
El pasado esclavista de la Universidad de Yale
Por Kate Zernike The New York Times
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NUEVA YORK.- Junto con su tricentenario, la Universidad de Yale celebra su "larga historia de activismo frente a la esclavitud": en 1839, sus profesores abolicionistas ayudaron a los esclavos del buque Amistad, que desembarcaron en New Haven después de rebelarse contra sus captores; hoy, Yale es el primer centro mundial para el estudio de la esclavitud. Pero en un trabajo publicado recientemente por el Comité Amistad, Yale, Slavery and Abolition ("Yale, esclavitud y abolición"), se la acusa de cerrar los ojos al lado oscuro de su historia. Sus autores, los doctorandos Antony Dugdale, J. J. Fueser y J. Celso de Castro, dicen que la universidad dotó sus primeras becas, sus cátedras remuneradas y su biblioteca con donaciones de traficantes de esclavos. Incluidos entre los "próceres" de Yale, los retratos de esos negreros ornan la torre central del campus y, hace apenas cuarenta años, los nombres de varios de ellos fueron escogidos para bautizar colegios de la universidad.
Según los documentos desenterrados, en 1831 las autoridades de Yale lideraron el grupo que impidió la construcción de lo que habría sido el primer colegio universitario norteamericano para negros. Adujeron que la presencia de semejante institución en su ciudad, New Haven, sería "incompatible con la prosperidad o, acaso, con la existencia" de Yale. Los autores esperan que su estudio obligue a Yale a ocupar el centro del creciente debate nacional en torno a la esclavitud y su posible reparación. La exhortan a reconocer sus faltas y ver el modo de desagraviar a los descendientes de esclavos.
"Se supone que, por sobre todo, las universidades defienden la verdad -opina Dugdale-. Sin embargo, no se ha discutido o investigado nada en concreto sobre la historia de las universidades o su papel frente a la esclavitud cuando, precisamente, estas instituciones deberían escudriñar su historia y conciliarse con ella."
La esclavitud impregnó el Norte y el Surde los Estados Unidos hasta bien entrada la Guerra de Secesión. Universidades destacadas se beneficiaron con ella: entre los fundadores de la actual Universidad Brown, había dos tratantes. La Facultad de Derecho de Harvard se estableció con parte de las ganancias que su fundador obtuvo vendiendo esclavos en las plantaciones de Antigua. Ahora, Yale se defiende señalando que "entre las instituciones o individuos del período anterior a la Emancipación, pocos, o ninguno, se mantuvieron incólumes". Pero los autores del informe y el Comité Amistad hacen notar que en pleno siglo XX, entre los años 30 y 70, mientras el país se esforzaba por romper con su pasado racista, Yale designó sus edificios más importantes con nombres de negreros o partidarios de la esclavitud.
Silencio y ejemplo
El estudio no niega las capacidades de esas personas como políticos, filósofos e inventores eminentes, pero objeta que, todavía hoy, no se mencionen sus censurables posiciones y actividades esclavistas, que podrían haber hecho más discutible su elección.
Los abolicionistas con similares logros e igualmente egresados de Yale figuran en las publicaciones del tricentenario, pero reciben escaso homenaje en el campus. En los años 60, la universidad compró la Escuela Secundaria Municipal James Hillhouse, que llevaba el nombre un destacado abolicionista, senador y diputado egresado de Yale; la demolió, construyó en el predio dos colegios y dio a uno de ellos el nombre de Samuel F. B. Morse. El inventor del telégrafo defendía la esclavitud como "un bien positivo" y pedía la excomunión de los abolicionistas. "Yale dista de ser el único caso, o el peor, pero si pretende ser un líder de la educación superior en los Estados Unidos, y lo es, importa que dé el ejemplo", expresa Gerald Horne, profesor de estudios africanos y afronorteamericanos en la Universidad de Carolina del Norte.
Yale responde que en 1876 fue la primera universidad del país que otorgó un doctorado a un estudiante negro; fue la primera en crear un título en estudios afronorteamericanos y, en 1998, fundó el Centro Gilder Lehrman para el Estudio de la Esclavitud, la Resistencia y la Abolición, único en el mundo. "Hoy lamentamos y rechazamos esos males y procuramos comprenderlos mejor mediante la investigación y la comunicación, pero no podemos anularlos", alega la directora de Relaciones Públicas, Helaine S. Klasky. Los partidarios de las reparaciones desechan este argumento por su deshonestidad intelectual.
En Yale, es bien sabido que el "prócer" John C. Calhoun fue un firme defensor de las "bondades" de la esclavitud, como él decía. Pero las posturas de otros personajes investigados son poco conocidas y, en muchos casos, no aparecen en sus biografías. Los autores del estudio recogieron pruebas de fuentes primarias, trabajos de otros historiadores y hasta una tesis de Kurt L. Schmoke, ex alcalde de Baltimore y actual miembro del consejo directivo de la universidad, sobre la campaña contra el colegio para negros.
La Puerta Livingston recuerda al patrocinador de la primera cátedra en Yale, Philip Livingston, uno de los mayores negreros de la época colonial. Las primeras becas se dotaron con las ganancias de una plantación con mano de obra esclava; tanto ellas como uno de los colegios llevan el nombre de su propietario, George Berkeley. Diez de los doce colegios residenciales llevan nombres de "próceres"; ocho de ellos poseían esclavos y cuatro peroraron o publicaron escritos en pro de la esclavitud.
El estudio, que no es una tesis doctoral, estará en Internet ( www.yaleslavery.org ). Los autores proponen que Yale organice una conferencia de universidades a fin de establecer el modo en que ellas, y las compañías en que invirtieron sus fondos fundacionales, se beneficiaron con la esclavitud. Cuando menos, Yale debería presionar a esas empresas para que indemnicen a los descendientes de esclavos. Dugdale sugiere que, a su vez, la universidad podría otorgarles becas o subvencionar un colegio universitario para negros.
Algunos investigadores critican estas demandas, a su juicio carentes de perspectiva histórica. Sus partidarios sostienen que, por lo menos, Yale debe reconocer públicamente la historia completa de los personajes homenajeados en sus edificios. "Si nosotros descubriésemos que los costeó Hitler o alguna institución justamente despreciada, ellos no vacilarían en rebautizarlos. Así como no podemos olvidar lo que un hombre hizo para destruir prácticamente a un pueblo, tampoco podemos olvidar lo que hicieron algunos hombres para perpetuar el peor mal norteamericano: la esclavitud", sostiene Charles J. Ogletree, profesor de derecho en Harvard y dirigente del Comité Coordinador de Reparaciones.
A comienzos del año próximo, el comité entablará pleito en representación de los descendientes de esclavos.





