
El deseo natural de saber
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Según los filósofos, el ser humano busca el saber y los científicos han concedido al hombre el calificativo de sapiens. Lo dijo Aristóteles: "Todos los hombres quieren, por naturaleza, conocer".
Hay muchos indicios de que el cerebro humano se transforma durante el proceso de aprendizaje. Con los recursos de la ciencia actual podemos observar cambios profundos en la química y en la física de las neuronas y en la organización de los circuitos nerviosos durante el aprendizaje.
Se puede hablar de "un cerebro educado". Pero debemos reconocer que la educación no se puede identificar con el mero aprendizaje. Una persona educada es mucho más que una persona que ha aprendido algo; es alguien que vive plenamente en una cultura que es común a muchos. En algunos casos excepcionales aquella persona logra también enriquecer esa cultura en la que se encuentra inserta.
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Uno de estos casos ha sido el príncipe Federico Cesi (1585-1630), que en 1603, siendo muy joven, fundó en Roma la Academia de los Linces, la primera academia científica de Europa. En 1611 Cesi invitó a Galileo Galilei a formar parte de esta institución, que el gran sabio habría de llevar a la fama.
La Pontificia Academia de Ciencias , sucesora de aquella academia, se dispone a celebrar sus cuatro siglos de vida con varias reuniones y publicaciones. Una de ellas es la edición italiana-inglés del texto "El deseo natural de saber de Federico Cesi", un excelente modelo de tolerancia y de método.
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La propuesta originaria del programa Linceografo de esta academia es un ejemplo de coraje, solidaridad, honestidad e inspiración. Allí se leen frases como ésta: "La Academia será una congregación, un verdadero retiro para profesores, escritores y experimentadores en filosofía (ciencias) y matemáticas... filología... Unida y fundada en el amor y respeto entre colegas... Superará con el ardor de su afecto, con el estímulo de gloria y con la ayuda de los medios adecuados cada uno de los obstáculos, no sólo con su esfuerzo y constancia, sin distracciones o antagonismos, en la búsqueda permanente de estas ciencias, nobles y abandonadas, sino también para ilustrarlas con el trabajo personal y para volcarlas en beneficio público".
Ha pasado mucha agua bajo los puentes de Roma desde entonces, pero esta propuesta sigue iluminando todos los centros del saber dignos de este título en el mundo.






