
El crimen de Katyn
Enrique Tomás Bianchi Para LA NACION
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La proyección en nuestro país del film Katyn , del famoso director polaco Andrzej Wajda, mueve a recordar los dramáticos hechos a que se refiere. En agosto de 1939 se firmó el pacto de no agresión entre la URSS soviética y la Alemania nazi, conocido como "Molotov-Ribbentrop" (por los ministros que intervinieron). Una cláusula secreta concernía al "reparto" de Polonia entre ambos países: uno de los tantos que Polonia sufrió durante su historia, tironeada entre sus poderosos vecinos. La parte occidental quedaba para el III Reich y la oriental, para la URSS. El 1° de septiembre de 1939, Alemania invadió por el Oeste, y días después, el 17 de ese mismo mes, el Ejército Rojo hizo lo propio por el Este.
Stalin se vengaba, así, de las frustraciones sufridas por la URSS en la guerra ruso-polaca de 1920, iniciada por los soviéticos -que no pudieron tomar Varsovia- y terminada con la Paz de Riga en 1921.
En lo que aquí interesa, miles de oficiales polacos quedaron -en la parte sometida desde 1939 a los soviéticos- en poder de estos. Estaban en tres campos de concentración: Kozielsk, Ostaszkow y Starobielsk. Muchos de entre ellos eran "reservistas", o sea, civiles pertenecientes a la dirigencia polaca (estudiantes, médicos, abogados, etc.).
El 5 de marzo de 1940, el Politburó soviético (Stalin, Molotov, Beria, entre otros), ordenó la ejecución de los "nacionalistas y contrarrevolucionarios" polacos. El procedimiento lo haría por la temible NKVD (policía política) "sin convocar a las personas arrestadas y sin comunicarles la acusación ni la decisión de cerrar la investigación ni la condena final". La "prueba" eran solamente los papeles de la NKVD. Se suponía a las víctimas "hostiles al poder soviético".
Entre febrero y abril de 1940, fueron eliminados por balazos en la nuca miles de detenidos. Los de Kozielsk son ejecutados en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk. Como esos cadáveres fueron los que primero se descubrieron, el nombre del lugar quedó -de ahí en más- asociado a la masacre total, que comprendió también a la población de los otros "campos".
Ahora bien, el 22 de junio de 1941, la Alemania nazi invadió la URSS (Operación Barbarroja), que tomó de sorpresa a Stalin, que no creía que Hitler atacara antes de haber terminado la guerra sobre el frente oeste.
Los alemanes descubrieron, en su marcha hacia el Este, los cadáveres de Katyn. Ya en agosto de 1941 exhumaron centenares de cuerpos, pero sólo en la primavera de 1943 Radio Berlín hizo público el hallazgo de los restos de más de 4000 asesinados por la NKVD. Para esa fecha, las fuerzas alemanas habían sido derrotadas en Stalingrado y estaban en retroceso. Katyn fue utilizado por Hitler y sus secuaces como prueba de la barbarie "judía y bolchevique" a la que había que aniquilar. Se llamó a expertos de varios países -casi todos ocupados o aliados del III Reich- que dictaminaron que las muertes databan de la primavera de 1940 (con la ocupación soviética). El tema Katyn quedó, pues, contaminado por la propaganda nazi.
Cuando los soviéticos retomaron la zona, nombraron otra comisión (la llamada Burdenko), que concluyó que los autores de la masacre habían sido los alemanes. Sobre esa base, la URSS pretendió, sin éxito, que el de Katyn fuera considerado uno de los crímenes por los que el Tribunal Internacional de Nürenberg condenó a varios jerarcas nazis.
Hasta la época de la perestroika de Gorbachov, la versión oficial en Europa del Este fue que la masacre había sido consumada por los alemanes. Quien sostuviera lo contrario, era sospechoso de simpatizar con los nazis, probados autores de crímenes horrendos. En 1985, el gobierno comunista polaco erigió un monumento a la memoria de los asesinados en Katyn, en el que se aludía a las víctimas del "fascismo hitleriano". Pero el 19 de abril de 1990 la agencia soviética oficial (TASS) confirmó que quien había eliminado a los miles de militares polacos de los campos de Kozielsk, Ostaszkow y Starobielsk había sido la NKVD y que ello constituía uno de los más espantosos crímenes de Stalin. Para esa fecha, ya varios historiadores rusos (Charlomow, Lebiediewa, Parsadanowa, entre otros) habían aprovechado los nuevos aires de libertad y se interesaban en el tema.
El 14 de octubre de 1992, el presidente ruso Boris Yeltsin transmitió al presidente polaco Lech Walesa constancias de un expediente (hasta entonces confidencial) en el que constaba la orden del Politburó del PC soviético del 5 de marzo de 1940, que disponía la masacre, y también que, en marzo de 1959, el entonces secretario general del PC (Nikita Kruschev) había ordenado destruir 21.857 legajos personales de las víctimas polacas.
En el film de Wajda -hijo, él mismo, de uno de los asesinados en Katyn- se recrean los hechos y el dolor de las familias, que no pudieron procesar sus duelos porque la verdad les fue escamoteada durante mucho tiempo. En Polonia, en la época de dependencia de la URSS., poner una placa mortuoria que dijera "Katyn-1940" significaba tanto como insubordinarse contra el "hermano mayor" soviético y cuestionar la historia oficial. Prohibido, entonces.
En Francia, alguna crítica se ha levantado contra Wajda por equiparar a alemanes y soviéticos como "predadores del territorio nacional polaco", lo que sería una asimilación criticable. Se ha respondido que eso fue lo que sucedió en el período que va desde septiembre de 1939 hasta la invasión nazi de junio de 1941 y que, lo que verdaderamente pasó en Europa occidental, fue que el dogma ideológico impidió, durante mucho tiempo, medir con la misma vara los crímenes de Hitler y de Stalin. La izquierda francesa habría guardado un largo silencio acerca de la invasión de Polonia por el Ejército Rojo y sobre los crímenes soviéticos, así como sobre Katyn. Ha sido indulgente -se dice- con relación a Stalin (Michnik, Adam, en Le Monde , 15/4/2009).






