
El padre de nuestras instituciones
Por Juan José Cresto Para LA NACION
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En el Talar de Arroyo Largo, al norte de la Villa del Arroyo de la China, hoy localidad de Urquiza en las proximidades de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, nació el 18 de octubre de 1801 Justo José de Urquiza, el padre de la Constitución Nacional.
Hijo de un comerciante que lo hizo estudiar en Buenos Aires, se inició en las milicias muy temprano e intervino en política. Fue diputado a los veinticinco años y después presidente de la Cámara y en tal carácter rechazó la Constitución de 1826 porque él pretendía un "gobierno republicano, representativo y federal".
Teniente coronel en 1832, coronel en 1835, comandante del Departamento 2° ( en la frontera del río Uruguay), coronel mayor en 1837, general bajo las órdenes del gobernador Echagüe, participó decisivamente en la batalla de Pago Largo en 1839 y fue causa del triunfo de las armas de su provincia. Vencido Echagüe en Caaguazú por José María Paz, uno de los más brillantes modelos tácticos de toda la historia militar argentina, el ejército correntino al mando de Paz invadió Entre Ríos, aquél huyó y entonces la Legislatura eligió a Urquiza gobernador de la provincia, lo que cambió su destino y el de su pueblo.
El nombramiento recayó en él en momentos críticos. Urquiza se había retirado de la provincia con su ejército, había cruzado el Paraná por el Paso de Tonelero en apenas ocho días. Paz se retiró del poder y Urquiza debió enfrentar a Rivera y al Partido Colorado oriental. Intervino en la sangrienta batalla de Arroyo Grande, invadió Corrientes y después el Estado Oriental: Arroyo del Sauce, Malbajar, Arequita, India Muerta (este último, el 27 de marzo de 1845, decisivo en esa larga guerra) son algunos de los encuentros. Vuelto a Entre Ríos, atacó otra vez a Corrientes, donde venció nuevamente en Laguna Limpia y tomó prisionero al general Juan Madariaga, jefe de la retaguardia correntina y hermano del gobernador Joaquín Madariaga, con el cual firmó el tratado de Alcaraz, donde se perfila ya su política de apertura. Como era de esperar, Rosas se opuso a ese tratado y obligó a Urquiza a invadir Corrientes una vez más, donde triunfó el 27 de noviembre de 1847 en el Potrero de Vences. Hasta allí llega su vida militar en las guerras civiles, en defensa de su provincia, pero aliado a Juan Manuel de Rosas.
¿Cómo era Urquiza? Tenía un coraje proverbial, golpe de vista en la batalla y firme resolución en cada acto de su vida. Durante su gobierno, Entre Ríos se fue transformando y ya era la segunda provincia argentina, merced a su producción pecuaria. Un sistema económico patriarcal, de estricta honradez administrativa, de orden político y social, le permitía a su gente tener casa, trabajo, educación y progreso, pese a las guerras que debieron enfrentar. Por eso fue reiteradamente elegido gobernador y se convirtió en el más popular de los dirigentes políticos de su tiempo y de su medio. Extendió la educación primaria y creó el Colegio de Concepción del Uruguay, donde estudiaron jóvenes argentinos de todas las provincias que constituirían, después, la generación del 80.
"Ni vencedores ni vencidos"
Las diferencias con el gobernador de Buenos Aires, el brigadier Rosas, no solamente eran perfiles de personalidad, sino de política económica. Urquiza rechazaba la centralización aduanera y, si bien había apoyado la gesta de la Vuelta de Obligado, defendía la libre navegación de los ríos y la actividad de los puertos del interior. Urquiza era, como Rosas, empresario ganadero, a punto tal que en Caseros se enfrentaron probablemente los dos hombres más pudientes del país. Sin embargo, su diferencia de apreciación de la Nación era total. Urquiza pretendía un gobierno nacional limitado por las leyes, las instituciones que crea una constitución escrita, la organización de las provincias, un poder judicial independiente y, sobre todo, una prensa libre. Nada de eso ocurría entonces.
El 1° de mayo de 1851, en la plaza de Concepción del Uruguay se leyó el Pronunciamiento, un documento de ruptura con el poder central. Se ha dicho que Urquiza se rebeló contra Rosas. Eso no es cierto ni es posible, porque ambos eran gobernadores, de diferentes provincias, en igualdad de condiciones, según el Pacto Federal del 4 de enero de 1831. Lo que hizo Urquiza fue retirarle "el uso de las Relaciones Exteriores". Bien pronto hizo un llamamiento a los gobernadores de todas las provincias, que no tuvo eco (tal era el temor que se le tenía al gobernador de Buenos Aires) salvo en el de Corrientes, general Benjamín Virasoro, con el que había ya convenido un plan político y militar conjunto. Las tropas de Urquiza atravesaron el río Uruguay y lograron levantar el sitio a que el general Manuel Oribe sometía la ciudad amurallada de Montevideo desde 1843, con un ejército argentino-uruguayo. Por primera vez, después de esta victoria incruenta, se oyó del general en jefe la expresión: "Ni vencedores ni vencidos". Después repasó los ríos Uruguay y Paraná y enfrentó a Rosas en el Palomar de Caseros, el 3 de febrero de 1852, en la batalla de mayor magnitud ocurrida en territorio nacional, con 54.000 hombres, aproximadamente, sobre el campo. Su carga de caballería de 10.500 jinetes no tiene parangón alguno en nuestra historia. Rosas huyó a Inglaterra, donde murió en la pobreza, en 1877, por haber sido injustamente despojado de sus bienes.
Urquiza llamó a los gobernadores rosistas, el único fragmento de poder existente, a la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, contra la opinión de los jóvenes teóricos y románticos, que lo criticaban. Allí, firmaron el Acuerdo para organizar una Asamblea Constituyente en la ciudad de Santa Fe. Pero el 11 de septiembre de 1852, la provincia de Buenos Aires, que lo había aclamado como su libertador, lo derrocó en un golpe de Estado y, como consecuencia, el país estuvo separado, como si hubieran sido dos naciones diferentes, hasta el 11 de noviembre de 1859, en que se firmó el Pacto de San José de Flores, el más generoso documento de la historia nacional.
Pero en ese intervalo algo había ocurrido: el 1° de mayo de 1853 se juró solemnemente un papel, una carta, un estatuto: era la Constitución Nacional que todavía hoy nos rige, con sus modificaciones posteriores, y que, cuando fue lealmente cumplida en su letra y en su espíritu, permitió a la población argentina vivir con progreso y esperanza.
La vida y la obra de Urquiza, padre de nuestras instituciones, son paradigmas de patriotismo, de coraje, de subordinación al orden, de servicio a la sociedad. Lo recordamos cuando se cumplen doscientos años de su nacimiento.





