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OPINIÓN

El feriado que no fue

El cambio de parecer del Gobierno sobre la llegada de los subcampeones mundiales trae a la memoria cómo en las últimas décadas los triunfos o las grandes gestas deportivas y el fervor popular posterior se han entremezclado con el cálculo político

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El mensaje de Milei sobre la posibilidad de un feriado tras la final del Mundial
El mensaje de Milei sobre la posibilidad de un feriado tras la final del Mundial
Pablo Mendelevich
Por Pablo MendelevichPARA LA NACION
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Hace cuatro años el rey Salmán bin Abdulaziz inventó en Arabia Saudita un feriado que no figuraba en el almanaque. Su país no había ganado un mundial ni había salido subcampeón. Sólo acababa de vencer en el debut de Qatar a la Argentina, cuya Selección venía invicta 36 partidos seguidos (no es necesario recordar quién ganó después ese mundial).

“Paraguay nunca se rinde, ¡feriado, carajo!”, tuiteó por su parte el presidente Santiago Peña hace sólo tres semanas. Peña dispuso paralizar la nación debido a que el seleccionado paraguayo había sacado a Alemania del Mundial.

Un caso aún más prematuro, si cabe el término, fue el de Panamá en 2017. A propósito del Mundial de Rusia el gobierno decretó feriado nacional súbito: Panamá se había clasificado.

El agasajo en la Casa Rosada al seleccionado  luego de obtener el subcampeonato mundial de fútbol en Italia 1990
El agasajo en la Casa Rosada al seleccionado luego de obtener el subcampeonato mundial de fútbol en Italia 1990DyN - Archivo

Durante el Mundial de Italia 1990, después de que Camerún le ganó en el debut a nuestro país (si hay alguien que nunca falta en el fútbol ese es nuestro país), el presidente Paul Biya, quien ascendió al poder a la par de Galtieri y esta mañana seguía gobernando Camerún, decretó feriado para el día siguiente. El festejo se eternizó. Las fábricas, oficinas públicas y los comercios cameruneses, con consentimiento oficial, dejaron de funcionar durante tres semanas.

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Cuando una desconocida selección de Corea del Norte eliminó a Italia en el Mundial de Inglaterra 1966, el régimen de Kin Il-sum organizó festejos masivos por el “triunfo del sistema socialista” sobre el capitalismo europeo (y después nos quejamos de que el kirchnerismo lo ideologiza todo). Primero que nada Kin dispuso un feriado. Controlados igual que cada gesto facial de cada habitante en Corea del Norte, los festejos incluyeron cerveza gratis para el pueblo y también -esto fue aún más original- la liberación de algunos presos mediante una amnistía. Para recibir a la selección en Piongyang se hizo un imponente desfile militar.

Felipe VI y la reina Letizia, junto a la princesa  Leonor y la Infanta Sofia en el Palacio de la Zarzuela, junto al equipo español que obtuvo el campeonato mundial,
Felipe VI y la reina Letizia, junto a la princesa Leonor y la Infanta Sofia en el Palacio de la Zarzuela, junto al equipo español que obtuvo el campeonato mundial, José Oliva - Europa Press

El lunes pasado los reyes Felipe VI y Letizia recibieron al seleccionado español en el Palacio de la Zarzuela y luego los jugadores se trasladaron al Palacio de la Moncloa para ser saludados por el presidente del gobierno Pedro Sánchez. En las calles se juntaron cerca de dos millones de personas alborozadas con el triunfo logrado en Estados Unidos. Pero en España no hubo feriado.

Tal vez Milei se inspiró en los ejemplos de Arabia Saudita, Paraguay, Panamá, Camerún y Corea del Norte -ninguno que sea un modelo republicano, mucho menos los dos últimos- cuando se le ocurrió inventar, el domingo por la noche, un feriado nacional por haber salido segundos en un campeonato, formato hasta ahora inexplorado, en todo caso con reminiscencias del día en que el presidente Alberto Fernández organizó una concentración en Plaza de Mayo para festejar que su gobierno había perdido las elecciones. Eso sucedió el 17 de noviembre de 2021. Entonces el presidente Fernández nos dejó como único orador una de sus profundas enseñanzas: “el triunfo no es vencer sino nunca darse por vencido”.

Si bien no decretó feriado por la derrota del peronismo sí lo hizo al año siguiente por el atentado fallido contra Cristina Kirchner. Un récord para el Guinness: nunca en la historia de la Humanidad el motivo de un feriado había sido un atentado fallido. Poco después Fernández volvió a disponer feriado -eso le salía fácil- debido al triunfo en el Mundial de Qatar. Un acontecimiento infinitamente feliz para la mayoría de los argentinos del cual su gobierno intentó colgarse de manera tosca sin tener en cuenta que después de la experiencia de 2014, cuando la presidenta Cristina Kirchner manipuló a la selección de Alejandro Sabella que en Brasil obtuvo -igual que ahora- el segundo puesto, dejó a los jugadores vacunados contra la propensión de la política a succionar gloria ajena.

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Uno de los encuentros de Cristina Kirchner con Alejandro Sabella, antes del Mundial de Brasil 2014
Uno de los encuentros de Cristina Kirchner con Alejandro Sabella, antes del Mundial de Brasil 2014

Si es por feriados, ni Videla en 1978 ni Alfonsín en 1986, presidentes antitéticos entre sí, los dispusieron. Tampoco la presidenta Cristina Kirchner en 2014, es cierto, pero viene al caso recordar cómo se puso ella a sí misma en el centro de la fiesta durante la llegada de aquellos subcampeones capitaneados por primera vez por Messi. Fue en un acto trasmitido por cadena que se organizó para recibir al plantel en el predio de la AFA. Antes que nada la presidenta informó a los jugadores y al país que no había visto ningún partido, ni siquiera la final con Alemania el día anterior, pese a lo cual luego derramó opiniones sobre diversas jugadas y lesiones y hasta le reprochó a Gonzalo Higuaín haber errado el gol. Como maestra de ceremonias sobregirada de elogios poco ilustrados forzó a hablar ante las cámaras a los jugadores, incomodó a Messi y a Javier Mascherano y empujó a Sergio “Chiquito” Romero a recrear en el salón una situación de cancha. Fue un acto peronista incrustado en una proeza deportiva. La política embadurnando partidos apartidarios, podría decirse.

