El arte y los robos por encargo

Por Sarah Lyall The New York Times
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20 de marzo de 2000  

OXFORD

EL intruso rompió una claraboya, se descolgó por una cuerda y arrojó una bomba de humo contra el piso de la Galería Hindley Smith. Al instante, la humareda cegó las cámaras fotográficas de seguridad. Las alarmas contra robo e incendio se desconectaron y se produjo un caos que le proporcionó unos valiosos segundos de ventaja. La policía, cuya versión damos, respondió a la alarma a la 1.43 de la mañana.

En menos de diez minutos, el ladrón se escabulló del Ashmolean Museum y se perdió entre la multitud que festejaba el Año Nuevo. Llevaba consigo lo que había ido a buscar: un óleo sobre tela de Cézanne, Anvers-sur-Oise , tasado en 4,8 millones de dólares. Pintado entre 1879 y 1882, marca un viraje importante en su obra. Fue lo único que el ladrón se robó, en una sala llena de obras de Renoir, Rodin y Toulouse-Lautrec.

El director del museo, Christopher Brown, se hallaba en Londres, contemplando los fuegos artificiales. A las 2.30, sonó el teléfono y un administrador del museo le anunció: "Tengo una noticia terrible". Brown regresó a escape a Oxford, a contemplar, espantado, el espacio vacío y, a sus pies, el marco destrozado. "Fue como si, al entrar en mi casa, la hubiera encontrado saqueada _recuerda_. Todo director de museo establece una relación intensa con las obras de arte de las que es responsable. Y este cuadro era algo muy íntimo para mí."

Iain Pears, exitoso autor de novelas policiales, cree que la bomba de humo estaba regulada para activar la alarma a medianoche, a fin de que los guardias lo atribuyeran al efecto 2000.

Submundo ignorado

El Ashmolean Museum, perteneciente a la Universidad de Oxford, se convirtió así en la víctima más nueva de una vieja plaga del mundo del arte: los audaces robos por encargo. Es un crimen profundamente vinculado con el submundo del narcotráfico y el lavado de dinero, aun cuando evoque imágenes de ladrones lánguidos, divertidos, que visten esmoquin y disfrutan coleccionando lo robado, ocultándolo en mansiones fabulosas construidas en remotas islas privadas.

A esta altura, es una teoría tan válida como cualquier otra. Tal la opinión de Duncan McGraw, vocero de la Policía del Valle del Támesis. Seis detectives investigan el caso sin que, hasta ahora, hayan descubierto nada. Callan algunos detalles del hecho para poder verificar la autenticidad de cualquier pedido de rescate, si lo hubiere. "Partimos de la teoría del robo por encargo. Probablemente, un amante del arte, residente en Gran Bretaña o en el extranjero, quiso incorporar ese cuadro a su colección y contrató a un ladrón profesional especializado para adueñarse de él."

Los expertos en rastrear obras maestras robadas admiten la posibilidad de un robo estilo Thomas Crown (personaje puesto de moda por el film que protagonizó Pierce Brosnan), pero lo juzgan improbable. "El público gusta del ladrón de arte internacional que recorre el mundo robando cuadros valiosos por placer, pero, sinceramente, me parece una teoría traída de los cabellos. La mayoría de las obras se roban por la facilidad con que se reducen en el mundo del hampa", expresa Malcolm Kenwood, ex detective de la División Antigüedades de la Policía de Sussex y actual gerente de servicios del Registro de Obras de Arte Perdidas.

Para los expertos, es casi imposible que el cuadro de Cézanne emerja en el mercado legal sin ser identificado como obra robada. No sólo está registrado en las bases de datos sobre robos de arte, consultadas por todos los subastadores y marchands decentes cada vez que sale a la venta una novedad importante; también es fácil de identificar como perteneciente al Ashmolean: basta consultar un libro sobre Cézanne.

Esto de nada sirve si el cuadro circula, de mano en mano, por el vasto submundo del arte, donde puede venderse por una fracción de su valor original hasta que finalmente, unos años después, reaparece en una venta lícita. Los robos de arte y antigüedades son un gran negocio; según estiman algunos expertos, cada año totalizan en el mundo unos 4800 millones de dólares. "Son piezas muy fáciles de transportar de país en país, mercancías valiosísimas que allanan el lavado de dinero. Las mafias suelen comerciar con ellas como actividad colateral, al negociar entre sí", explica James Emson, director gerente del mencionado Registro.

Inventario del crimen

Los cuadros robados de fácil identificación, hasta ahora no recobrados, suman decenas de miles. El Registro ha contabilizado 47 obras de Degas, 54 de Rodin, 142 de Rembrandt y 14 de Kandinsky. El Registro y el Grupo Thesaurus, otra organización similar, poseen sendas bases de datos con más de 100.000 piezas desaparecidas, desde pequeñas antigüedades con un mero valor afectivo hasta grandes obras de los viejos maestros. Por supuesto, no se limitan a lo robado por ladrones especializados.

El caso más espectacular de los últimos tiempos ocurrió en 1990, cuando dos hombres vestidos de policías persuadieron a los guardias del Museo Isabella Stewart Gardner, de Boston, de que les franquearan la entrada en plena noche, los ataron y amordazaron, y se llevaron un botín invalorable que incluyó El concierto , de Vermeer, y Tempestad en el Mar de Galilea , la única marina de Rembrandt. Nunca se encontraron las obras robadas, pese a haberse ofrecido 5 millones de dólares de recompensa.

Algunas reaparecen. En diciembre, Sotheby´s vendió por 26,57 millones de dólares Pava y frutas , de Cézanne. Había sido robado hace más de veinte años de una colección privada de Massachusetts. Lo identificó un asegurador del Lloyd´s consultando la base de datos sobre obras perdidas.

Otras se recuperan luego de que los ladrones piden un rescate. Tal fue el caso de El grito , de Munch, robado de la Galería Nacional de Oslo en 1994 y recobrado al frustrar la policía el cobro del rescate. El que aún no hayan pedido ninguno por Anvers-sur-Oise hace tanto más improbable su pronta reaparición. © La Nación

(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)

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