
El sucesor Quién será el próximo Papa
En el Vaticano ya circulan listas con los nombres de los máximos candidatos a convertirse en reemplazantes de Juan Pablo II. Aunque muchos afirman que el futuro Pontífice aún no es cardenal, se especula con que los latinoamericanos son favoritos
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Roma
“Quien entra Papa, sale cardenal.” Ese es el tradicional dicho romano que, muchas veces, y más en estos tiempos, algunos prelados del Vaticano utilizan para contestar, con una sonrisa pícara, una pregunta considerada no muy políticamente correcta: ¿Quién será el sucesor de Juan Pablo II?
“Quien entra Papa, sale cardenal”, suelen decir ciertos purpurados para salir del paso, evitando con elegancia el holy gossip que invade los bellísimos salones y pasillos de Oltretevere. ¿Para qué mencionar nombres excelentes si, como dice el viejo detto romano, aquellos cardenales considerados “papables” que entran al cónclave, la reunión cum clave en la que se elige al nuevo Pontífice, normalmente salen cardenales? Amén de esta creencia, también hay gente convencida de que, en realidad, el viejo dicho romano no es tan cierto. “Pablo VI entró al cónclave como Papa, y salió como Papa, y Pío XII, también”, recuerdan algunos.
Más allá de quién pueda tener razón sobre el tan trillado dicho, después de que el físicamente frágil pero extraordinario Karol Wojtyla -elegido el 16 de octubre de 1978- cumplió hace dos meses 24 años al frente de la Iglesia Católica -convirtiéndose en el sexto Pontífice más longevo de la historia, contando a San Pedro-, no es un secreto que ya circulan listas con los nombres de aquellos cardenales considerados papabili. Se trata de listas que existen desde hace varios años -en verdad se habla de la sucesión del Papa desde que sufrió el atentado del 13 de mayo de 1981-, y que cambian constantemente por razones de salud y edad de los cardenales electores, y por su desempeño en determinadas cuestiones.
¿A quién se menciona en las últimas listas? A muchos latinoamericanos, incluyendo a un argentino, según pudo constatar La Nacion tras consultar a distintos expertos en la materia.
Con Karol Wojtyla, que en su pontificado nombró hasta ahora un total de 201 cardenales, en efecto, no sólo el colegio cardenalicio se volvió más internacional que nunca, sino que el bloque americano -que suma a los purpurados de América latina y a los de América septentrional- se ha vuelto más que importante, con casi cuarenta cardenales electores. “Los latinoamericanos están mejor posicionados. Como bloque, sumando a los norteamericanos y canadienses, tienen más votos. Pero no sólo eso. La mitad de los católicos que hay en el mundo están en América latina, donde por otra parte están creciendo mucho las sectas, por lo que un Papa latinoamericano podría tener un gran efecto”, comentó un vaticanista.
Así las cosas, mientras que en las listas no hay níngun papabile norteamericano -es impensable un Papa norteamericano “porque el Vaticano valora demasiado su neutralidad diplomática”-, hay varios latinoamericanos.
Uno de ellos, quizás el más firme, es el cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Madariaga, de apenas 59 años. Carismático, hábil con la prensa, y conocedor de varios idiomas, Madariaga, que hasta 1999 fue presidente de la Celam, es salesiano, y muy sensible a cuestiones como la justicia social, un tema que para muchos deberá ser clave en el próximo papado.
Rígido en el campo de la doctrina, pero preocupado al igual que Juan Pablo II por el deterioro de las condiciones de los pobres en la era de la globalización, también es mencionado como un candidato muy poderoso el colombiano Darío Castrillón Hoyos, de 73 años. Prefecto de la Congregación del Clero, además del español y el italiano, conoce perfectamente el inglés y el francés, y comenzó a estudiar árabe, un buen dato para un candidato a suceder al “Papa viajero”. Ultimamente, sin embargo, no gustó demasiado su actuación a la hora de enfrentar los escándalos sexuales que sacudieron a la Iglesia norteamericana, cuando sugirió que se trataba de un problema anglosajón. Cuando Gabriel García Márquez hace unos años lo entrevistó, Castrillón Hoyos prefirió no hablar de su candidatura: “Espero que Dios nos conserve a este Papa por muchos años, para que sea él quien rece sobre mi tumba”, dijo.
Como es público, el nombre del cardenal argentino Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, también está en danza. Hace unos días, Sandro Magister, reconocido vaticanista del semanario L’Espresso dedicó todo un artículo al “tímido y esquivo” prelado argentino, al que consideró el “candidato número uno a la sucesión de Juan Pablo II”. Al parecer, al margen de que es considerado una figura distinta, muy espiritual, y que se aprecia el hecho de que “no mueve un dedo para hacer campaña”, Bergoglio causó una muy buena impresión en el sínodo de obispos de octubre de 2001, en el que actuó como relator general.
