
El Viagra, una magra bisagra
LOS perros son sexualmente pudientes hasta un rato antes de estirar la pata. El león anciano podría atender su harén sin mengua si no fuera porque los envidiosos leones jóvenes le disputan la condición de macho dominante y acaban condenándolo al destierro. El gallo provecto pisa gallinas a mansalva casi hasta el momento en que manos anónimas le retuercen el pescuezo y sellan su destino de cubito para caldo. En La vida de las abejas, Maurice Maeterlinck cuenta que hasta los zánganos más veteranos vuelan desaforadamente en pos de la reina, tan viriles como los zánganos mozalbetes para consumar intenciones nupciales.
Sólo los varones de la especie humana se vuelven remisos e insolventes, a cierta edad, para acometer la aventura del apareamiento. Por regla general, ceden al tedio neurológico y consiguen de esa forma que la expresión clase pasiva adquiera una connotación todavía más patética que la asignada por el PAMI. Esta es la razón por la que el descubrimiento de la droga sildenafil y la posterior comercialización del Viagra, fármaco que la contiene, han levantado semejante polvareda, a escala ecuménica. La droga promete enderezar el rumbo de la fisiología masculina y está indicada para señores maduros en condiciones de probar la falacia de un desvalorizado axioma: por lo menos en la alcoba, no siempre puede el que quiere.
Sin embargo, la Argentina casi no contribuye al boom del Viagra: estadísticas de farmacia acaban de ratificar que la versión local del producto se vende muy por debajo de las expectativas. En tanto que uno de cada ocho norteamericanos cincuentones se suscribió a la píldora, aquí la consume uno de cada mil. Tan asombrosa evidencia permite formular las siguientes conjeturas:
- Este es un país de varones naturalmente rígidos, gracias a que su habitual dieta alimentaria está constituida por cereales ricos en almidón. O sea que no necesitan recurrir a un menjunje químico para almidonar su masculinidad.
- Este es un país de señores que cobijan tan celosamente sus prejuicios, que admitirían cualquier cosa antes que una flojera tan ignominiosa. Ya se sabe que uno de los centros neurálgicos de la autoestima argentina se ubica en zona pudenda.
- Este es un país mortificado por fieros azotes: desocupación a destajo, escuelas y hospitales en virtual desamparo, jueces sentados en el banquillo de la venalidad, políticos que privilegian sus piramidales ambiciones, una policía invertebrada y una delincuencia que crece a la par de la marginalidad social, un Godzilla autóctono llamado corrupción, tan energúmeno y sin embargo tan escurridizo... Ante semejante cuadro de disfunciones institucionales, parecería frívolo que alguien exigiera un comportamiento de excelencia a una entristecida y vetusta porción de su anatomía.
- Cada pastilla de 100 miligramos del Viagra local cuesta 13 pesos y ya se sabe que nadie compraría apenas una. Entonces, ¿cómo sorprenderse de que la escasa venta del específico ocurra en un país en el que la impotencia de la billetera suele ser más perturbadora y afligente que cualquier otra?
Frustraciones que acechan
Por si fuera poco, la inversión no es segura: el sildenafil actúa sobre una válvula muscular y no sobre el instinto, de manera que no tiene propiedades afrodisíacas y deja al consumidor a merced de su propia batería de estímulos eróticos. Oreste Berta establecería el siguiente paralelo: los circuitos de encendido no siempre funcionan correctamente, a veces por culpa de una bujía empastada, y entonces el motor no arranca. Así, el novedoso fármaco deja en línea de largada al 20 por ciento de los intrépidos Schumacher de dormitorio.
En su libro Oralidad, lujuria y pesadez de estómago, Sigmund Peribáñez cuenta la historia de un paciente, glotón empedernido, que asistió a la cena anual de un club de vegetarianos con intención de embuchar unos fetuccini alla putanesca. Le sirvieron zanahoria rallada, sazonada con aceite de soja, y la frustración le produjo un terrible complejo de conejo perplejo. Es posible que muchos varones argentinos, deprimidos por básicas necesidades insatisfechas y por el consecuente estrés, sufran sin saberlo esa alteración psíquica. El complejo del conejo perplejo, que dificulta el rodamiento de las poleas de la virilidad, podría incidir también en la escasa venta del Viagra local, para nada compensada por el incesante aluvión de chistes alusivos.
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