
El trabajo intelectual
Por Antonio M. Battro
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"El trabajo intelectual" es el título del libro que el filósofo francés Jean Guitton publicó hace unos 50 años y que sirvió de guía a millares de estudiantes. Vale la pena comparar la situación que describe Guitton con la actual. Hay cambios profundos de una generación a otra y es bueno reconocerlos, para buscar los temas invariantes e incorporar las novedades.
Guitton dedicó su libro a los jóvenes que ingresaban en la universidad de su tiempo. Quería ofrecerles una guía para ordenar sus estudios y mejorar su rendimiento. Es interesante consignar algunas recomendaciones prácticas que siguen siendo válidas. Empezando por el empleo del tiempo y el uso del espacio.
Al respecto Guitton reconoce que no todos tenemos la misma capacidad de atención a las mismas horas de la jornada. Algunos preferimos la mañana, otros la noche para estudiar. Además nuestra atención fluctúa de manera cíclica. "Deberíamos esforzarnos para buscar cuáles son las horas reales, aquellas en las cuales la atención se halla en el más vivo estado de lucidez." Y propone una regla de oro que sigue siendo válida: "No toleres ni trabajo a medias ni reposo a medias. Entrégate todo entero a la actividad o permanece completamente ocioso".
Hoy se ha desarrollado toda una ciencia, la cronobiología, en torno de estos temas. La capacidad de aprender, de asimilar, de recordar, está condicionada por nuestro "reloj interno".
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También son muy pertinentes sus reflexiones sobre el espacio de estudio. "La preparación del trabajo implica una morada y, más aún, una atmósfera. Creo que el primer cuidado, en este sentido, debe ser el de encontrar un refugio, un rincón, un escondrijo." Cada estudiante tiene sus preferencias, unos trabajan mejor en grupo, otros aislados, unos en la biblioteca, otros en el café. Pero siempre vale lo que aconsejaba Ruskin: "No toleres cerca de ti nada que no te sea útil o que no encuentres bello". La distribución de los instrumentos de trabajo es decisiva. Aprendimos a ordenar los libros en anaqueles, pero no siempre sabemos ordenar sistemáticamente nuestras fichas y papeles.
El mejor método de clasificación será aquel que nos permita "encontrar en diez segundos una nota tomada hace diez años", decía Guitton. Nunca imaginó que podríamos contar algún día con una tecnología diseñada específicamente para ordenar nuestra "memoria externa".
La computadora, que por algo también se llama "ordenador", es hoy una herramienta invalorable para el estudio. Nos ayuda a organizar el espacio más íntimo de nuestras ideas. Y es en este mundo interior donde encontraremos, en definitiva, la verdadera alegría del trabajo intelectual.
Los interesados en comunicarse vía correo electrónico con el autor, pueden hacerlo a la siguiente dirección:
( aprenderhoy@lanacion.com.ar)





