
El Mercosur y la Unión Europea
1 minuto de lectura'
Con motivo de que nuestro país asumió la presidencia semestral del Mercosur, le correspondió a Buenos Aires ser sede de una sesión de negociaciones destinadas a completar un acuerdo de integración con la Unión Europea (UE). Ese encuentro fue acompañado por reuniones paralelas con alta y activa participación del mundo privado. Al mismo tiempo, como en una partida de jugadas simultáneas, deliberaba en esta ciudad el mismo Mercosur con un grupo de doce naciones que procuraron, aún sin éxito, destrabar los obstáculos que se oponen al ALCA.
Son claras las diferencias y similitudes entre una y otra negociación regional. En materia agrícola, tanto los Estados Unidos como la UE son adictos al proteccionismo y los subsidios, aunque la nación norteamericana lo es en menor medida y, por el contrario, es muy competitiva en muchos renglones. En otro orden, tanto este país americano como la UE procuran extender las negociaciones a servicios, inversiones, derechos de propiedad intelectual, reglas de la competencia y compras gubernamentales, temas que en algunos casos erizan la piel, en particular del Brasil. Europa le agrega un ingrediente que puede ser de interés según la orientación y magnitud de los recursos por aportar en programas de cooperación.
El Viejo Mundo resiste con vigor la apertura de sus mercados agrícolas más sensibles, al punto de ofrecer sólo cuotas de una magnitud y condiciones aún no reveladas. Sus representantes, en cambio, mostraron con insistencia la orientación de la política agrícola común, con tres escalones tendientes a un acercamiento a los precios mundiales: uno en 1992, previo a la Rueda Uruguay; un segundo, denominado Agenda 2000 y, un tercero de junio último, aunque, como ya le fue señalado, descendiendo de astronómicas alturas proteccionistas.
Por otro lado, la UE pretende el perfeccionamiento del Mercosur, que puntualiza como muy lejano a los requerimientos de una unión aduanera, por ahora más que imperfecta. En ese sentido reclama del Mercosur la solución del tema de la renta aduanera, dado que hoy los productos que ingresan por cualquiera de las aduanas nacionales deben volver a pagar los derechos de importación en caso de trasponer otra frontera de cualquiera de las naciones de la integración. "El Mercosur es más una visión que una realidad", expresó el jefe de la delegación comunitaria.
Con fecha acordada para concretar el acuerdo en octubre próximo, se convino mantener un cónclave en Bruselas, el 15 del mes próximo, en el cual ambas partes deberán efectuar sus ofertas y demandas de desgravaciones por producto, con el complemento de las cuotas mencionadas u otras, así como el tratamiento especial y diferenciado que reclama legítimamente el Mercosur por su menor desarrollo. Hasta ahora, los ofrecimientos han sido insuficientes, de manera tal que la reunión de Bruselas debería constituir un hito si se pretende cumplir con la meta de octubre próximo.
Mientras tanto, el representante comercial de los Estados Unidos, en nota a sus colegas de los 146 miembros de la OMC, les propone revitalizar la ronda con un programa menos complejo, consistente en negociar bienes agrícolas, industriales y servicios, limitando a su mínima expresión los alcances de los llamados "temas de Singapur", es decir inversiones, la competencia, las compras gubernamentales y los derechos de propiedad intelectual. Si ello fuera aceptado en ese foro mundial, la diferencia entre la ronda multilateral y las dos negociaciones regionales , tanto ALCA como Mercosur-UE, que sí contienen los "temas de Singapur", sería muy considerable y un elemento muy valioso para reclamar mejoras de parte del Mercosur.
El material bajo las tratativas sintéticamente enunciadas es de gran complejidad, pero podrá ser de gran valor para la economía nacional si de éstas surge un contexto equilibrado que permita encausar relaciones de mutuo beneficio. Al Mercosur (y por ende a nuestro país) le conviene abrir su economía con el correlato indispensable de que también la abran los demás.




