El tercer milenio está entre nosotros

Web 2.0, mapa genético, manipulación de embriones, nanotecnología, sociedades hiperconectadas, energías alternativas. La primera década del tercer milenio parece cumplir y superar las utopías futuristas. Pero mientras la revolución tecnológica da alas a los sueños más optimistas, la realidad social, política y económica muestra señales de un mundo en transición que anticipa escenarios todavía confusos. Una mirada a lo que vendrá Por Alejandra Folgarait
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27 de diciembre de 2009  

El año 2000 marcó un antes y un después en el imaginario colectivo de la humanidad. Todo lo que pasó antes era historia. Todo lo que vino después es parte de la ciencia ficción. ¿Acaso alguien puede decir si las fantasías de anticipación que juega Tom Cruise en la película Minority report existen de verdad ocultas en algún laboratorio o son pura mentira? Y los planes para colonizar Marte, ¿están en marcha o son un producto de la imaginación de Ray Bradbury?

Hay que reconocer que el futuro pasó como un tren (un tren bala, por cierto). Vivimos en un presente continuo, y no porque Francis Fukuyama decretara el fin de la Historia sino porque nuestras mentes fueron programadas para ubicar lo que vendrá en el siglo XXI. Al alcanzarlo tan rápido, ¿nos quedamos vacíos de futuro?

El solo hecho de estar transitando lo desconocido es una cuestión incómoda para los que estudian los avances tecnológicos y sus relaciones con las sociedades y las culturas. Por un lado, algunos optimistas disparan suposiciones delirantes y pronósticos grandiosos. El gurú norteamericano Ray Kurzweil es uno de los más activos imaginadores en este sentido. Siguiendo los pasos del escritor Arthur C. Clarke, el mediático inventor predice para el año 2020 inmersiones cotidianas en mundos virtuales de tres dimensiones, amén de un encuentro íntimo entre la inteligencia de las máquinas y la mente de los seres humanos. Kurzweil anticipa la liberación de los límites entre realidad y ficción o -como le gusta decir- un "upgrade del software evolutivo".

Si hay algo claro en la primera década del siglo XXI es que se hicieron realidad muchos sueños previstos por escritores fantásticos, desde Julio Verne a los ciberpunks William Gibson, creador de la palabra "ciberespacio", y Neal Stephenson, difusor de la palabra "avatar" que hoy triunfa en el cine.

Algunas de las revoluciones imaginadas por la ciencia ficción empezaron a rodar en el campo de la informática, la biología, la tecnología espacial, la producción de energía, las drogas y los comportamientos sexuales. Pero otras cuestiones no fueron predichas. Y nos cambiaron la vida.

Gracias al Wi-Fi, la diferencia entre un bar de Buenos Aires y un aeropuerto de cualquier capital del mundo es casi irrelevante. En los múltiples Starbucks de Londres se ven tantas laptops en funcionamiento como en el café Martínez o el Freddo de acá a la vuelta. Claro que, mientras que los ingleses no entienden qué es un móvil portátil de banda ancha, los argentinos disfrutan cada vez más del nuevo chiche adosado a sus mini computadoras. ¿Por qué el furor de los delgadísimos módems? Por la sencilla razón de que, saliendo de la Capital Federal, es difícil conectarse a la red con libertad absoluta. Y la adicción a chequear e-mails y Facebook ya es demasiado fuerte.

En el subte, el tren, el colectivo y hasta en el auto: todos con cables, todos conectados a algo, sea el iPhone o la netbook. En las escuelas, tuvieron que prohibir los celulares para que los jóvenes miraran al profesor. No es seguro que lo hayan logrado. Aunque tal vez tengan más posibilidades de captar la atención de su clase los maestros uruguayos, gracias a la iniciativa "Una laptop por niño", impulsada por el gurú Nicholas Negroponte para achicar la brecha digital entre ricos y pobres, entre naciones desarrolladas y el resto del mundo.

Desde las redes sociales horizontales hasta la Wikipedia, pasando por los yogures probióticos y las cámaras de fotos digitales, que tornaron profesionales a los amateurs de cumpleaños y turismo, los últimos 10 años trazaron un mapa insospechado de lo que podría acontecer.

En el camino hacia lo nuevo, apareció la palabra "googlear" y se asistió al ocaso del correo postal. El chateo y los mensajitos de texto coparon la vida adolescente, primero, y la de todos, después. Y mientras el iPod se convirtió en un fenómeno de masas, el mp3 pasó al cajón del olvido en segundos.

