
El rol social del cristiano ante la crisis
Directo, franco e interpelador, el lenguaje empleado por el arzobispo de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta, en el Primer Foro Nacional de Laicos realizado en Córdoba, guió este último fin de semana al grupo entonces constituido para preparar el proyecto que brinde solidez y continuidad a ese esfuerzo por acentuar el compromiso social de los católicos.
"Poco importa que vaya a misa, peregrine a San Cayetano o invoque encíclicas; quien no cumple sus obligaciones sociales como ciudadano, no puede llamarse cristiano." Representativa del estilo contundente que cultiva Giaquinta, la afirmación fue parte de una presentación que por lo severa y autocrítica resultó estimulante y cobra particular actualidad en estos días de protesta por el ajuste, invitación al diálogo y debate sobre el rol social de la Iglesia.
Valiéndose de la experiencia vivida en el Chaco durante las gravísimas inundaciones, Giaquinta reflexionó sobre la solidaridad social, que consideró mucho más importante que la reacción sentimental ante una catástrofe. En un mundo repleto de pobrezas -la natural o circunstancial, la estructural, la debida a la injusticia-, Giaquinta denunció la pobreza ética como la peor de todas y ahí ubicó la necesidad de un compromiso firme del ciudadano cristiano con la moral evangélica, capaz de transformar todas las dimensiones del hombre, no sólo la personal y familiar, sino también la social y política.
Y de considerar que es la Argentina toda por su situación de crisis global la que necesita de aquella solidaridad deviene la médula de la presentación del arquidiocesano chaqueño: el servicio del laico hoy será educar la conciencia del ciudadano para reconstruir un Estado solidario.
La reflexión ante el Foro de Laicos cobra una particular actualidad en estos días de debate sobre el ajuste fiscal al tornarse duramente crítica respecto de lo que llama el "Estado mágico", del cual se aprovecharon durante décadas todos los argentinos "en forma proporcional a partir de los más encumbrados". Se invita a reconocer que el "Estado mágico ha muerto, aunque se prolonguen sus funerales", y a evitar caer en la idolatría del Estado neoliberal, que no tiene futuro en la medida en que desplace de su centro la dignidad de la persona y el bien común y, en su lugar, ponga al individuo con sus intereses económicos, sin importar lo que acontezca al resto de la comunidad.
"El ciudadano cristiano ha de saber que sobre el cumplimiento de los deberes sociales grava una gran hipoteca que afecta a la moral social argentina, en cuya mala formación él también tiene responsabilidad, y no poca", sostuvo Giaquinta.
La convocatoria a todo dirigente social que se profese cristiano es a aportar esfuerzo e inteligencia, para volcarlos en un diálogo político nuevo que exige amor a la verdad, búsqueda del bien común, propuestas sinceras, humildad para reconocer yerros y respeto por el otro.







