El modelo de Cristina y el modelo de Perón

Mariano Grondona
Mariano Grondona LA NACION
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13 de marzo de 2011  

Cómo calificaremos al acto que presidió Cristina Kirchner anteayer en el estadio de Huracán? ¿Diremos que fue simplemente otro acto peronista? Pero el "peronismo federal" brilló por su ausencia y tampoco concurrieron Hugo Moyano y muchos intendentes del conurbano. Dado que el acto conmemoraba la victoria electoral de Héctor Cámpora sobre Ricardo Balbín en 1973, y teniendo en cuenta que una de las organizaciones que lo promovió fue "La Cámpora", de Máximo Kirchner, ¿diremos entonces que lo que hubo fue una manifestación camporista ? Pero también apoyó el acto la CGT, que marcó su presencia a pesar de que los sindicatos fueron víctimas de la izquierda montonera que rodeaba a Cámpora, a partir del asesinato de José Rucci. ¿Sería más preciso calificar la concentración de anteayer como una demostración kirchnerista ? Pero el fundador y el conductor del kirchnerismo desde 2003, Néstor Kirchner, ya no está.

Quizá lo más correcto sería decir que anteayer hemos asistido al nacimiento de un nuevo movimiento, el cristinismo , cuya pretensión es reunir en un solo haz, bajo el liderazgo de la Presidenta, a peronistas, camporistas y kirchneristas con vistas a la serie de elecciones parciales que se inaugura hoy en Catamarca y que rematará en la presidencial del 23 de octubre, cuando Cristina y sus opositores se enfrenten a la hora de la verdad.

Uno de los argumentos que utilizan aquellos que quieren diferenciar al cristinismo del peronismo es que los manifestantes fueron convocados en nombre del espíritu transversal que anima a la Presidenta. Pero esto no resulta ser del todo así apenas se recuerda que el propio Perón también mostró ser transversal cuando integró en la fórmula presidencial de 1946 a Hortensio Quijano, un dirigente radical.

Las similitudes entre el primer Perón de ayer y la Cristina de hoy se acentúan no bien se advierte que tanto el peronismo original como el kirchnerismo consagraron, más que a un líder individual, a una pareja . Perón y Evita primero, Néstor y Cristina después: ¿cómo no subrayar aquí el carácter "familiar" de la tradición peronista-kirchnerista? Pero hay entre ambas parejas una diferencia crucial. Cuando los dos miembros de una pareja asumen el poder, uno de ellos debe enfrentar tarde o temprano la prueba de la viudez. Pero en tanto que Eva murió primero, en 1952, fue Néstor quien murió primero en 2010. Al morir Evita, nadie dudó de que su viudo seguiría al frente del movimiento, y esto con una fuerza tal que, cuando entrevisté al caudillo en 1967, él me hizo un largo y apasionante relato de su vida política en la cual, sin embargo, ni una sola vez mencionó a Eva. A la inversa de Perón, y habiendo sido Néstor el jefe indiscutido de la pareja kirchnerista, Cristina se ve, en cambio, en la obligación de demostrar que ella es, ahora, la única jefa del kircherismo.

Dos trayectorias

Cristina dice que tiene un modelo . Perón no lo dijo con las mismas palabras, pero también lo tenía. Ambos modelos fueron al fin y al cabo "transversales", porque cada vez que surge un nuevo movimiento tiende a cortar en dos a las fuerzas tradicionales. Aquí se detienen las semejanzas entre los dos modelos. Perón, por lo pronto, anunció y produjo una verdadera revolución social en la Argentina hasta entonces conservadora, logrando que los trabajadores alcanzaran a compartir el producto bruto en dos mitades equivalentes. Cristina anuncia una revolución similar, pero bajo su mando los pobres son, todavía hoy, un 30 por ciento de los argentinos. Karl Marx escribió alguna vez que en la historia, cuando las tragedias se repiten, suelen volver bajo el engañoso ropaje de las farsas . Para demostrar que lo suyo era una revolución, Perón no necesitó disfrazar sus cifras con algo parecido al Indec. Podría sostenerse que su revolución social tuvo un alto costo económico, un costo que era evitable. Lo que no podría sostenerse es que, torpe o no, fue una revolución.