"Un cambio fundamental en los países sudamericanos fue la telefonía móvil", dice Martín Becerra, profesor de Comunicación en la Universidad de Quilmes. En la Argentina, hay 8 millones de líneas telefónicas fijas contra 46 millones de líneas móviles. "El uso social de la tecnología móvil cambió la comunicación, ahora se puede hablar desde cualquier lugar y mientras uno hace muchas otras cosas", agrega este investigador del Conicet.

Desorden y temores. Eso es lo que genera, según Becerra, la ruptura de la cultura de la secuencia narrativa, porque se ha pasado de la linealidad a una estructura de red y de zapping entre canales, lenguajes y contenidos. "No sabemos a dónde nos conduce esta aceleración, lo único que podemos decir es que los dispositivos móviles, el crecimiento de la banda ancha y la digitalización de la televisión van a marcar una era de ubicuidad.", concluye.

Nómades e hiperconectados. Ana Wortman, estudiosa de los consumos culturales en la era de la globalización, señala a los nuevos sujetos de nuestra época los "nómades digitales", que están en todas partes, circulan, son sujetos móviles. Y están en EE.UU., en Europa, como en las grandes ciudades de América latina, entre ellas, Buenos Aires".

La consultora IDC anticipa la consolidación de las computadoras pequeñas que aparecieron este año por todas partes ("netbooks"), con el agregado de que serán sensibles al tacto. A diferencia de los teléfonos móviles, que agrandarán sus pantallas más y más, las netbooks se volverán más delgadas y livianas, aunque también más poderosas. Todos esperan que la iPad de Apple enseñe la senda hacia lo que vendrá: la convergencia de dispositivos inteligentes y sensoriales al mismo tiempo.

Mientras tanto, la gente sigue disfrutando de una nueva forma de socializar, con pocas palabras y muchos signos de admiración. Sin duda, la aparición de las redes sociales marcó la primera década de este siglo. La era de Facebook y Twitter empezó, como siempre, con algunos universitarios armando sus propias historias a través de blogs y sitios de fotos, como Flickr. Para cuando los que perdieron de vista a sus compañeros de primaria descubrieron las bondades de buscar datos e imágenes por medio de la muy marketineada Web 2.0, hacía mucho que los nacidos con las computadoras -la generación Net- utilizaban la red para sus propios asuntos interactivos, como bien lo mostró el auge sorpresivo de los videos en Youtube. De ahí al estallido de esas redes pasó un segundo.

Pero si las comunicaciones están en el centro de todas las innovaciones, la ingeniería genética no se queda atrás. En la última década, la manipulación de genes en animales se extendió hacia los embriones humanos con el fin de extraerles células multiterreno o seleccionar al futuro bebé para ofrecerle una cura a su hermano mayor. Las células madre se pusieron de moda como tratamiento anti-age y se instalaron bancos de cordón umbilical privados como presunto seguro de vida. La memoria se perdió como ejercicio y se recuperó como deseo. Los psicofármacos invadieron noches y días, y ya se habla hasta de la píldora del olvido, para "deletear" traumas y alejar las pesadillas.

Ahora que el show del cambio climático en Copenhague terminó con las esperanzas más verdes, los fabricantes de molinos eólicos siguen desgañitándose para convencer a los gobiernos de su beneficio en relación a la vieja energía nuclear, los israelíes insisten con la plantación de espejos en el desierto para captar los rayos del sol y los autos "híbridos" como el Prius de Toyota vuelven a pisar fuerte. A falta de autos voladores, como los de "Los supersónicos", los tímidos intentos de fabricar vehículos que funcionen con "biocombustibles" -generados a partir de cultivos transgénicos o el más limpio hidrógeno- ya marcan tendencia.

Un vertiginoso "fast-forward" permite vislumbrar otras tecnologías que aparecieron en los últimos años y se convertirán en parte de lo habitual más temprano que tarde. La reproducción artificial en los seres humanos es uno de ellos. La fertilización asistida cambió el panorama social y subjetivo, permitiendo congelar los óvulos hasta que el tiempo aclare y poblando el mundo con mellizos. Y habilitando a que las parejas homosexuales tengan hijos con algo de su propio ADN. Un avance científico que nos dejó a las puertas de una profunda transformación en la sociedad, que hoy demanda nuevos derechos para nuevas necesidades. Así, en todo el mundo se posiciona el reclamo de las comunidades gay para legalizar el matrimonio y el derecho a adoptar de parejas homosexuales. La aprobación del matrimonio homosexual en varios países -y su discusión abierta en la Capital Federal- así como el nombramiento de una mujer lesbiana como obispo de la Iglesia Episcopal protestante en Los Angeles marcan un camino que recién empieza.

