
El futuro de Kosovo
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Tras la salvaje campaña de "limpieza étnica" de Kosovo, hace seis años unos 700.000 pobladores musulmanes de origen albanés se convirtieron en una enorme ola de refugiados o desplazados. La conducta salvaje que provocó ese desplazamiento continuó y la OTAN debió intervenir, provocando la retirada de los serbios. Kosovo quedó bajo la administración de las Naciones Unidas, sin que hasta ahora se haya diseñado una solución de fondo respecto de su futuro.
La población de la zona sobrevive en un extraño limbo en materia de soberanía. Su aspiración es la independencia, pero la comunidad internacional, siempre apegada a la tradicional noción de integridad territorial y, por ello, poco afecta a las secesiones, no parece estar demasiado dispuesta a admitirla. Lo cierto es que técnicamente Kosovo es todavía parte de Serbia. Pero la mayor parte de su población se niega a aceptarlo. Todo eso alimenta los resentimientos, y no sería extraño que de pronto hubiera alguna explosión, tal como ocurrió hace casi un año.
Por esto hay quienes están haciendo sonar la alarma y alentando a la comunidad internacional a promover la independencia de Kosovo como única salida viable. Esta es una alternativa posible. Pero no puede ser promovida sin asegurar que la minoría serbia que vive en Kosovo también será respetada y su particular identidad debidamente protegida. No es simple.
La cuestión puede tener que ser resuelta, en el corto plazo, por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el cual nuestro país ahora está sentado. Es hora de comenzar a pensar en eso y en la posición que nuestro país adoptaría, porque la eventualidad de que haya que pronunciarse es ciertamente factible.





