
El humor no está ausente en el islam
Por Amir Taheri Para LA NACION
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PARIS.- "La furia musulmana", grita en su primera página un diario. "El enojo del islam convulsiona a Europa", insiste otro. "Se avecina el choque de civilizaciones", advierte un comentarista. Todos se refieren obviamente a la violencia desencadenada por las caricaturas sobre el profeta Mahoma publicadas por un diario danés cuatro meses atrás. Desde entonces ha habido manifestaciones por todas partes y las embajadas y consulados de los países escandinavos están bajo asedio.
¿Hasta qué punto estos manifestantes pueden ser considerados representativos del islam? La "máquina del odio" fue puesta en movimiento por los Hermanos Musulmanes, organización de naturaleza política más que religiosa que alentó a reunirse en las plazas a sus simpatizantes en Medio Oriente y Europa. Yussuf al-Qaradawi, un jeque perteneciente a los Hermanos y que conduce un programa en Al-Jazeera, emitió una fatwa. Para no ser menos, el Partido de la Revolución Islámica y el Movimiento de los Exilados, rivales de los Hermanos, se lanzaron a la contienda. Y esperando obtener alguna ventaja, los líderes del Baath sirio abandonaron seis decenas de reivindicaciones "laicas" para liderar en Damasco y Beirut el ataque de las sedes diplomáticas danesas y noruegas.
Según Tariq Ramadan, joven miembro de los Hermanos -que extrañamente es consejero del Ministerio del Interior británico-, la posición de la organización podría resumirse así: retratar a Mahoma (pero también a los otros profetas del islam) está contra los principios de la religión; el mundo islámico no está habituado a reírse de la religión. Ambas afirmaciones son falsas.
El Corán no contiene imposiciones contra las imágenes de Mahoma ni de nadie. En tiempos de su difusión en Medio Oriente, el islam entró en contacto con grupos de cristianos iconoclastas. Algunos teólogos musulmanes pronunciaron fatwas contra la representación del rostro de Dios. La tendencia se vio reforzada porque el islam hizo suyos los diez mandamientos del judaísmo, uno de los cuales prohíbe justamente la representación del ser divino. La cuestión jamás fue decidida de manera definitiva y la pretensión de ver en la prohibición de las imágenes "un principio absoluto de islam" es puramente política. El islam se basa en un sólo principio absoluto: la unicidad de Dios. Desde el punto de vista de la teología islámica, querer inventar otras reglas absolutas no es más que shirq, idolatría, es decir, apropiación de parte de muchos de los atributos de aquél que es Uno.
La historia ha refutado el argumento según el cual la prohibición de representar a Mahoma y a los profetas constituye un principio absoluto para el islam. Muchos artistas musulmanes -a menudo contratados por gobernantes creyentes- han firmado retratos de Mahoma. Sería imposible enumerarlos a todos, pero he aquí algunos de los más famosos. Sultán Muhammad-Nur Bukhairi en el siglo XVI representó a Mahoma sobre el caballo Burag en su viaje nocturno hacia el paraíso. En una miniatura persa del siglo XVII el profeta aparece con Hurairah, su gato preferido. Dos siglos más tarde Kamaleddin Behzad pintó una miniatura de Mahoma que contempla una rosa formada por una gota de sudor caída de su frente. Del siglo XVIII tenemos un retrato de Mahoma con siete de sus seguidores y en el XIX Kamal ul-Nulk lo pintó señalando con una mano la unicidad de Dios.
Algunos de estos retratos se conservan en museos de Turquía, Uzbekistán, Irán. Pero también en Europa encontramos miniaturas del profeta cubierto con un manto o una máscara. Diversos escultores iraníes y árabes contemporáneos han realizado bustos del profeta. En la sede de la Corte Suprema de Estados Unidos, en Washington, entre las estatuas de grandes dirigentes de la humanidad está justamente una de Mahoma. Por no hablar de la cabeza de Mahoma, la sabz qaba, que se encuentra en los medallones llevados por los jenízaros, cuerpo de elite del ejército otomano.
Es cierto que el mundo islámico no está habituado a reírse de la religión, pero sólo si lo limitamos a los Hermanos Musulmanes, a Hamas, a la Jihad islámica y a Al-Qaeda, todas ellas organizaciones políticas disfrazadas de movimientos religiosos. No representan al islam así como el partido nazi no era la única expresión de la cultura alemana. Su intento de hacer aparecer al islam como una cultura gris y falta de sentido del humor es parte del mismo concepto que ve en el martirio suicida el modelo al que deben aspirar los verdaderos creyentes.
En verdad, el islam siempre ha tenido sentido el humor, jamás llamó a cortar la mano de los dibujantes satíricos. El mismo Mahoma perdonó al poeta de la Meca que durante una década se había burlado de él. Tanto la literatura árabe como la persa están llenas de ejemplos de "bromas" sobre la religión, a veces incluso hasta irreverentes. Acá tampoco se puede nombrar a todos. Pero quien conoce la literatura islámica sabe que en Mush va Gorbeh ("El topo y el gato") Ubaid Zakani no tiene nada que envidiarle a Rabelais.
La ética islámica se basa en los "límites y proporciones". Esto significa que la respuesta a una caricatura ofensiva no es el incendio de una sede diplomática o el secuestro de aquéllos a los que se ha elegido como enemigos. El islam rechaza la idea de la culpabilidad por asociación. Los musulmanes no deben censurar a todos los occidentales por las caricaturas de mal gusto de un dibujante satírico que aspira a ofender. Y quien sienta espanto frente a las masas reclutadas para saquear embajadas en nombre del islam no puede ni debe reprobar a todos los musulmanes por estas expresiones de violencia fascista.
Traducción: María Elena Rey
© LA NACION y Corriere della Sera





