
El campo y sus expectativas
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La nueva conducción del Ministerio de Economía ha decidido crear una Secretaría de la Producción, que comprenderá las áreas de las tradicionales secretarías de Industria y de Agricultura y Ganadería.
Es probable que algunos empresarios del campo y de la industria expresen dudas o formulen reparos al hecho de que los organismos gubernamentales correspondientes a sus respectivos sectores pierdan su individualidad en el organigrama del Estado. Pero debe recordarse que lo fundamental no es la ubicación o el nivel jerárquico que se les otorgue a los funcionarios públicos en un esquema global de organización. Lo que realmente importa es que las políticas destinadas a dos sectores tan fundamentales para la vida económica nacional como son el campo y la industria adquieran la eficacia, la coherencia y la fuerza que en los últimos tiempos no tuvieron.
Es sabido que existen preocupación y desesperanza entre los productores del campo ante el desempeño decepcionante que ha exhibido hasta ahora la administración agrícola, en cuyo ámbito se produjo en los últimos tres años un notorio vacío de gestión. Esta columna editorial puntualizó reiteradamente la declinación que se registró en el desenvolvimiento de la Secretaría de Agricultuta, Ganadería, Pesca y Alimentación durante las dos últimas gestiones de la administración justicialista.
La sola nominación de la cartera agrícola indica las importantes áreas de la economía sobre las cuales debe ejercer sus funciones. Los cultivos agrícolas y la ganadería fueron desde antaño los ámbitos abarcados por los titulares del tradicional edificio de Paseo Colón. A esas funciones se agregó primeramente la pesca, con su compleja madeja de temas productivos, de preservación y vigilancia del recurso ictícola y de participación en la diplomacia comercial. Finalmente, se agregó la competencia sobre el área de la alimentación, lo que significó incorporar temas agroindustriales y de servicios, con la intención de procurar un retorno del país a su condición de proveedor mundial, no sólo de materias primas agrícolas sino también de alimentos procesados en cadenas productivas, proyectadas hasta los consumidores.
Dada la importancia de las exportaciones agroindustriales nacionales, que suman el 60% del total exportado, el organismo a cargo de la Agricultura y la Ganadería debería acompañar con celeridad, eficacia y talento los estudios y las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio, en el Mercosur y en el Alca, así como en los vínculos con la Unión Europea y en las relaciones bilaterales con todas las naciones.
Tres son las principales fallas que se registran. La más evidente y grave es la que concierne al fracaso por la reaparición de la aftosa. Se evidencia ahora el error de haber suprimido la vacunación obligatoria antes de proceder a la adopción de medidas preventivas, que no fueron adoptadas tampoco por el gobierno de la Alianza. Se trata, pues, de responsabilidades compartidas por los sucesivos gobiernos, aunque en las instancias más recientes se advirtió una agudización de las deficiencias, lo que motivó los pedidos de renuncia de varios sectores -y también de este diario- al titular de la cartera de Agricultura yGanadería.
Un segundo retroceso está referido a la erosión de la capacidad de los grupos profesionales para afrontar las negociaciones atinentes al sector, en tanto que un tercero se refiere al lento desenvolvimiento de las estructuras burocráticas, así como a los tintes políticos que exhibían las decisiones habituales de la cartera.
La crisis del agro, que ha sumado ahora al sector ganadero, corroído por la crítica situación de su sanidad, exige hoy una administración sólida, motivada y dinámica, que supere las graves deficiencias puntualizadas.
Con el cambio de autoridades que se ha producido -y con el empuje que seguramente le dará a su gestión el nuevo secretario de la Producción- se abre una inmejorable oportunidad para que el campo y la industria empiecen a liberarse de las cargas que pesan hoy sobre los sectores productivos y encuentren el camino de su recuperación.





