
Elián: los derechos del niño
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El 25 de noviembre del año pasado, dos pescadores de delfines encontraron frente a las costas de Fort Lauderdale una cámara neumática a la que se aferraba un niño de casi seis años de edad y una pareja de adultos. Era todo lo que quedaba de una barca con trece pasajeros que había partido de Cuba en busca de la ansiada libertad que prometían las costas de Florida, Estados Unidsos.
El niño, llamado Elián, viajaba con su madre y su padrastro, quienes murieron en el naufragio. La madre, Elizabeth, antes de hundirse en el mar, ató a su pequeño hijo al neumático y de ese modo el niño pudo sobrevivir dos días y medio a la deriva, entre adultos que iban muriendo y tiburones que acechaban. Los pescadores que lo rescataron consideran que su salvación fue un verdadero milagro. Uno de ellos declaró su deseo de adoptarlo, en el caso de que nadie lo reclamase.
Pero Elián fue reclamado desde distintas partes. Su padre, Juan, que tras separarse de Elizabeth se casó con otra mujer y tuvo otros niños en Cuba, inmediatamente reclamó a su hijo, con el amplio apoyo del gobierno cubano. El Servicio de Inmigraciones y Naturalización estadounidense (SIN) consideró que, habiendo fallecido la madre, el niño debía ser devuelto al padre. Pero un tío abuelo -y toda la comunidad de exiliados cubanos de Miami y alrededores- pidió la tenencia provisional de Elián, cuestionando la decisión del SIN.
Se produjeron masivas movilizaciones en Cuba y en los Estados Unidos en apoyo de una y otra postura. En la isla, miles de madres se concentraron para proclamar que Elián era hijo de todas las madres de Cuba. En los Estados Unidos, una multitud de cubanos opositores al régimen de Fidel Castro amenazó con paralizar la ciudad de Miami en defensa de la permanencia del niño en suelo norteamericano.
El infortunado Elián se convirtió, así, en un caso político, que presenta por lo menos tres dimensiones.
Un primer conflicto es el que se planteó entre castristas y anticastristas. El episodio fue utilizado en parte para levantar los ánimos de la alicaída revolución cubana, con slogans como éste: "Viva Cuba, yanquis a casa, Elián es nuestro". También fue usado como pretexto para reclamar la derogación de la ley norteamericana según la cual los refugiados políticos cubanos que pisan el territorio de los Estados Unidos pueden solicitar la ciudadanía de ese país, beneficio del que no gozan otros refugiados.
A su vez, los exiliados cubanos, de primera y segunda generación americana, hicieron de Elián una bandera de su lucha por la libertad. Muchos de ellos llegaron a Florida hace años, en condiciones similares, con riesgo de la propia vida. Se comprende su apasionamiento por la situación de este hijo de una madre que dio su vida para que el niño alcanzara la libertad en la tierra prometida.
Un segundo frente de lucha es de política interna norteamericana. La actitud de la SIN responde a una decisión de la administración demócrata, según la cual se deben respetar las leyes migratorias, y devolver el niño a su padre. Como era de esperar, la oposición republicana enarboló la bandera de la libertad, criticando la decisión de la SIN y afirmando que el niño tiene derecho al asilo político y a que el sacrificio de su madre no haya sido en vano. Los votantes de origen hispano tendrán influencia decisiva en la próxima elección en el Estado de Florida. Las encuestas señalan que el 86% de los miembros de esa comunidad quieren que Elián se quede en Miami, en tanto que el 79 % de los ciudadanos de color y el 70% de los blancos no hispanos piden que sea devuelto a su padre.
Los tiempos de la confrontación se han tornado apremiantes. La SIN resolvió que el niño debía ser devuelto a su padre el 14 de enero, el legislador Burton logró que el congreso lo citara para el próximo 10 de febrero y, recientemente, una jueza de familia apellidada Rodríguez se declaró competente en el caso, le dio la tenencia provisional al tío abuelo y fijó audiencia para el 16 de marzo. Burton propone que el congreso le otorgue la ciudadanía norteamericana. La Casa Blanca opina que es un caso judicial y el vicepresidente Al Gore considera relevante que la madre del niño haya dado su vida por la libertad de este.
Finalmente, desde la óptica del derecho de familia, si bien en el orden jurídico comunista la patria potestad no existe a la manera como la concebimos nosotros, ya que los niños a partir de determinada edad pertenecen al Estado, no hay duda de que al morir la madre los derechos del padre se han tornado indiscutibles, máxime cuando las dos abuelas viven en Cuba, y el menor tiene hermanos hijos del segundo matrimonio de su progenitor.
Sin embargo, no se debe descartar la posibilidad de que que la jueza considere que es mejor para el niño vivir en Miami en libertad, junto a su tío abuelo, que en Cuba, donde existe un régimen antidemocrático y que ante la manifiesta voluntad de la madre de huir de la isla, el tío abuelo tiene suficiente título y representatividad para pedir asilo al gobierno norteamericano en nombre del menor. Para sostener ese punto de vista podría argumentar, acaso, las posibilidades que para la vida futura de Elián brinda el país del norte, al que muchos cubanos desean acceder. En todo caso, ha citado ya al padre, quien se niega a comparecer ante el tribunal estadounidense.
Es indudable, de todos modos, que ante el lazo de sangre y el vínculo psicológico con su padre -que signará al niño para toda su vida como elemento decisivo para la estructura de su personalidad-, los demás argumentos pierden fuerza. El lazo sanguíneo es de carácter permanente; el argumento político, aunque el régimen castrista lleve cuarenta años ya, no deja de apelar a una circunstancia transitoria. Lo que parece claro es que Elián no se merece lo que le ha ocurrido y tiene derecho a una pronta resolución judicial, desprendida de la política nacional o internacional, que decida su futuro familiar. Es su derecho y el de todo niño.






