
El viaje de Mozart a Praga
Por Antonio M. Battro
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En su libro La mente disciplinada, lo que todos los estudiantes deberían comprender(Basic Books, New York, 1999) Howard Gardner agrega un apéndice con la partitura de un trío de las http://www.artswire.org/ Bodas de Fígaro de Mozart, donde analiza sus partes en detalle. Gardner propone un método para que los estudiantes "comprendan la manera cómo Mozart y su libretista Da Ponte lograron crear una obra poderosa y encantadora que capturaba los conflictos sociales de la época". Se me ocurre que El viaje de Mozart a Praga, una pequeña joya de la literatura alemana del siglo XIX, obra de Eduard Mörike, podría servir también de "disparador" de una "enseñanza para la comprensión".
Se trata de un relato que imagina una etapa del viaje de Mozart en compañía de su esposa Constanza a la ciudad de Praga donde el compositor habría de presentar su obra Don Giovanni. Se inicia con una escena muy cómica donde Mozart es detenido en el jardín de un castillo por haber sustraído una naranja. Resulta que aquel preciado naranjo era un regalo de la mismísima Madame de Sevigné a una abuela del conde, propietario del castillo, y había sido reservado para el compromiso de su sobrina Eugenia esa misma noche. Pero cuando la condesa se entera de la ridícula situación lo invita presurosa a compartir la alegría familiar, y allí van el músico y su esposa a gozar de su hospitalidad. En el almuerzo cuenta Mozart que esa fruta le había recordado una escena en Nápoles cuando de niño había asistido a una representación teatral a orillas del mar, donde dos grupos de jóvenes se lanzaban naranjas mientras intentaban unos defender, y otros seducir, a las doncellas embarcadas en un velero. En el instante de cortar la naranja Mozart reconstruye toda la escena y escribe rápidamente en una mesa del jardín la música del dúo de Mazetto y de Zerlina, que incorporará a su ópera en un coro alegre y enamorado. Se suceden una serie de episodios entrecruzados hasta que Mozart se pone a tocar al fortepiano la última escena de Don Giovanni , provocando la admiración de todos. Al día siguiente los invitados se van y Eugenia, dulcemente cierra el piano y retira la llave para conservar el "terror misterioso", como dice Mörike, de esa música sublime.
No sería difícil representar estas escenas de Mörike donde todos los alumnos podrían encontrar un papel en la danza, la música, los decorados y la narración. Seguiríamos así el sabio consejo de Gardner, comenzar con un punto de entrada (el tema de la naranja) seguir con analogías (las reminiscencias de Mozart en Nápoles) y terminar con múltiples representaciones convergentes del tema (música y texto). El maestro debe ser, en cierto sentido, también un director de orquesta.
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