El regreso del arquitecto Speer
El hijo del arquitecto de Hitler diseña un imponente proyecto para la capital china
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MUNICH
Su nombre es Albert Speer y su profesión es la de arquitecto y urbanista. Pero este Albert Speer se encoge de hombros con cierta resignación ante el hecho inevitable de que su padre se llamara igual que él y tuviera la misma profesión.
"No puedo evitarlo", comentó Speer durante un almuerzo en Munich, donde se encontraba en viaje de negocios, refiriéndose a su nombre y al legado familiar. "Las cosas son como son", añadió.
El padre de Speer, sobre quien fueron escritos muchos libros, fue, por supuesto, el arquitecto favorito de Hitler y el hombre que desarrolló el estilo grandioso y totalitario de los edificios y monumentos nazis. Speer padre murió en 1981 después de pasar 20 años en prisión como criminal de guerra nazi.
En Alemania, su hijo ha estado últimamente en el candelero porque hace poco presentó un imponente diseño para el futuro desarrollo de Pekín, mientras la capital de China se prepara para celebrar los Juegos Olímpicos de 2008.
El diseño presentado por la compañía de Albert Speer, AS & P, con sede en Francfort, incluye un vasto eje norte-sur de unos 15 kilómetros de longitud, que se extendería desde la Villa Olímpica, en el norte de la ciudad, conectado con la Ciudad Prohibida, antigua residencia de los emperadores, y que terminaría en una inmensa y nueva estación de ferrocarril que enlazaría la capital china con el resto del país.
No es de extrañar que se haya planteado en Alemania -aunque aparentemente no ha sido el caso en China- si algún espíritu maligno del pasado no revivía en el diseño pequinés de Speer hijo. ¿Trataba éste, consciente o inconscientemente, de revivir el espíritu de su padre y construir en Pekín lo que su padre no pudo construir en Berlín debido a la derrota de Alemania?
"Su eje de Pekín despierta viejos recuerdos", expresó Sophie Mühlmann en un artículo publicado hace unos días en el diario alemán Die Welt. "¿No había Speer padre planificado un legendario eje norte-sur para la nueva Berlín de Hitler, cuyo nombre sería `Germania capital del mundo´? ¿Trata su hijo de emularlo, o más bien de superarlo?
La lacónica respuesta de Speer hijo ante esa pregunta fue que no, que no pretendía emularlo ni superarlo y que incluso no tuvo mucho en cuenta a su padre cuando concibió su diseño para la Pekín del futuro.
Pero Alemania es un país donde siempre se plantean interrogantes relacionados con el pasado. El resurgimiento de Berlín como capital de una Alemania unificada fue motivo de insistentes y a menudo encendidos debates sobre arquitectura, caracterizados por la preocupación de que no debía construirse nada que sugiriera el monumentalismo de la época nazi. Para Speer hijo, que pese a su nombre desarrolló una exitosa carrera tanto en Alemania como en el mundo, los cuestionamientos sobre su eje y aquel otro eje son tanto inevitables como no muy bienvenidos.
"En este caso el diseño es mucho más vasto, pero ambos ejes no son comparables", comentó Speer contrastando su planificación de Pekín con el concepto que su padre nunca pudo construir en Berlín. "A través de los siglos -señaló Speer- los arquitectos concibieron extensos diseños abarcadores, incluyendo grandiosos ejes urbanos, y generalmente no recaen sobre ellos conjeturas sobre el oscuro nexo entre la política y el arte."
"Aquí se trata de un eje idealista", dijo refiriéndose a su planificación en Pekín. "Este no es un eje -agregó- que represente el poder, sino un eje que se retrotrae a 2500 años de historia china."
Para él no hay manera de eludir el hecho de que su padre fue íntimo de Hitler y una figura entre los líderes nazis más analizados y de los cuales más se ha escrito, enigmática, compleja y moralmente débil que, si bien refinado e inteligente, estuvo lealmente al servicio del Tercer Reich hasta el fin.
