El señor González y su nieto estigmatizado

Rolando Hanglin
Rolando Hanglin PARA LA NACION
Se puso mal porque en la Libreta de Trayectoria le estamparon un 7
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23 de septiembre de 2014  • 00:22

¡Por fin! Sábado a la mañana. El Sr. González tomó su desayuno en bandeja: una medialuna con queso crema y mermelada light de frutillas. Un café con leche bien caliente.

Se escuchaba el canturreo de su mujer, la señora Nélida, en la cocina, lavando un par de platos y una taza. Tranquilo y reposado, González contempló la mañana lluviosa por la ventana del dormitorio y estiró un brazo, tomando el teléfono.

Voy a hablar con mis hijos. ¿Qué hora es? Mmmm...las 10. A esta hora, están todos despiertos. Espero...

Sin apuro, discó primero el número de su hija menor, Sabrina, una linda rubiecita de 25 años que vivía sola en su departamento de San Telmo. Había sido difícil separarse de la pequeña, a los 20 años justos, pero... son cosas inevitables de la vida. Al principio, González y Nélida se sentían solos en esa casa enorme y silenciosa. Después, empezaron a invitarla a comer todos los martes y viernes. Finalmente, la distancia de Sabri se hizo natural.

-¡Hola! ¿Sabrina?

-Si, papi. ¿Cómo estás?

-Bien, perfecto. Extrañándote mucho. ¿Hoy qué hacés?

-Nada, papi. Ahora tengo que limpiar toda la casa y después me pongo a estudiar para el examen del lunes.

-¿Cuánto te falta para recibirte?

-Siempre me preguntás lo mismo, papi. Me falta un año justo. Pero contando a partir del lunes, tengo que meter el examen del lunes.

-Bueno. ¿Hoy no salís?

-A la noche un ratito, a lo mejor.

-¿Con quién?

-Con los chicos.

-¿Cómo se llaman los chicos?

-Papi, son los de siempre: Beto, Coqui y Nube.

-¿Nube se llama?

-Es una chica, pa. Se llama Nube, sí. Es medio búlgara, entonces le pusieron Gritkin, que quiere decir Nube. Ya te conté.

-Bueno. Entonces te dejo, hijita, cuidate mucho.

-Chau, papi. Te quiero.

De esta forma, González fue recorriendo el espinel de sus hijos. Gonzalo, que es abogado. Bettina, que trabaja en una inmobiliaria. Y finalmente Bautista, conocido como Bauti: el mayor, con 40 años cumplidos y tres hijos.

-¡Hola, Bauti! ¿Cómo va todo?

Bautito está estigmatizado. Se puso mal porque en la Libreta de Trayectoria le estamparon un 7

-Bien, pa. Más o menos. En realidad, regular. Bautito está estigmatizado. Se puso mal porque en la Libreta de Trayectoria le estamparon un 7. ¡Imaginate! Se siente la última basura del universo. Tengo que hablar con el profesor. Es un imbécil. Un facho.

-Pero...¿Me estás hablando de tu hijo mayor, Bautito, el de 15 años?

-Claro, pa. Es el único Bautito de la casa. Los otros son Agustina y Cesarión.

-¿Y cuál es el problema? Es una buena nota un 7. Te eximís, no vas a examen de diciembre.

-Te explico, papá: 7 es la nota mínima. Vos no te acordás, pero hace unos años suprimieron el cero, el uno, el dos y el tres. Después suprimieron el cinco y el seis para no estigmatizar a los chicos. Entonces, Bautito recibió la calificación más baja que existe en el colegio. Está avergonzado.

-¡Pero qué pavada, Bauti! Cuando yo estudiaba en el Mariano Acosta, un año me llevé 2 de promedio en todas las materias. ¡En todas! Era un ídolo. Mis compañeros me consideraban el más canchero, el más valiente, el que estaba más allá de todo. En cambio, los tragas, los que tenían diez de promedio, eran odiados por los chicos y las chicas. Chupamedias de los profes, aburridos, feos, tontos. Los genios éramos nosotros. Genios y burros.

-Eso fue en el Pleistoceno, pa. Ahora es distinto.

-¡Pero no, Bauti, es lo mismo! En un grupo de alumnos, como en cualquier colectivo humano, tiene que haber de todo. Estudiosos y vagos, calladitos y charlatanes, rebeldes y conformistas. Los que se sacan 7, los que estudian, los que nunca pegan una, los que van a cursos especiales. No te preocupes. Por ahí el más burro, que tiene cero de promedio, con los años resulta un Leloir, un Houssay, un Milstein o un Favaloro.

-Dejate de filosofías, pa. Yo no quiero que mi hijo sea Premio Nobel, quiero que se sienta feliz. Que no lo discriminen. Que no lo humillen.

-Oíme, Bauti. El estudiante que se saca la nota mínima (antes era 0, ahora 7) es libre como un pájaro. Se hace la rata, se escapa por ahí, conoce la calle, las mujeres, la aventura.

-¿Aventura, pa? Bautito tiene 15 años.

-¡Y bueno, por eso te digo! A esa edad, nadie estudia. Todos los estudiantes, varones y nenas, entran en un bajón terrible porque tienen las hormonas revolucionadas. No se pueden concentrar. Especialmente los varones, que hojean las revistas con mujeres desnudas, se enamoran de alguna profesora joven… andan en cualquier cosa menos en estudiar…

-Sí, perfecto, pa. Pero vos no sabés lo que es para un chico de cuarto año caminar por el patio mientras todos lo miran y lo señalan con el dedo: ¡Ahí va Bautito, el que se sacó7!

-No sé, querido, realmente no lo entiendo. ¿Estás buscando alguna solución?

Los alumnos no tienen pupitres, sino que cada cual tiene su árbol. Allí viven, comen y duermen

-Sí, estamos pensando seriamente en cambiarlo a Bautito de colegio. Hay uno nuevo que nos gusta, se llama "Dreamland". Es un sistema canadiense. Los alumnos no tienen pupitres, sino que cada cual tiene su árbol. Allí viven, comen y duermen.

-¿En el árbol?

-Sí, en el árbol.

-¿Y dónde ponen los cuadernos, las lapiceras, los útiles?

-No tienen cuadernos. Cada uno lleva su tablet.

-¿Pero no se ensucian mucho los guardapolvos?

-No tienen guardapolvos. Van con un equipo de running.

¿Running? ¿Y eso qué es?

-Correr. Ropa ágil. O sea zapatillas, un pantalón y un buzo. Bajan solamente para almorzar.

-Ah...¿Es un colegio doble turno?

-Sí, pa, es privado y bastante saladito. Pero todo sea por Bautito. No está feliz con el sistema actual. Lo encuentra muy represivo.

-Mirá vos. ¿Y los profesores donde van a estar?

-Arriba de los árboles. Porque es enseñanza personalizada, entonces cada profe se tiene que trepar a un árbol para intercambiar individualmente con cada alumno.

-¿Cómo intercambiar? ¿Qué es lo que van a intercambiar?

-Saberes. Se considera que esta educación actual ya no es un profe que enseña y un alumno que estudia: los dos tienen cosas que expresar y las intercambian. Lo mismo las notas: el profe le pone una nota al alumno, que es siempre10, y el alumno le pone la misma nota al profe.

-Bueno, querido, ojalá que la cosa marche bien.

El señor González colgó el teléfono y volvió a la colección encuadernada de la revista "Cabildo".

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