
El Gobierno, en modo de guerra total
Tanto en la política como en la guerra las tendencias y los modus operandi suelen repetirse una y otra vez a lo largo de la historia. Los episodios siempre nos brindan enseñanzas, algunas que se pueden usar para el bien y otras no. Muchas veces los actores del presente optan por las segundas, como lo está haciendo hoy el kirchnerismo.
En su Historia del Siglo XX, Eric Hobsbawm nos diferencia la primera etapa de "La Gran Guerra" (nosotros la conocemos como Primera Guerra Mundial) de su segunda etapa, según el concepto de masividad y los actores que participan. La primera, dice el autor, es una guerra masiva, que se caracterizaba por ser guerra de trincheras y en la que solo participaban las clases medias y altas. En cambio, la segunda etapa era "total", ya que involucraba a toda la sociedad (lo cual defendía el concepto de "democratización de la guerra"), todas las clases sociales combatían en el frente, no existían los límites (el triunfo era total, la destrucción del enemigo era total y la rendición incondicional). La guerra era ideológica y se daba a través de la demonización del enemigo. En ese sentido, la brutalización de los métodos de combate y acción política estaban a la orden del día.
Desde que comenzó el gobierno de Alberto y Cristina Fernández la demonización de lo distinto se dio en cada oportunidad que se presentaba. Los primeros infectados por Covid-19 eran "ricos que venían de vacacionar en el exterior y atentaban contra la vida de los menos pudientes"; los productores agropecuarios –viejos "enemigos" del régimen- merecían, según sus comunicadores y propagandistas, que le rompieran los silobolsas que cargaban con granos acopiados y horas de arduo trabajo y sacrificio. Incluso la vicepresidente se burló de ellos –casi a modo de celebración- en el momento del apogeo de este modo de delincuencia rural.
También en cuanto a la delincuencia reinauguraron otra forma de interpretar la grieta: en lugar de plantear la cuestión entre víctimas y victimarios, utilizaron otras caracterizaciones que rozan lo morboso. Con temas tan obvios y evidentes como la liberación masiva de presos y las tomas de tierras también nos quisieron imponer la grieta entre los sensibles y los desalmados. Quienes defendemos la propiedad privada y nos oponíamos a las tomas éramos los insensibles, mientras los que fomentaban con su accionar –e incluso desde el Estado la ocupación ilegal de tierras- eran los humanistas.
Otras batallas llevaron adelante: el ciberpatrullaje y el Nodio para perseguir a activistas críticos, el desprecio por los varados en otros países, los constantes ataques al Poder Judicial y al Ministerio de Educación de la ciudad por trabajar en pos de que los alumnos no pierdan un año de clases y puedan revincularse con la escuela y sus compañeros. Todo en el marco de una batalla total, todo sería un juego de suma cero, todo impulsado de tal manera que el debate se torne irracional y sin posibilidad de solución pacífica y lógica.
Los últimos grandes enfrentamientos son los que mejor los definen: la asfixia al distrito que le es más adverso como la ciudad de Buenos Aires y la lucha por fortalecer la aerolínea de bandera, en detrimento de la competencia. No les importa quitarle recursos directamente al área de seguridad de la ciudad, intentando dejar indefensas a millones de personas por el simple hecho de no acompañar su propuesta a la hora de votar. Tampoco les importó aniquilar el primer aeropuerto low cost de América Latina, por la falta de visión de país. Éste no era solo un aeropuerto, era la puerta a un mundo de posibilidades al alcance de todos. Cientos de empleos de manera directa y miles de manera indirecta. Estudiantes jóvenes del interior del país podían visitar y ser visitados por sus familias más de una vez al año. Se le dio más vida a un barrio, se le dio más trabajo a cientos, se le dio esperanza a miles. El cierre de El Palomar, la partida de empresas como Norwegian, Latam, Air New Zealand, Qatar Airways, Emirates, British Airlines, son ejemplos claros de que la ideologización boba de las decisiones de gobierno hace mal (y mucho).
Vinieron por una "Argentina unida" y llevaron a la política a la guerra total. Un modus operandi que nos hizo perder a los argentinos trabajo, educación, salud y bienestar en general. Pensar que lo distinto es el enemigo y merece ser eliminado atenta hace daño y no es el camino. Por lo menos, no el que proponemos nosotros.
Presidente de Jóvenes Pro Argentina