Más que humanos

La clonación de animales abrió las puertas para una verdadera revolución en la medicina. Y a esta altura, la controversia por el uso de embriones humanos para obtener células capaces de generar los diferentes tejidos del organismo ya está zanjada: se desarrolló una nueva forma de obtener células humanas con múltiples potencialidades sin tener que destruir óvulos fecundados. El cambio presidencial en los EE.UU., desde el republicano George W. Bush al moderno Barack Obama, también marcó un golpe de timón para estos temas: hoy los investigadores siguen buscando tratamientos celulares para enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer y los infartos sin que nadie se horrorice.

Se anuncia la sangre artificial y no faltará mucho para fabricar tejidos como la piel que no generen ningún rechazo. El trasplante de cara realizado a una mujer francesa en 2005 fue un verdadero shock, aunque hoy la pesadilla de la película de John Travolta y Nicolas Cage, en la que se intercambiaban apariencias, no asusta demasiado. La identidad, cada vez más, se refugia en los genes.

La decodificación del genoma humano fue todo un logro al filo del milenio. Hoy muchos quieren bajar el precio del mapeo genético individual a menos de mil dólares por cabeza para que todos puedan "leer" su propio genoma. Otros deslizan que la sociedad global no está preparada para saber quién tiene un supuesto "defecto" y no discriminarlo.

El punto es qué puede hacerse con ese conocimiento, más allá de una mastectomía, en el caso de las mujeres que se anticipan a un cáncer de mama anunciado en el mapa genético. Pero esto podría cambiar, si la terapia genética vuelve a encontrar luz verde para modificar las células de personas con mutaciones en su constitución hereditaria.

Uno de los sueños apadrinados por la ciencia ficción es el de la nave miniaturizada que navega por turbulentos vasos sanguíneos con científicos en su interior. Pues bien: ya existen los dispositivos electrónicos -tipo microchip- que se introducen en el organismo para estimular neuronas y mover implantes biónicos de brazos y piernas. Pero ninguna revolución médica estará completa sin los dispositivos infinitesimales de la nanotecnología.

Y, por cierto, ninguna ficción científica estará completa si la palabra futuro, o nuestro imaginario del futuro, no logra renovar sus sentidos.

"Cuando se habla del futuro, se tiende a pintar un panorama donde toda clase de problemas sociales serán resueltos por diversas tecnologías. Se olvidan generalmente los factores sociales que hacen que éstas sean adoptadas o no por las diferentes sociedades", dice la especialista en sociotecnología Laura Siri. "Más tarde las tecnologías pueden ´commoditizarse´, pero para entonces serán otras tecnologías las que marquen la diferencia entre quienes acceden y quienes no y, sobre todo, entre quienes las producen y quienes las consumen", subraya la docente e investigadora de la UBA.

Si el acceso a Internet marcó la diferencia en los años 90, a partir del nuevo siglo fue la banda ancha la que identificó la movilidad social. En los próximos años, acaso sean los modelos climáticos diseñados para cada país o el acceso a la información genética personal los que den la pauta del nivel de desarrollo de una sociedad.

En este sentido, los escenarios del futuro pueden ser optimistas o pesimistas, según el cristal -el libro o la película- con que se mire. Como escribió Ray Bradbury, "la ciencia ficción siempre ha sido un maestro de fábula en cuestiones morales". Quizás sea tiempo de recrear el futuro a través de nuevas ficciones para tener más claro lo que vendrá.

Cinco claves

1. Genoma humano

El desciframiento del mapa genético abrió un era de promesas médicas.

2. Banda ancha móvil y GPS

Celulares con 3G, Wi-Fi y GPS, nuevo escenario de la informática personal.

3. Nuevos derechos

La aprobación del matrimonio gay en varios países marca un cambio hacia nuevas formas de sociedad.

4. Manipulación de embriones

Se avanzó en la posibilidad de generar células regenerativas por otra vía.

5. La web 2.0 y las redes sociales

Wikipedia, Facebook, MySpace, Sonico y Twitter, una muestra del poder de la inteligencia colectiva.

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