
El caso de la tilde fugitiva
"Cuando abrí el suplemento Enfoques del domingo 25 de septiembre, me detuve en el llamativo título de tapa que preludiaba el artículo desarrollado: «LA INTERNA DE LOS PULPITOS» (sic)", comienza su carta el lector Sebastián Campo.
"Apremiado por la curiosidad, debo confesarlo, prescindí de la aclaración que, en tamaño mucho más pequeño y en el ángulo superior derecho de la página, ilustraba suficientemente sobre el tema a desarrollar. Y por unos segundos me pregunté intrigado en qué disenso podrían andar gastando su tiempo marino esos deliciosos moluscos cefalópodos dibranquiales y octópodos de corta edad", continúa risueñamente.
"La duda se disipó de inmediato, apenas leí el copete introductorio con el cual Ana Gerscherson, la autora, compactaba su investigación sobre liderazgo e ideologías en la Iglesia Católica. Y me quedó bien entendido que el título significaba «LA INTERNA DE LOS PÚLPITOS». La confusión se esfumó y disfruté tanto de la excelente nota como del soleado domingo.
"Pero encarezco, ahora, que su erudición auxilie mis conocimientos, porque análogas situaciones se producen con frecuencia (hasta el mismísimo nombre o marca del diario presenta esa irregularidad). ¿Aún subsiste aquella regla por la cual debían acentuarse ortográficamente todas las palabras del idioma que así lo exigieran? ¿O existe alguna «dispensa» lingüística que exima de marcar la tilde de acentuación en los vocablos que corresponda cuando estos estén escritos en letra mayúscula? ¿Es una cuestión de conveniencia tipográfica, de imposibilidad tipográfica o de desidia tipográfica?
"De más está señalar que si la autora quiso ironizar con el título y, en su criterio, algo tienen en común los moluscos bebé y los obispos, queda a su disposición mi más enfática disculpa", concluye el lector.
Está muy bien lo que apunta Campo con respecto al uso de las tildes en las mayúsculas. En la última edición de la Ortografía de la lengua española , de 1999, la Real Academia Española insiste en la obligatoriedad de acentuar gráficamente las mayúsculas, porque "la Academia nunca ha establecido una regla en sentido contrario".
Pero también es cierto que, como durante mucho tiempo hubo dificultades para poner las tildes en las mayúsculas con los medios de composición o escritura mecánica tradicionales, se daba por sentado que los diarios podían no acentuar las mayúsculas en una especie de, como sugiere Campo, "dispensa" gramatical.
En la actualidad, la ausencia de tilde no se justifica en los medios gráficos porque los textos escritos con los modernos procesadores de textos pueden utilizarla perfectamente.
Sin embargo, y en el caso específico de la consulta de nuestro lector, podría argüirse, parafraseando a Pascal, que "el diseño tiene razones que la gramática no entiende". Y en este caso, la explicación para la ausencia de la tilde en púlpitos sería más bien estética.
En cuanto al título del diario, no sólo no se usa la tilde en el nombre cuando encabeza la tapa, sino que cada vez que aparece en un texto en el interior se escribe en mayúscula y minúscula, pero en versalita y sin tilde: LA NACION, pero ésta es una decisión editorial muy extendida, como puede comprobarse comparando los encabezamientos de otros diarios.
Memorias del latín
Las Memorias de Adriano siguen dando tema a los lectores de esta sección, con contribuciones muy apreciables, como se verá.
Así, Tulio Stella señala: "En la bibliografía de Marguerite Yourcenar figura el libro Con los ojos abiertos , Emecé, 1982, traducción de Les yeux ouverts , ...ditions du centurion, Paris, 1980. El libro trae una larga entrevista con la autora, realizada por Matthieu Gales; casi al final, Yourcenar dice que «Adriano habla de morir con los ojos abiertos, y es con esa intención que hice vivir su muerte a Zenón (el protagonista de Opus nigrum )».
"Creo que es posible que la persona citada por Tomás Eloy Martínez se refiera a esa entrevista", concluye el lector.
Pero la cita de Memorias... también ha dado motivo a otra carta, llena de nostalgia. Pertenece a Salomón Moadi y encierra un pedido: "Una sorpresa hermosa he tenido hoy, al leer el «Diálogo semanal». Hace tiempo que estoy tratando de obtener el poema Animula uagula blandula , del emperador Adriano, sin conseguirlo.
"Lo estudié en la escuela secundaria, hace ya más de 60 años, en latín, por supuesto. Espero haber terminado la búsqueda. Me atrevo a solicitarle este poema bellísimo, según mi gusto, por el medio que usted decida. En latín, pues la traducción ya se publicó el lunes 21 del actual".
El pedido del lector Moadi es complacido en este acto, por este mismo medio para que todos puedan compartirlo con él, y en latín. Escribió pues el emperador Adriano:
"Animula, uagula, blandula, / hospes comesque corporis, / quae nunc abibis in loca / pallidula, rigida, nudula, / nec, ut soles, dabis iocos..."
Una última observación. Para los que quieran unir "lo útil a lo agradable", como aconsejaba el poeta latino Horacio, y leer el poema de Adriano en latín y las Memorias de Adriano de Yourcenar, en la traducción de Julio Cortázar, están editados juntos en el ejemplar de Biblioteca LA NACION, 2001.
De las Memorias... se toma el párrafo siguiente, muy adecuado para cerrar este "Diálogo": "(...) y los libros, con los errores particulares de perspectiva que nacen entre sus líneas. He leído casi todo lo que han escrito nuestros historiadores, nuestros poetas y aun nuestros narradores, aunque se acuse a estos últimos de frivolidad; quizá les debo más informaciones de las que pude recoger en las muy variadas situaciones de mi propia vida. La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana, un poco como las grandes actitudes inmóviles de las estatuas me enseñaron a apreciar los gestos. En cambio, y posteriormente, la vida me aclaró los libros".






