
El piantavotos, nunca en primera fila
Insaurralde es todavía un actor relevante en el peronismo bonaerense; mantiene una buena relación con intendentes de la tercera sección electoral, un poder significativo en la Cámara de Diputados y vínculos con empresas y funcionarios de la administración de Kicillof

Dirigentes y ejecutivos que frecuentan a Martín Insaurralde lo ven últimamente golpeado. La difusión del video que Jesica Cirio grabó con valijas y dólares en el vestidor no solo fue devastadora para el exintendente de Lomas de Zamora, sino algo así como un retroceso en imagen: desde las fotos con Sofía Clerici en el Mediterráneo, aquel episodio que lo exoneró en 2023 y para siempre de los cargos públicos, se había autoimpuesto bajar el perfil.
Insaurralde es todavía un actor relevante dentro del peronismo bonaerense. Mantiene una buena relación con intendentes de la tercera sección electoral, un poder significativo en la Cámara de Diputados y vínculos con empresas y funcionarios de la administración de Kicillof como, por ejemplo, Carlos Alberto Gallo, director provincial de Lotería y Casinos. Su histórica secretaria privada, María Victoria Bourio, sigue con un cargo y atribuciones relevantes en el municipio que ahora conduce Federico Otermín. Todo fue conservado en silencio desde aquel escándalo que sorprendió al entonces jefe de Gabinete de Kicillof a bordo del Bandido.
En el PJ le valoran todavía aquella reacción. No bien explotó la bomba, Insaurralde le presentó la renuncia al gobernador, no volvió a dar una sola entrevista y se encargó de advertir hacia adentro del partido que tenía voluntad de recluirse y de encapsular esa mancha venenosa que sin dudas, si se empezara a investigar a fondo y con todas sus ramificaciones, ensuciaría a unos cuantos. A su modo, preservó un sistema.

Por eso es entendible que las imágenes de su guardarropa de San Vicente, publicadas en este diario por Diego Cabot, lo hayan sacudido no solo a él, sino a todo el peronismo. Justo en momentos en que la oposición más combativa intentaba sacar provecho del caso Adorni. A simple vista, un distraído podría haber pensado esta semana que el simple contraste entre ambos episodios favorecía de algún modo al Gobierno: el guardarropa de Insaurralde multiplica por veinte los dólares que debe justificar Adorni y no hay, por otra parte, nada que indigne tanto a una sociedad en pleno ajuste como ver valijas en vivo y en directo. Así lo entendió ese sábado de revelaciones un empresario afín al proyecto libertario, Marcos Galperin: “Entre $20 y $40 palos…, pero Adorni tenía una ‘cascada’...”, publicó en Twitter.
Pero que las magnitudes no sean equiparables tampoco exime de costos, y mantener a su funcionario a medida que avanzaba la investigación del fiscal Pollicita le ocasionó a Milei un daño infinitamente mayor que el que suponía inicialmente. Y hasta en su propio espacio. “¿Qué van a hacer con Adorni?”, le preguntó días atrás una diputada dialoguista a un funcionario del Ministerio de Economía, que le contestó con la misma pregunta: “¿Y qué van a hacer ustedes con Adorni?”. Quería saber qué destino tenía el pedido de interpelación en el Congreso, y admitió además que la situación del propietario de Indio Cua estaba afectando al equipo económico porque, entre otras razones, impedía celebrar noticias positivas como la baja en el riesgo país. Ayer, al leer que el Presidente decía en España que estaba dispuesto a echarlo si la Justicia lo declaraba culpable, en un chat de diputados oficialistas festejaron la frase. “Insaurralde no tapa nada”, resumió uno de ellos.

