
El sentido numérico
Por Antonio M. Battro
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Los antiguos elaboraron una teoría del conocimiento basada en los cinco sentidos. Con el correr del tiempo apareció el sexto sentido, que tuvo diferentes significados según los autores. Con el avance de las neurociencias y de la psicofísica, los investigadores de este siglo abandonaron el paradigma tradicional y los sistemas sensoriales pudieron ser analizados con el mayor rigor experimental.
Entre ellos se encuentra el joven matemático y psicólogo francés Stanislas Dehaene cuyo libro "El sentido del número o cómo la mente crea las matemáticas" (The number sense: How the mind creates mathematics, Oxford University Press, 1997) ha tenido notable repercusión. Recibió este año el prestigioso premio de la Fundación James S. McDonnell. Nada menos que un millón de dólares que podrá aplicar a sus investigaciones sobre las ciencias neurocognitivas de la "numerosidad". El trabajo de Dehaene es, sin duda, uno de los más promisorios en el campo de la neuroeducación.
Su teoría, avalada con cientos de experimentos, postula la existencia de circuitos cerebrales innatos para el cálculo elemental de la numerosidad. El estudio de los números enteros, por ejemplo, revela la capacidad de muchos animales y del infante humano para operar consistentemente sobre números pequeños. Se han detectado, en efecto, algunos mecanismos neuronales simples capaces de contar, de distinguir entre mayor y menor, de sumar y de restar, etc.
Por ejemplo, si los números son enteros próximos, como 9 y 8, la respuesta requiere más tiempo de procesamiento cerebral que si los números están separados, como 9 y 2. Es más, algunos enfermos que han sufrido una lesión localizada en el lóbulo parietal inferior de la corteza cerebral son incapaces de identificar el número que se encuentra entre el 2 y el 4, pero saben que el mes marzo está situado entre febrero y abril. Por otra parte, con los métodos actuales de registro se puede observar la existencia de grupos de neuronas que sólo se activan durante los procesos numéricos.
Para Dehaen "los números son como los colores," se crean en áreas bien definidas de la corteza cerebral que son independientes del lenguaje. Algunas dificultades numéricas como la "discalculia" adquieren así un claro sentido biológico. La adquisición de una competencia numérica superior implica, por otra parte, un esfuerzo considerable de cada individuo y de su entorno.
Ciertamente nuestro cerebro no fue diseñado para aprender las tablas de multiplicar, pero sí para generar un algoritmo, habilidad que posee claras ventajas adaptativas en la evolución del ser humano. En definitiva, la adquisición del número modifica la arquitectura más íntima de las redes neurales. Algún día lo que nos aporten las ciencias del cerebro nos servirá para aprender mejor matemáticas.
El autor es doctor en Medicina y en Psicología Experimental. Es consultor en educación y nuevas tecnologías
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