estas objeciones se pueden señalar para las ausencias, otras no menos objetables corresponden a algunas presencias que son puro marketing (José Manuel Broto, José María Sicilia y el propio Miquel Barceló podrían integrar la lista).
La muestra es más que polémica y no ofrece un panorama amplio y pluralista del arte español del último siglo. Más bien lo deforma. Pero esto ocurrirá mientras el mundo del arte sea guiado por razones tan discutibles como las ya señaladas.