El Gobierno intentó, pero no pudo nunca dar vuelta la página. Con un enorme esfuerzo pudo acotar esta semana el efecto legislativo: logró aprobar tres leyes, obtuvo una media sanción y resistió la interpelación y la moción de censura. Pero fue un trabajo diario y artesanal. “¿Cómo no vas a estar acá?”, reaccionó por teléfono Martín Menem al escuchar que el diputado Beltrán Benedit, de Entre Ríos, le avisaba que no lo contara el miércoles para votar el Súper RIGI porque tenía un congreso de semillas en Estados Unidos. “No llego”, contestó el legislador. “Sabías hace 15 días que tenías que volver”, le insistió. Había llamado uno por uno y notó resistencia con Adorni. “Somos parte de un gobierno cuyo Poder Ejecutivo ha tomado una decisión que hay que salir a defender. Tienen que jugar”, arengó. Él mismo sabía que lo primero que le preguntaban últimamente en La Rioja, su provincia, era por Adorni.
Milei llegó esta semana a celebrar que se hubiera postergado la interpelación. Lo expuso hasta con euforia en la intimidad. Había sido una demostración de poder frente a un “círculo rojo” en el que incluye principalmente a los medios de comunicación. Pero tiene por delante nada menos que una campaña presidencial y eso cuenta. Necesita aprobar leyes relevantes para ese objetivo como, por ejemplo, la reforma electoral.

Por eso en la propia Casa Rosada admiten que viene otra etapa, algo que se deduce fácilmente de las designaciones de estos días: Fabián Fernández, nuevo secretario de Comunicación, tiene una buena relación con los medios, y Adrián Raiver, flamante vocero, un discurso infinitamente más conciliador que el de Adorni. En el espacio libertario, donde hubo adiestramiento específico para ambos, proyectan conferencias de prensa menos confrontativas para el futuro. Equiparables, dicen, a las de la Casa Blanca en escenografía y formalidad. ¿Se oyó finalmente a Sandra Pettovello, una de quienes proponían desde hacía tiempo recomponer el vínculo con el periodismo? Habrá que constatarlo in situ: el propio Santiago Caputo suele contar que sus estrategias de comunicación se adaptan como primera medida al estilo personal del Presidente. Difícil que Milei no sea Milei.
La apuesta es ahora que el Gobierno recupere un protagonismo que perdió con el caso Adorni. Es una condición necesaria, pero no suficiente, que requiere de otros logros sin los cuales Milei estará condicionado. La estabilidad cambiaria, por lo pronto. “Las elecciones en la Argentina se celebrarán en octubre de 2027, pero ya se están convirtiendo en un factor clave para el mercado”, anticipó esta semana el informe global de mitad de año del JP Morgan.

El Gobierno tiene equilibrio fiscal y llega esta vez mejor preparado para la segunda parte del año, cuando se supone que caen las liquidaciones de cosecha. Luis Caputo, ministro de Economía, dice que está tranquilo con el dólar. Que pretende aprovechar el alza de estos días, alentada por las proyecciones de la Reserva Federal y las compras de dólares por vacaciones en la Argentina, para descomprimir un poco la actividad fabril y que está seguro de que esos movimientos no se trasladarán a precios.
En el fondo, la apuesta de Milei es casi un 100% económica. De ese resultado depende, por ejemplo, el respaldo que tenga de la clase media y, como consecuencia, lo que pase dentro de Pro. ¿Hay espacio para una tercera fuerza en 2027 si el Gobierno tiene éxito?, es la pregunta en ese espacio. Por eso les resultó tan difícil a los macristas, desde el inicio, acordar una estrategia legislativa en derredor del caso Adorni. “No pienso ir más a ningún canal de televisión”, lo oyeron decir esta semana a Fernando de Andreis, y de un humor similar está Cristian Ritondo.
Dependerá una vez más de la economía. Como Macri lo sabe, calla y por ahora toma distancia. No solo de Milei: la semana pasada, en el estadio de Kansas, donde la Argentina derrotó a Argelia, casi se cruza en el vip con Claudio Tapia. Está seguro de que el líder de la AFA buscaba saludarlo. “Lo esquivé”, admitió delante de amigos. Era otra imagen fuerte. La historia enseña lo que debe hacerse con un piantavotos: si no se puede prescindir de él, se lo esconde. Dejarlo en primera fila equivale a inmolarse, y casi nadie se inmola, ni siquiera Insaurralde.