La edad perfecta
De 66 años -que cumple pasado mañana-, una edad para muchos “perfecta”, hay quien dice, sin embargo, que su talón de Aquiles es la timidez a la hora de enfrentarse con los medios, algo esencial en el siglo XXI. Si bien una alta fuente consideró que el hecho de que el nombre de Bergoglio circule significa que “quieren quemarlo”, lo cierto es que el arzobispo de Buenos Aires es el segundo argentino papabile de la historia, después del fallecido cardenal Eduardo Pironio, bien posicionado en el cónclave de 1978.
Al igual que Bergoglio, también Claudio Hummes, arzobispo de San Pablo, llamó la atención del Papa en el último sínodo. Franciscano, de 68 años, Hummes es un apasionado al hablar sobre justicia social. En una entrevista con La Nacion, en febrero último, dijo que “no habrá futuro si las cosas siguen como ahora” y que “es necesario encontrar una fórmula nueva, que posibilite que todos estén incluidos en este gran programa global”.
También sensible a los temas sociales, pero conservador en casi todos los asuntos de Iglesia, el cardenal mexicano Norberto Rivera Carrera, de 60 años y arzobispo de Ciudad de México, tiene sus chances, aunque en 1990, siendo obispo de Tehuacán, cerró un seminario al que acusó de enseñar teología marxista.
Cruzando el Atlántico, es en el continente africano donde encontramos a otro papabile. En la que sería la elección más sorprendente de todos los tiempos -con un impacto similar al que tuvo Wojtyla, el primer Papa venido del Este-, no se descarta que el nigeriano Francis Arinze pueda convertirse en el primer Papa negro de la historia moderna. “Al margen de que sería una señal en contra del racismo y de la discriminación -explicó un vaticanista-, sería también una señal para el mañana. Africa es la parte del mundo donde más está creciendo la Iglesia Católica.”
Con 70 años, hoy prefecto de la Congregación para el Culto Divino y por 17 años presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, Arinze fue el obispo más joven del mundo, a los 32 años, y participó en las últimas sesiones del Concilio Vaticano II. Luego, fue jefe de la Iglesia en Biafra, durante la guerra civil en Nigeria. Experto en islam, escribió un libro sobre las religiones y la paz que fue best-séller en Estados Unidos.
En Europa nos encontramos, en realidad, con pocos candidatos. La mayoría, son italianos. Entre ellos, la figura principal, al menos según la prensa italiana, es la de Dionigi Tettamanzi, el ex arzobispo de Génova designado este año por Juan Pablo II al frente de la arquidiócesis de Milán para suceder al jesuita Carlo Maria Martini, otro papabile.
Tettamanzi tiene 68 años. Fue secretario general de la Conferencia Episcopal italiana, es un teólogo moralista conservador, y experto en bioética. Para muchos, aunque no habla idiomas y tiene poco carisma, podría ser “perfecto” porque es esencialmente un “mediador”, que se lleva bien con todo el mundo.
Considerado el “más preparado a nivel intelectual”, aunque en un momento se lo había excluido de las listas de papables por ser demasiado progresista, hay quien cree que el cardenal Carlo Martini, “la mejor mente de la Iglesia”, todavía está en carrera. Experto en la Biblia, conferencista, hombre de fuerte ecumenismo, Martini le pidió al Papa que aceptara su renuncia al frente de la Arquidiócesis de Milán al cumplir 75 años por su fuerte deseo de establecerse en Jerusalén.
El cardenal Giovanni Battista Re, de 68 años, prefecto de la Congregación para los Obispos y ex sustituto en la Secretaría de Estado de la Santa Sede durante siete años, también es considerado un buen candidato. Es un gran conocedor de la Curia porque pasó allí la mayor parte de su vida. Moderado, algunos creen que podría ser un insider capaz de reformarla, para mejor. Aunque otros lo ven más como un “un buen número 2, que como un número 1”.
Un checo, el arzobispo de Praga, Miloslav Vlk, de 70 años, es otro cardenal muy bien visto. Aunque es impronunciable, su apellido significa “zorro”. Cercano al movimiento de los focolares, Vlk fue limpiavidrios durante el régimen comunista, presidió la Conferencia Episcopal Europea, y tiene carisma.
Un belga, el cardenal Godfried Danneels, arzobispo de Bruselas, es el último papabile que mencionaremos. Con 69 años, tiene un marcapasos, es un buen orador, y es considerado una “figura brillante”. Progresista, tiene buena fama como pastor y como intelectual.
Como decíamos al principio, las listas de papabili son mutantes. De hecho, se especula con que se celebre un nuevo consistorio, a fines del año próximo, en el que el Papa nombraría entre quince y veinte nuevos cardenales, lo que cambiaría sensiblemente la lista de los potenciales sucesores.
Al respecto, hay un rumor que dice que, recientemente, cuando algunos prelados reunidos con el Santo Padre estaban elogiando a un papabile mencionado en esta nota, el papa polaco sorprendió a todos, y sentenció: “Mi sucesor todavía no es cardenal”.