No hay ninguna duda de que a Milei le sobran razones para pisar con cuidado ese pantanoso terreno postmundial que se regula con las mareas de la incomparable emocionalidad colectiva a cielo abierto producidas cada cuatro años por el fútbol más elevado.

Al parecer con sus propios pulgares, quizás sin alguien cerca que moderase su inestable temperatura corporal de hincha de fútbol apasionado, Milei tuiteó el domingo: “dada la inquietud sobre los festejos por el logro alcanzado por la selección argentina, comunico a la población (sic) que, en función de lo que decidan los jugadores y el cuerpo técnico respecto del día para celebrar, el mismo será declarado feriado nacional”. (Con el afán de mejorarle un poco la gramática algunos diarios se atrevieron a retocar el texto presidencial antes de publicarlo; El País de Madrid, por ejemplo, puso: “este será declarado feriado nacional” en vez del horripilante “el mismo…”).

Igual la idea duró menos de lo que tarda la Tierra en completar una vuelta sobre su eje. Milei ventiló el lunes que el gobierno les había ofrecido seis opciones de festejo a los jugadores, pero frente a la tristeza de no haber ganado ellos decidieron, dijo, no hacer festejos. A esa hora la televisión lo contradecía. A través de la autopista Ricchieri varios miles de personas se encolumnaban con la selección en una caravana que desandaba los 12 kilómetros que hay entre el aeropuerto y el predio de la AFA. Con recíproca entrega, la muchedumbre reverenciaba a los viajeros recién llegados del centro del mundo. Idilio correspondido. Para estar frente a frente ambas partes fingieron ignorar la hostil combinación de siete grados y llovizna pertinaz.

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Con presencia de Granaderos, representantes de las Fuerzas Vivas y la Fanfarria Alto Perú, los integrantes de la selección argentina fueron recibidos este lunes en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza
Con presencia de Granaderos, representantes de las Fuerzas Vivas y la Fanfarria Alto Perú, los integrantes de la selección argentina fueron recibidos este lunes en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza

El dato significativo fue que en el aeropuerto, donde el gobierno organizó un recibimiento almidonado con granaderos y Fanfarria Alto Perú, los jugadores decidieron desechar el ómnibus cerrado que estaba a su disposición y optaron por el otro, el descapotable, el que no tiene techo precisamente para que los cracks pudieran ser vistos, vivados, venerados, agradecidos, y para que ellos a su vez agradecieran el tan mentado estratégico apoyo popular, todo lo cual supone, más allá de alguna lágrima que la humedad diluyó, celebrar la hazaña. Ese modelo de ómnibus rebanado remite a 2022, cuando a paso de tortuga, entonces sí con Messi incluido, el mismo vehículo perforó un enjambre humano de cinco millones de personas nunca antes visto. Pero anduvo desde el predio de la AFA sólo hasta Villa Lugano. No pudo ni arrimarse al Obelisco. La peregrinación triunfal se canceló de manera abrupta cuando quedó en evidencia que los riesgos de seguridad eran demasiado altos. Los jugadores finalmente llegaron al Obelisco a bordo de cinco helicópteros que sólo sobrevolaron la inmensa concentración. Por una cosa o por otra las selecciones campeonas a las veredas del Obelisco nunca llegan.

He aquí todo lo que está detrás de las vacilaciones cruzadas de ahora, de las marchas y contramarchas: la prevención del Gobierno para no parecer apropiador de gloria, el recelo de los jugadores para no sentirse usados, el desconcierto de los hinchas que quieren festejar con los ídolos y, más que nada, lo que representa la duda shakespeareana de esta hora: si pesa más la melancolía plúmbea por no haberse obtenido el título o la complacencia por lo que se logró, el subcampeonato y la mejor selección de la historia.

Milei advirtió que tenía que hacer un delicado equilibrio entre cuatro cosas: el estado de ánimo lábil de los jugadores, la mezcla de orgullo y tristeza de millones de argentinos, su compromiso personal activo con la emotividad colectiva y su propia garantía de prescindencia. Pero con la ofrenda del feriado le pasó como a los rodios con su ofrenda al dios Helios, el Coloso de Rodas. Demasiado grande. Demasiado mármol. Exceso de bronce. Al primer terremoto se vino abajo.

En cuestión de horas el humo de las redes sociales les complicó la visión a quienes las miran y las animan. Otra politización, esta vez internacional, contaminó la escena más de lo que ya estaba, en parte debido a que hay hinchas que confunden los países que compiten en los mundiales con los gobiernos de esos países y a los comportamientos ocasionales de un jugador cualquiera con los de una nacionalidad completa. Quién sabe por qué misteriosa necesidad de postergar el duelo de la derrota se energizaron los amigos de las teorías conspirativas como Popeye después de una lata de espinaca. “Pasó algo”, repiten con vaguedad inquietante sin poder ser desmentidos. Reverdece así el nacionalismo ramplón, vienen a llevarse lo nuestro. Hasta se escuchan figuras mundiales hablando de la Argentina, no precisamente a favor. Ya es mucho.

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Ojalá pudiera decirse que sólo se trata de fútbol y que en fútbol no siempre se gana.

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