La otra diferencia entre los dos líderes es que, en tanto que conocemos sólo "media" historia de Cristina, conocemos la historia "completa" de Perón. Por ser más larga, la historia de Perón incluyó en sus últimos años el invalorable aprendizaje que desemboca en la rectificación. El último Perón se abrazó con Balbín para incorporar en su designio político a todos los argentinos, así hubieran sido peronistas o antiperonistas. Cristina, por su parte, está empezando a dar tímidas señales de reconciliación, pero ellas, hasta ahora, son apenas tentativas.

La escena que distingue a Perón de Cristina es que, poco antes de morir, el viejo caudillo echó a los Montoneros de la Plaza. ¿Sería capaz Cristina de un giro semejante? La ansiedad electoral frente al 23 de octubre, ¿podría llevarla, acaso, a este extremo? Y un extremo sería porque habría que recordar la primera frase que pronunció Néstor Kirchnner al pisar la Casa Rosada, cuando dijo "volvimos" . ¿Quiénes volvían? ¿Los Montoneros, el camporismo que la Presidenta ha vuelto a rememorar al presidir, justamente en un 11 de marzo, la victoria de Cámpora hace treinta y ocho años? Una victoria tan efímera que el propio Perón la borraría después de desalojarlo del poder en sólo cincuenta días para obtener su propia victoria en otra jornada electoral, el 23 de septiembre de 1973, por cifras ampliamiente superiores a las que había obtenido Cámpora seis meses antes.

La frente y la nuca

Quizá la diferencia más acentuada entre los dos modelos de poder que estamos examinando sea la dirección de la mirada . La mirada de Perón apuntaba al futuro: el futuro de una Argentina social que al fin no consiguió. Cristina, en la medida en que insista en el sesgo camporista que también caracteriza a sus asesores, aún mira al pasado; a un pasado que, porque ya lleva 40 años, nos queda cada vez más lejos. ¿Es posible, todavía, insistir en los años setenta, esos años que dividieron sangrientamente a los argentinos? Mientras el futuro, en cuanto proyecto, es capaz de unir a las nuevas generaciones como lo hicieron, en su momento, los promotores fundacionales del Acuerdo de San Nicolás de 1852, el pasado inevitablemente las divide en su intento de mantener vivo el antiguo rencor.

Si Cristina mirara el modelo del último Perón, quizá le quedaría, aún sin escribir, otro capítulo. En la medida en que sus propios años le enseñen, ¿podrá alcanzar al fin la postrera sabiduría de Perón? ¿Podrá emigrar de la nostalgia que aún quiere inspirar en sus seguidores hacia una nueva expectativa que en vez de dividir a los argentinos pueda, otra vez, reunirlos?

Muchas veces hemos sido una nación de odiadores . Unitarios contra federales, nacionalistas contra liberales, conservadores contra radicales, Montoneros contra militares? ¿Es acaso nuestro destino dividirnos con cada generación, desgarrándonos entre dos memorias incompatibles? ¿Es nuestro signo olvidar aquella famosa definición de Ortega y Gasset según la cual "la nación es un proyecto sugestivo de vida en común"? Mientras no demos vuelta la dirección de la mirada, ¿atraerá acaso a los jóvenes que estudian y que trabajan en vez de ser "militantes", la perduración pertinaz de las recriminaciones? Cristina tiene todavía la dorada oportunidad de volver su mirada hacia la Argentina que vendrá. Si consigue aprovecharla, aún está a tiempo de renovar su liderazgo. Si no lo hace, quizás el resto mayoritario de los argentinos, que votó contra "el modelo" en 2009, siga adelante a pesar de su nostalgia, en demanda de esa nación ganadora que aún nos debemos.

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