"Leí los libros", expresó Speer, mencionando particularmente dos de ellos: Albert Speer: su lucha con la verdad , de Gitta Sereny, y El veredicto final , de Joachim Fest. El hijo, en otras palabras, está interesado en su padre y su función tan compleja como sumamente analizada, pero tiene en claro que las actitudes profesionales de ambos son muy distintas.
El anteproyecto presentado para Pekín -que, si bien fue solicitado por el gobierno chino, no ha sido formalmente aceptado- es el más reciente de las muchas ideas grandiosas que Speer desarrolló a través de los años. Entre sus otros proyectos, por ejemplo, emprendidos con la colaboración del arquitecto Peter Eisenman, de Nueva York, figura un diseño para la licitación de las obras de los Juegos Olímpicos de 2012, en Leipzig. Anteriormente, había diseñado el proyecto de la Expo 2000 de Hannover, una obra que mostró un misterioso paralelo con una de las de su padre, que diseñó el Pabellón Germano en la Exposición Mundial de París de 1937.
Albert Speer sostiene que una Expo es una Expo y que no existe ninguna relación fantasmal entre padre e hijo sólo porque hayan diseñado proyectos equivalentes. Ciertamente, la fama de Speer hijo se debe a lo contrario de lo que hizo su padre, es decir, no un monumentalismo propiamente dicho sino edificios diseñados a conciencia y adaptados al medio ambiente a la manera de lo que a veces se denomina en arquitectura humanismo progresivo.
Sin embargo, no fueron muchos los hijos que tuvieron padres en los círculos más íntimos de Hitler, y no muchos de esos hijos eligieron seguir las mismas carreras profesionales que sus respectivos padres. Speer padre no fue sólo el arquitecto de Hitler sino su eficiente ministro de Armamento y, como tal, se valía del trabajo esclavo, por lo cual fue condenado en los juicios de Nüremberg.
El hijo pasó su niñez en Berchtesgaden, la localidad donde Hitler tenía su casa de campo bávara, y fue a la escuela cerca de allí.
"Tenía 9 o 10 años, y desde esa perspectiva lo imaginaba como un tío", respondió Speer cuando le preguntaron qué recuerdos tenía de Hitler. "Para un niño -añadió- Hitler era un hombre como cualquiera."
Cuando era niño, Speer tartamudeaba, y él mismo lo atribuye a los traumas de la guerra y su desenlace, que incluyó el juicio y condena de su padre. De joven, trabajó como carpintero. Luego, en 1955, se trasladó a Munich para estudiar arquitectura, una elección que, según podría sospechar un psicólogo, indicó cierto afán por identificarse con su padre. Pero el propio Speer expresó que su abuelo paterno, el primer Albert Speer, también fue arquitecto y algunos de sus edificios figuran hoy dentro de la categoría de los monumentos históricos de Alemania. Su bisabuelo, Bertold Speer, también fue arquitecto.
En 1964 ganó un concurso que le permitió ganar el suficiente dinero para viajar por los Estados Unidos. De regreso a Alemania, comenzó a recibir trabajos por encargo, muchos de ellos en el mundo en vías de desarrollo, como el edificio del Parlamento en Yemen, un complejo para la sede de la cancillería en Arabia Saudita, un nuevo proyecto edilicio para la ciudad de Belice.
Pero es en China donde Speer ha realizado sus mayores diseños, como la construcción de la Ciudad Internacional del Automóvil en Shanghai. Y posteriormente, el concepto urbanístico para un eje norte-sur en Pekín, que se extiende a lo largo de 15 kilómetros. "No se trata de un proyecto sino de la oportunidad de catapultar a Pekín al siglo XXI", expresó Speer. Esa declaración podría parecer altisonante, pero no hay arcos triunfales tres veces más grandes que la especie de Arco de Triunfo acerca del que su padre solía hablar con Hitler.



