
El turismo, la actividad más sustentable de la economía argentina
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Desde el punto de vista ambiental y social, la actividad más sustentable de la economía argentina es el turismo. Si hoy existe un corredor de los bosques andino-patagónicos que es el más grande exponente del desarrollo sustentable de América del Sur se lo debemos a la visión de Ezequiel Bustillo y al accionar de Parques Nacionales desde 1934. Y a ese corredor se agregan Iguazú, Península Valdés, la Quebrada de Humahuaca y la puna jujeño-salteña, el corredor Ischigualasto-Talampaya, los Valles Calchaquíes, Tierra del Fuego, etc.
En todas estas experiencias, conservar el paisaje y el patrimonio natural significa crear riqueza para las comunidades locales y el país. Sólo en tres regiones sumadas (el corredor andino-patagónico, Iguazú y Península Valdés) se generaron 2700 millones de pesos en 2003 y empleo directo e indirecto para 120.000 personas, cifras que aumentaron en 2004 en aproximadamente un 20%. Se trata de proyectos sustentables en lo ambiental, económico y social.
Como resultado de estos beneficios tangibles, por ejemplo, la masa forestal nativa en el corredor andino-patagónico, desde Neuquen hasta Santa Cruz, aumentó en los últimos sesenta años (las comunidades locales implantaron bosques con especies nativas en todos los ejidos municipales y en los límites con la estepa patagónica, como se puede apreciar en el llamado "circuito chico" de Bariloche).
Pero estamos hablando de turismo sustentable; porque hay otro tipo de turismo que degrada el recurso de convocatoria de la visita pública. Mar del Plata, como ejemplo de esto último, necesita rellenar artificialmente sus playas cada trienio, a un costo que supera a sus obras de infraestructura vial en el presupuesto municipal (lo hace, subsidiada por la provincia de Buenos Aires y la Nación).
Desde esta experiencia nacional, que se multiplica a nivel mundial, se plantea como necesario impulsar el turismo sustentable en diversas regiones de la Argentina, en la inteligencia que será una herramienta para conservar la naturaleza, generar nuevas fuentes de riqueza y crear nuevas oportunidades de empleo.
Existen numerosas regiones en la Argentina con potencial turístico, porque cuentan con diversidad paisajística y cultural suficientes para encarar con solvencia un desarrollo en este sentido. Por supuesto que estamos hablando de una escala menor a la que pueden desarrollar Bariloche, Iguazú o Calafate, que podrían vivir exclusivamente del turismo, como España o Egipto en el Mediterráneo. En cambio, estamos planteando que el turismo tiene que ser un componente estructural del proceso de desarrollo, como son actualmente la agricultura, la ganadería, la lechería, la pesca, la industria metal-mecánica, o la actividad principal de cada región.
Argentina debería asumir plenamente que puede enriquecer su oferta de bienes y servicios mediante el desarrollo del turismo.
Se trata de la actividad económica de mayor generación de empleo directo e indirecto y de mayor dinámica de demanda de las otras actividades del aparato productivo. Como ocurre con la construcción, pero con algunas diferencias: genera empleo permanente, no eventual; se trata de empleos de mayor calificación laboral que los de la construcción (y por ende, de mejores salarios); y crea condiciones sociales de mejor calidad de vida (casi toda la infraestructura y los servicios públicos que usa el turista y la población permanente es la misma, y con el turismo tienden a mejorar; por ejemplo: los mejores hospitales de Misiones y Río Negro están en Iguazú y Bariloche, ciudades más pequeñas que las capitales Posadas y Viedma).
Este interés de la Fundación Hábitat y Desarrollo se encuadra en la misión que orienta todas sus actividades y programas: conservar la diversidad biológica y asegurar el uso sustentable de sus componentes, impulsando procesos de desarrollo económico y social.






