El peronismo, muy cerca de la ruptura

Joaquín Morales Solá
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13 de marzo de 2016  

La política podría ponerle fin dentro de poco a una leyenda: la que aseguraba que peronismo y cristinismo son la misma cosa. Fue útil; ya no lo es. Es probable que la salida –o no– del default se convierta en la cuestión que dejaría esa relación definitivamente herida. La mayoría de los gobernadores y senadores justicialistas prefieren respetar la relación de fuerzas que ven y tocan. Mauricio Macri volvió a crecer en las últimas encuestas y los números favorables de ahora se parecen a los de principios de enero, según dos sondeos con resultados muy similares. La aprobación del gobierno y del Presidente está más cerca del 70 que del 60 por ciento de la sociedad consultada. La Argentina de Macri es ahora, por otro lado, una novedad elogiada por casi todos los referentes internacionales. A pesar de aquellas encuestas, al Presidente le va mucho mejor en el mundo que dentro de su país.

Martín Redrado es asesor económico de Sergio Massa. Cuenta una anécdota que vivió en días recientes en Londres. Fue recibido por el presidente del Banco de Inglaterra, Mark Carney, quien lo sorprendió con una frase corta y clara: "La Argentina es el único lugar que brilla en América latina", le dijo. Macri mismo recibió a funcionarios del gobierno de Dubai, que le prometieron varios miles de millones de dólares en inversiones. Empresarios agropecuarios argentinos también le aseguraron inversiones (en este caso por cientos de millones de dólares), pero las dos promesas, la del emirato y la de los argentinos, fijaron plazos de entre 9 meses y dos años para concretarlas. Hay dos velocidades: un tiempo necesariamente lento para las inversiones y la necesidad política del Presidente, que es más urgente. "Debo construir el puente entre el presente y ese futuro", concluye Macri.

Las primeras medidas de su gobierno crearon la expectativa externa fácilmente perceptible. Ahora debe demostrar que puede gobernar, es decir, que puede aplicar las decisiones que toma. El mundo aplaude las buenas intenciones, pero sólo reacciona cuando las ve concretadas. El acuerdo con los holdouts es, por eso, un test clave para demostrar que cuenta con una dosis importante de gobernabilidad. Ningún argentino advirtió nunca el enorme daño que el anterior gobierno hizo al país cuando decidió desoír una orden de la justicia norteamericana, que significó, además, reinstalar el default con una parte de la deuda pública. El default argentino está desde entonces en la agenda del mundo como un precedente que no debe perdurar.

En este punto es donde aparece el peronismo. El kirchnerismo ha hecho de la derrota de Macri en el caso de los holdouts una cuestión de vida o muerte. Madre, hijo y cuñada (Cristina, Máximo y Alicia) trabajan a tiempo completo y presionan a los senadores peronistas, sobre todo, aunque tampoco descuidan a los diputados. De hecho, fue sorprendente que se difundiera un intercambio de mensajes por WhatsApp entre los diputados Nicolás Massot, de Pro, y el peronista disidente Diego Bossio, a quien el cristinismo ve como un demonio salido de sus propias entrañas. ¿Cómo el kirchnerismo accedió a ese diálogo? ¿Fue sólo la acción solitaria de un fotógrafo la que pudo capturar todo el hilo de la conversación?

Fuentes del Gobierno no descartan que esa conversación haya sido interceptada por las escuchas telefónicas que todavía controla a distancia la jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó. La procuradora puso ese mecanismo de interceptación de teléfonos en manos de cristinistas fanáticos. Todavía está en esas manos, aunque la Corte Suprema podría remover próximamente a todo el personal designado por Gils Carbó. La segunda alternativa que maneja la administración es que haya sido obra de los sofisticados aparatos de escuchas telefónicas que compró el ex jefe del Ejercito César Milani. El general se los llevó cuando se fue del Ejército. Nunca fueron encontrados por la nueva administración.

La posición directamente desestabilizadora de la ex presidenta provocó, incluso, fracturas (serias o simuladas, quién lo sabe) dentro del propio cristinismo. La ruptura empresarial del patrón kirchnerista Cristóbal López y su socio Fabián De Sousa se explicaría en la necesidad del primero de apartarse de los medios de comunicación que controla la ex presidenta. De Sousa es el más sensible de los dos (por razones que se conocen y por otras que no) ante los intereses de la ex presidenta. López necesita, para conservar sus otros negocios (que son muchos), aparentar al menos que no tiene influencia en esos medios de comunicación. ¿Es real esa ruptura? ¿Acaso De Sousa no fue siempre un leal colaborador de López? ¿Cómo pudo costarle tan poco a De Sousa convertirse en un socio importante de su empleador, al extremo de provocar la disolución de la sociedad? ¿No son los dos criaturas empresariales que nacieron y crecieron al calor del kirchnerismo?

El costado más decisivo del peronismo, aunque menos entretenido, está en su representación institucional. El kirchnerismo tampoco descuida ese lado del conflicto. Máximo Kirchner llegó de improviso el jueves pasado a una reunión de gobernadores peronistas, preparatoria de la que todos los mandatarios tuvieron con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. La puerta se la abrió su tía, la gobernadora Alicia Kirchner, para sorpresa del resto. Estaban los gobernadores de San Juan, Sergio Uñac; de Formosa, Gildo Insfrán, y el matrimonio Zamora, que tiene en un puño a Santiago del Estero. Habían sido invitados el jefe del bloque de senadores, Miguel Pichetto, y el diputado José Luis Gioja, que aspira a liderar una lista de unidad para presidir el PJ.

La primera versión dio cuenta de que Máximo había "apretado" a Pichetto para que el bloque peronista, mayoritario en el Senado, rechazara el acuerdo con los hold- outs o lo modificara para que volviese a Diputados. Alargar el trámite parlamentario significa, en los hechos, incumplir el plazo que dio el mediador Daniel Pollack para pagar la deuda, el 14 de abril. "A mí no me presiona nadie", dijo luego Pichetto, consultado sobre ese encuentro. La reunión existió. Máximo llevó la oferta de una propuesta "superadora" que estaba redactando el ex ministro Axel Kicillof. Eso y rechazar el acuerdo de Macri es lo mismo. Pichetto lo cazó en el aire y le respondió: "No nos podemos oponer a una política que es la continuidad de las que hicieron Néstor y Cristina Kirchner. Ellos fijaron el principio del desendeudamiento con los dos canjes de deuda de 2005 y 2010, cuando le pagaron al contado al Fondo Monetario y cuando acordaron las deudas con el Club de París, con el Ciadi y con Repsol". Ya derrotado, Máximo propuso no pagarle los honorarios del juicio de Paul Singer. "¿Cómo no le vamos a pagar si es el único que ganó? ¿O no sabés que los juicios los pagan los que pierden?", le respondió Pichetto. Punto final.

"El caso de los holdouts será una divisoria de aguas en el peronismo", anticipó otro senador. Los senadores peronistas convocarán para escuchar sus opiniones a los 24 gobernadores del país, a todas las organizaciones empresariales, a economistas como Mario Blejer y Roberto Lavagna y a las distintas corrientes del sindicalismo. La foto que podría quedar de esas convocatorias es la de una Cristina Kirchner reducida a líder de una minoría testimonial, como el resto de la izquierda. Pichetto se propuso que el Senado trate el acuerdo (y preferentemente lo apruebe) el miércoles 30 de marzo. El bloque peronista podría dividirse definitivamente y el partido también. El peronismo no es inocente del largo reinado del kirchnerismo, pero es evidente que detestaría ver el pasado convertido en presente.

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