
El peor presidente
Por Nicholas von Hoffman Para LA NACION
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NUEVA YORK
En estos tiempos, una pregunta ronda la mente de todos: ¿George W. Bush es el peor presidente de la historia norteamericana? ¿Cómo juzgarlo? ¿Es el más repulsivo desde el punto de vista moral? ¿El que más ha maltratado el idioma inglés? Desde el lanzamiento de la bomba atómica, hemos tenido una sarta de tíos incapaces de pronunciar la palabra "nuclear". ¿Cuánto debería pesar eso en su contra? ¿John Tyler, nuestro décimo presidente, es un candidato al título? Algunos nunca oyeron hablar de este tipo, pero sí del eslogan de su campaña presidencial: "Tippecanoe y Tyler también". Bueno, "Tippecanoe" (William Henry Harrison) se resfrió mientras pronunciaba su discurso inaugural y murió alrededor de un mes después. El resto ni siquiera es historia. Si acaso nos acordamos de Tyler es por la deserción de todos los miembros, menos uno, de su gabinete. Por favor, no lo confundan con Zachary Tyler, el duodécimo presidente, tan olvidable como John.
¿Los más olvidables son también los peores? Millard Fillmore, Franklin Pierce y Benjamin Harrison, nieto de Tippecanoe, en realidad no fueron malos, sino más bien políticamente descerebrados. No así el decimoquinto, James Buchanan (1857-1861). Además de ser un político obtuso, rutinario y sin imaginación, su cobarde manejo del Sur y de la esclavitud acabó con la posibilidad más remota de que Estados Unidos evitara los horrores de la Guerra de Secesión. Su política pusilánime acarreó consecuencias terribles y duraderas, en comparación con las que produciría la gestión del vigésimo nono, Warren Harding. Este ha ganado muchos premios al Peor Presidente porque su gabinete, por lo demás brillante, incluyó a tres o cuatro ladrones hediondos. Harding era un patán con un problema de alcoholismo, afectado del mismo mal de la cremallera que aquejaría a Bill Clinton. Durante su presidencia (1921-1923) regía la ley seca. Emborracharse en la Casa Blanca no hacía de él un modelo, aunque pocos prestaban atención a eso. Todos los norteamericanos adultos hacían lo mismo en tabernas clandestinas. Hay una anécdota fenomenal en la que Harding y su amiga estaban metidos en un vestidor de la Casa Blanca mientras los tipos del Servicio Secreto mantenían a raya a su esposa para que no irrumpiera y atrapara al presidente. Pero de ahí a que haya sido el peor presidente...
Otros nominados son Herbert Hoover, James Madison, Ulysses Grant y Richard Nixon. Contrariamente a lo que dice la propaganda demócrata, Hoover no causó la Gran Depresión ni fue indiferente a los padecimientos de su pueblo. Este hombre talentoso y decente fue, sin duda alguna, el presidente más desafortunado. Madison, el cuarto en la lista presidencial, llamado con justicia el Padre de la Constitución, encaja en cualquier descripción de un gran hombre, pero arruinó su gobierno en 1812, al entrar en guerra con los ingleses sin ejército y casi sin armada. Su política exterior suscitó tal odio en Nueva Inglaterra que la joven república federal -en cuya creación había puesto tanto esfuerzo- estuvo a punto de estallar. Vendrían cosas peores. Madison nada pudo hacer cuando los británicos ocuparon Washington y redujeron a cenizas la Casa Blanca. No obstante, a la larga, las consecuencias de sus errores fueron menores, por lo que no califica para "peor presi".
Grant fue demasiado noble para considerarlo el peor en cualquier ámbito. Tuvo algunos ladrones en su gobierno, pero fue totalmente ajeno a esa corrupción. A su favor cuenta haber sido el último presidente, hasta Lyndon Johnson, que defendió a los negros. En cuanto a Nixon, todavía es muy pronto para opinar. Entre los vivos, todavía hay demasiadas personas que lo aman o lo odian.
Llegamos así a Bush II. También aquí cualquier dictamen sería prematuro. Pero si las primeras señales algo dicen, Bush tendrá que responder a varios cargos. Lo sabemos responsable de la muerte de muchas personas que nunca hicieron daño. Nos preguntamos si no ha trastornado todo el cuadrante de Medio Oriente a tal punto que quizá sus pueblos y el nuestro padecerán las consecuencias por largo tiempo. ¿Recuperaremos el hábeas corpus? ¿La tortura pasará a ser una rutina o retornará a la Edad Media, donde la encontró Bush?
Uno de los criterios para elegir al peor presidente es ver cuántos daños duraderos ocasionó cada uno. Por ejemplo, lo que hizo Buchanan no tiene nombre. Todavía no se ha cerrado el balance de Bush II.





